Por: Antonieta de la Fuente Fotos: Verónica Ortíz Ocurrió justo hace un año. Por primera vez, los científicos chilenos, en masa, dejaron sus laboratorios, ratones y tubos de ensayo y se lanzaron a un experimento desconocido: levantar la voz para reivindicar su rol y exigir mayores ingresos del presupuesto nacional para sus investigaciones. La arremetida […]

  • 13 octubre, 2016

Por: Antonieta de la Fuente
Fotos: Verónica Ortíz

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Ocurrió justo hace un año. Por primera vez, los científicos chilenos, en masa, dejaron sus laboratorios, ratones y tubos de ensayo y se lanzaron a un experimento desconocido: levantar la voz para reivindicar su rol y exigir mayores ingresos del presupuesto nacional para sus investigaciones.

La arremetida tuvo eco. Como nunca, postdoctorados salieron en portadas de diarios y revistas, expertos moleculares fueron a programas de televisión y neurocientíficos se tomaron los locutorios de las radios. También, las revistas más prestigiosas a nivel internacional en estas materias, Nature y Science, cubrieron el conflicto.
Los científicos, sin querer, se transformaron en personajes públicos codiciados por los medios. Y pocos quedaron indiferentes a su llamado: que Chile se ubique a la vanguardia de la ciencia y avance hacia una sociedad del conocimiento.

En el Congreso, la rebelión de los delantales blancos estuvo a punto de lograr su objetivo de aumentar el microscópico 0,38% del PIB destinado a ciencia a una cifra mayor. Pero, tras discusiones de ida y vuelta entre el Senado y la Cámara de Diputados, todo quedó en nada.

“Vino un período pesimista después del boom mediático en la comunidad científica, porque en el fondo, no logramos nada”, cuenta Andrés Couve, director del Instituto Milenio de Neurociencia Biomédica, BNI, de la Universidad de Chile, y uno de los protagonistas del levantamiento de la ciencia de 2015.

Sin embargo, hoy, mirando en retrospectiva, tiene una sensación diferente.

-¿Cuál es tu evaluación a un año de esta ofensiva?

-La ofensiva fue súper grande. Yo, por lo menos, no había visto algo similar. Fue muy cubierta a nivel local. Pero a pesar de todo el revuelo, finalmente en la discusión presupuestaria no pasó nada. Pero donde sí pasó, es que hubo una especie de momentum, de fuerza que se generó respecto de la idea de un nuevo Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación. Mucha gente pensaba, y piensa, que sin un ministerio que ordenara el panorama científico iba a ser difícil inyectarle nuevos fondos.

-Hoy, que se discute el Presupuesto 2017, ¿hay esperanzas de mayores recursos para la ciencia?

-Yo creo que vamos a ver incrementos bien pobres en el presupuesto de ciencia. Creo que vamos a tener dos años consecutivos en que, a pesar de la presión y del consenso, no vamos a ver una inversión sustantiva.

-¿Puede el Ministerio de Ciencia y Tecnología cambiar esa realidad?

-Hasta el momento, tampoco ha pasado nada con el ministerio. Se ha anunciado un par de veces. Pero sabemos que el presidente de Conicyt, Mario Hamuy, está trabajando, que todavía quedan algunas instancias gubernamentales y que el proyecto que crea este ministerio va a entrar este año. En ese sentido es un logro, pero después tenemos que desglosarlo para ver qué tanto va a aportar. Tiene que ser una institucionalidad que tenga visión de largo plazo, una estrategia a 20 o 30 años. Pero está todo en veremos. No hay ninguna señal de que vaya a haber un aumento presupuestario de parte del Estado.

-¿Iniciarán una nueva ofensiva para empujar por más recursos?

-Sí, queremos seguir, pero de otra manera. El año pasado no logramos más recursos, pero sí obtuvimos otras cosas un poco más blandas: establecimos relación con un montón de gente. Y la comunidad científica un poco como que se conectó. Es importante salir de los laboratorios y es algo que no está dentro de la cultura científica. Y con lo del año pasado, un grupo no tan pequeño de científicos se conectó. Y se conectó a nivel político, con los medios, con el mundo privado, con el mundo de la cultura. Desde este año soy director de Puerto de Ideas, por ejemplo. Esas redes que son una inversión de largo plazo y que son necesarias para que la inversión que se haga en ciencia, sea de toda la sociedad. Esto tiene que ser visto como un beneficio de toda la sociedad, un aporte al bienestar social de Chile.

-¿No existe esa visión hoy?

-Esa visión no la va a poder poner sobre la mesa la comunidad científica. En estos meses, me ha tocado ser vocero, vincularme con los medios, con educación, etc. Y no soy el único. Los científicos estamos saliendo a todas partes, porque lo clave es que esto tiene que dejar de ser un problema de la comunidad científica, debe ser un problema nacional. Eso implica que el debate tiene que hacerse más complejo, escuchar distintas opiniones, pero finalmente, como país debemos estar convencidos de que ésta es la ruta. No sacamos nada con que sólo nosotros estemos convencidos, porque lo hemos estado desde hace 30 años, y lo que hemos logrado ha sido poco. Estamos en la posición de lograr mucho más.

-¿Tienen algo nuevo en mente?

-Hay que transmitir un entusiasmo, eso es súper relevante para que esto prenda. Necesitamos embajadores, y no sólo los medios y empresarios, que tienen rangos de acción relativamente limitados. Pero por qué no pensamos en embajadores populares, por qué no conseguimos un embajador que sea un deportista, por ejemplo. Una estrella. Un Alexis Sánchez que diga “la ciencia la lleva”. Me encantaría hacer eso.

-El año pasado, Pablo Valenzuela dijo a Capital que había que multiplicar por diez el 0,38% que hoy se invierte en Ciencia y Tecnología en Chile. ¿Estás de acuerdo?

-Mira, no diez veces. Yo creo que si llegamos al 1% podemos hacer un cambio significativo. Pero ese aumento tiene que incorporar una visión de largo plazo, una adecuada distribución, una adecuada conversación con las universidades, que es donde se hace la mayoría de la investigación. Entonces no es tan simple, no es sólo meterle más plata al sistema. Porque si metes más plata al sistema hoy, vas a financiar a los mismos que estamos. Siempre es bueno pedir más plata, pero la prioridad es que aumentemos el número de gente que está haciendo esto en Chile. Y ahí sí que tiene que multiplicarse por diez veces. Es un orden de magnitud, creo que tenemos menos de un investigador por cada diez habitantes, hay que pasar a tener siete.

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-¿Cómo competir con las otras urgencias que existen en términos de recursos en el país?

-Como país en vías de desarrollo, siempre vamos a tener urgencias. La comunidad científica entiende perfectamente el problema que hay con la educación que es prioritario, para qué decir hoy con el Sename. Nadie tiene dudas de que aquí hay problemas de un país que todavía no es tan desarrollado como piensa. Pero creo que no se puede ser exclusivo, no se puede decir “esto se hace ahora y vamos a postergar lo otro porque no es relevante”. Eso hoy no es aceptable. Cuando empezamos a hablar de estas cosas en los medios, decíamos que probablemente teníamos que pensar en alternativas al cobre, pero en la comunidad político-empresarial no les hacía ningún sentido, porque se supone que teníamos tantas décadas de cobre por delante. Y resulta que el panorama cambió, y en un año el cobre terminó por el suelo. Si no nos ponemos verdaderamente creativos y tenemos una economía que verdaderamente les agregue valor a nuestros productos, vamos a estar permanentemente en un problema. Hay que ampliar la economía sobre la base del conocimiento. Pero para eso necesitamos inversión y reconocer de una vez por todas que el principal recurso que tenemos es la gente, no es el cobre.

Filantropía científica

Es miércoles en la tarde y en el subterráneo del pabellón G de la Facultad de Medicina de la Universidad de Chile, donde se ubica el BNI, no hay rastro de los casi 30 grados que hacen afuera. Hay un poco de nerviosismo. Los miembros del pequeño team del centro se miran expectantes y se desean suerte. En un rato, más de cincuenta empresarios, filántropos y líderes de opinión llegarán hasta sus instalaciones para participar de la III Expedición Urbana, organizada por la Fundación RAD (Red de Alta Dirección), una serie de encuentros que buscan acercar el quehacer de la ciencia a otros mundos. Para Andrés Couve, se trata de una oportunidad única de mostrar su trabajo y continuar con su plan de evangelización científica. Además, es una buena ocasión para crear conciencia de la necesidad de inversión privada para el desarrollo de la ciencia en Chile y reclutar nuevos “embajadores” a la causa.

“Obviamente que tiene que haber una participación del sector privado en esto. Esa participación no la vamos a lograr si no tenemos buenas redes de confianza. Hoy en Chile hay incentivos tributarios, y de alguna manera está emergiendo una vinculación con la empresa para resolver problemas. Ahí hay una conexión que tiene que ver con el desarrollo de aplicaciones que puede ser interesante para alguien que ande buscando diversificación de sus inversiones. Pero otra cosa que estamos impulsando con la RAD es empezar a hablar y fomentar la filantropía científica”, dice Couve.

-¿Existe ese tipo de filantropía en Chile?

-Prácticamente, hoy no existe. En Chile, la filantropía en general se hace de manera anónima y principalmente en temas de caridad. Y está bien. Pero creo que hoy tenemos los dineros y el conocimiento suficientes como sociedad, además de ejemplos internacionales, para que fondos canalizados para investigación puedan tener un impacto en salud, en tecnología, en educación.

-¿Han faltado más puentes con el sector privado?

-Han faltado más puentes, confianza y que también la comunidad científica clarifique cuál es el potencial impacto de lo que hacemos, la potencial retribución que hay acá. Porque estamos conscientes de que esto tiene que ser porque hay beneficios mutuos. Espero que flujos de capital privado que se destinaban a la política, puedan hoy destinarse a la ciencia.

-¿Cómo lograrlo?

-Los expertos en levantamiento de fondos dicen que debe transitarse hacia una filantropía asociada a nombres de centros, de cátedras, a becas, de modo de contribuir significativamente a la parte científica, y que también haya una retribución para esos grupos que están produciendo conocimiento, lo que es muy valioso.

-¿Por qué la neurociencia es atractiva hoy?

-Por varias razones. Porque, a pesar de que no es la disciplina de mayor volumen hoy en Chile, está muy bien posicionada y conectada internacionalmente. Y, finalmente, trata de problemas que les interesan a todas las personas: el estudio del cerebro y también de sus enfermedades, como el Parkinson o el Alzheimer. Todos queremos entender mejor cómo funcionamos y por qué a veces hay fallas y por qué tenemos cercanos que tienen problemas mentales que en Chile requieren de mucho costo. Y ésa es sólo la parte clínica, pero también está la de las emociones, la memoria, la toma de decisiones, la voluntad.

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-¿Qué otras aplicaciones tiene la neurociencia, más allá de la salud?

-Por ejemplo, si queremos enseñar, tenemos que saber cómo aprendemos. Es súper relevante entender cómo tú aprendes, en qué situaciones aprendes mejor que en otras. Y ésos son puros estudios científicos de ciencias naturales y sociales que no se aplican aquí en educación.

¿Qué pasa cuando tienes que educar a alguien con capacidades especiales, o a alguien que tiene un déficit? ¿Cómo enseñamos hoy en una ciudad estresada? ¿Cómo le enseñamos a una población mayor? ¿Por qué aprendemos más cuando somos niños y por qué se rigidiza el aprendizaje en los adultos mayores? La neurociencia entrega esas respuestas. También está todo lo relacionado con tecnología y cómo ésta nos permite mejorar nuestra capacidad de interactuar con el mundo. La neurociencia posibilita una exploración súper creativa, guiada por la curiosidad. Y creo que nunca podemos perder de vista que entender cómo funcionamos simplemente para entender cómo lo hacemos, va a ser la base de futuras aplicaciones que ni siquiera nos podemos imaginar. Hay que fortalecerla si en el futuro queremos lograr en Chile aplicaciones que cambien la manera como vivimos, sino vamos a estar siempre en la cosa más bien pequeña.

Estrella naciente

Todos los años, la revista Nature, considerada una de las más prestigiosas por la comunidad científica, publica un especial sobre Índices. Su última edición, titulada Rising Stars (estrellas nacientes), que muestra un cielo estrellado junto a enormes telescopios, está dedicada justamente a Chile. Y entre las disciplinas destacadas, aparece no sólo la astronomía, a la que se han destinado enormes fondos internacionales, sino que también pone en un lugar relevante a las ciencias de la vida, dentro de las que se ubica la neurociencia.

Para Couve, se trata de un punto de inflexión, una oportunidad que no podemos dejar pasar. “Chile aparece destacado entre los países que integran este nuevo grupo que está contribuyendo a la investigación científica a nivel mundial. Es una súper buena señal de que hay ojos mirando a Chile de una manera muy optimista. Y creo que también ahí hay una responsabilidad”, dice.

-¿Existe conciencia en el mundo público y privado de esta “responsabilidad”?

-Estamos pensando bien pequeño en Chile y estamos yéndonos a la segura en dónde se invierte.

El otro día quedé sorprendido con la cantidad de miles de metros cuadrados que se están construyendo en malls. Y aparece la noticia como un logro de la economía del que tendríamos que estar orgullosos. ¿Dónde está esa misma motivación por construir centros que generen conocimientos o donde ese conocimiento se transfiera a la ciudadanía? Estamos con una visión súper economicista, súper cortoplacista y nos estamos quedando atrás en la inversión que queremos hacer para cambiar mundos. Y eso lo encuentro súper triste.

-¿Hay países que estén marcando la diferencia en este terreno?

-Me impresiona mucho, por ejemplo, un centro científico que se construyó en Portugal, que tiene esta tradición histórica del descubrimiento a través de la navegación. Hoy, de la mano de la inversión privada, ellos están tratando de construir un nuevo momento de definición histórica, un nuevo momento de descubrimiento que no es geográfico, sino del conocimiento en general.  Y eso da cuenta de una misión épica de la misión de una sociedad. A Chile le falta eso. Estamos en un país donde hay cero imaginación. Imaginemos que podemos crear un momento histórico en el que Chile se vuelva hacia su gente y les da la confianza para que creen. Ahí veo una luz de optimismo. •••

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Las dudas de la gratuidad

Couve encuentra grave que dentro de la reforma a la educación, la ciencia ni siquiera se mencione: “¿Vamos a tener una reforma de educación y no consideramos cómo formamos a toda una comunidad científica en postgrados y cómo eso contribuye a educar estudiantes de pregrado, a nivel escolar. Pucha… Encuentro que ahí hay un vacío”, dice.

Y sigue: “¿Qué pasa con las platas si la gratuidad hoy monopoliza los recursos en las universidades? ¿Cómo se financia la investigación? ¿Qué vamos a hacer con la investigación científica en las universidades si van a tener que ellas mismas cubrir la gratuidad? Porque, de alguna manera, la investigación funciona gracias a que los investigadores hacemos clases, pero qué va a pasar si ahora los fondos van a la gratuidad”, señala.

-¿Es la gratuidad, como está planteada hoy, una amenaza a la ciencia?

-No sé si una amenaza, pero no se ha pensado cómo se va a mantener una excelencia en investigación si no hay recursos frescos para las universidades. Entonces, el tema investigación y la relación con las universidades es algo al que le hemos hecho el quite de manera olímpica. Es un problema que resolver, no está claro el modelo.