Un rojo. Menos de un cuatro para el gobierno y para la Concertación. Así de mal califica el presidente del PS, diputado y ex ministro del trabajo, Osvaldo Andrade, a los protagonistas del año político que por estos días apaga velas. Su diagnóstico para La Moneda es que el presidente acapara todo, que actúa como empresario, que no escucha a la oposición y que hay una ausencia total de política. Y a su propio bloque le critica que no ha sabido ser oposición y que perdió la sintonía con la gente. Y ahí está él, alentando a la otrora mayoría para retejer las redes. Por María José O’shea; Fotos, Verónica Ortiz.

  • 8 marzo, 2011

 

Un rojo. Menos de un cuatro para el gobierno y para la Concertación. Así de mal califica el presidente del PS, diputado y ex ministro del trabajo, Osvaldo Andrade, a los protagonistas del año político que por estos días apaga velas. Su diagnóstico para La Moneda es que el presidente acapara todo, que actúa como empresario, que no escucha a la oposición y que hay una ausencia total de política. Y a su propio bloque le critica que no ha sabido ser oposición y que perdió la sintonía con la gente. Y ahí está él, alentando a la otrora mayoría para retejer las redes. Por María José O’shea; Fotos, Verónica Ortiz.

 

-Supe que tomó solo una semana de vacaciones. ¿Dónde estuvo?

-La vida privada es privada.

-¿Fue con su familia, sus hijos o nietos?

-La vida privada es privada.

-¿Qué edad tiene usted?

-57.

Así, de entrada, queda claro que Osvaldo Andrade es un tipo serio. Hasta duro, se podría añadir. No es de los políticos que embolinan la perdiz ni que asumen papeles actorales dependiendo de la ocasión. Tampoco es que sea pesado. Al contrario, se ríe bastante y entretiene conversar con él. Pero es de los que van de frente. Directo. Claro. Quizás por esa cualidad también es que se ha convertido en el articulador de la oposición. En los pasillos de la Concertación se escucha que aunque la vocería del bloque se vaya alternando entre Carolina Tohá (PPD), Ignacio Walker (DC), José Antonio Gómez (PRSD) y él, definitivamente es Andrade el que ronca. A un año de haber asumido el gobierno de Piñera –y de comenzar, él, a estar en la vereda contraria del poder– el presidente de los socialistas está muy crítico. Contra el gobierno de Piñera, por lo pronto. Pero también contra su propio bloque. “No hemos pasado de ser oposición a hacer oposición”, dice. “Hemos estado menos que reguleque”.

-El gobierno está de cumpleaños. ¿Qué nota le pone?

-Una nota deficiente, menos de un cuatro. En esta calificación hay que considerar la promesa, los acontecimientos y las conclusiones. La promesa era una nueva forma de gobernar, con la eficiencia como sello. Hay que asumir que el gobierno tuvo un proceso lento de instalación, que estuvo permeado por acontecimientos ajenos a la normalidad, pero precisamente por esos aconteceres el juicio puede ser más severo: el gobierno ha tenido todo a su disposición para hacer bien las cosas. La conclusión es que este primer año sólo ha sido para instalarse. Y no es razonable que se demore tanto.

-¿Tenía más expectativas?

-Sí, de la capacidad de producir cosas. Tenía también fundados temores de que finalmente resultara una frustración. Primero, porque el estilo gerencial no es simplemente transmisible al sector público. Y segundo, porque la falta de experiencia se ha notado mucho. Este gobierno tiene una gran falencia: es un gobierno impolítico. No está la política en su matriz, en su forma de resolver las cosas. No entiende que hay que dialogar, conquistar mayorías, tener la capacidad de seducir y también de ser seducido. Hay que hacer participar actores. No es mala fe, es un problema de origen: el empresario está acostumbrado a mandar, a manejar sus recursos y a rendir el resultado final sin importar el método ni el proceso.

-¿Es el gobierno de los empresarios, como se temía en la campaña?

-Yo creo que sí. Tampoco encuentro desdoroso que así sea, pero creo que la matriz empresarial está totalmente instalada. Por ejemplo, el presidente tiene el compromiso de terminar los multiRut y no ha podido generar una propuesta; simplemente, porque los empresarios se han negado.

-¿Piñera sigue siendo más empresario que político?

-De eso no tengo ninguna duda. Y no es casual que se haya notado ahora, con la idea de posnatal, la incorporación de ministros con más experiencia, como Andrés Allamand y Evelyn Matthei. El gobierno ha tenido un acierto en ese sentido. Pero un acierto sólo desde la política, no desde la producción. Todavía nos tienen discutiendo un papel en blanco. El problema es que en este gabinete el ministro del Interior se llama Sebastián Piñera; el de Hacienda se llama Sebastián Piñera; el vocero se llama Sebastián Piñera… Los demás son colaboradores del ministro Piñera.

-¿Eso explica, entonces, que el gobierno tenga la misma desaprobación que el presidente? Con Bachelet, eso no ocurría…

-Esa es la mejor demostración. Hoy, la misma mitad del país que rechaza al presidente rechaza al gobierno. Porque él es todo.

-Supuestamente, el ministro Hinzpeter es quien debe llevar la conducción política. ¿Cree que Piñera no lo ha “empoderado” lo suficiente?

-Es que le estamos pidiendo un imposible. No está en su carácter empoderar a otros. El sabe de todo y, aparentemente, más que todos. Y una persona que tiene ese nivel de convicción piensa “por qué voy a empoderar a otro si yo lo puedo hacer mejor”. Creo que esa es su imagen siempre. ¡Mire lo que nos costó que entendiera lo de los conflictos de interés! Todo el mundo se lo decía: gobierno y oposición.

-En la revista Capital dijo que si pudiera retroceder en el tiempo habría hecho las cosas en forma distinta…

-De las buenas intenciones está plagado el infierno… Ojalá. No sé. Nunca lo vamos a saber. El punto es que este gobierno representa a una derecha populista, pero en la cual la raíz empresarial es la impronta. Y a ese sello empresarial la política le repugna, la asume como un costo. El presidente no admite que otros pueden tener razón también. Esto no se resuelve teniendo a un ministro del Interior portaliano, sino entendiendo que hay oposición y que ésta es legítima. Y el presidente no lo quiere entender. Es muy sui generis.

-¿Ha estado con él en reuniones más privadas?

-Sí. Y siempre me quedo con la impresión de que ahí no hay equipo, sino subalternos. Para el gobierno ojalá no existiera el Parlamento, no existiera la oposición…. Somos una molestia para ellos. Estaría feliz gobernando a través de decretos.

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La autocrítica: “No hemos logrado hacer oposición”

-También se cumple el primer año de la Concertación como bloque opositor. ¿Qué nota se pone?

-También deficiente. Pero la oposición logró algunas cosas el año pasado: primero, evitó la dispersión que era muy posible que ocurriera tras el pencazo demoledor en la primera vuelta presidencial; lo segundo, logramos que la discusión entre nosotros respecto de las causas del fracaso, el balance, se hiciera con tranquilidad; y lo tercero, es que los cuatro partidos renovamos las directivas en procesos que no fueron traumáticos. Ahora, ¿qué es lo que no hemos logrado? Pasar de ser oposición a hacer oposición. Que lo seamos es un hecho de la causa, pero tenemos que hacernos cargo de ello. En eso hemos estado menos que reguleque.

-Se ve una sensación de fatiga en la Concertación, de sentarse a llorar alrededor de una mesa.

-Por eso tenemos que asumir esta condición de oposición. Y no hacer tonteras, sino ser una buena oposición. Tener ideas, enfrentar los proyectos, aprobar las cosas que sean buenas y hacer una buena fiscalización y control. También tenemos que reconocer que la Concertación es insuficiente para ser oposición. Y eso no es fácil. Significa que hay que fortalecerse: entenderse con los demás actores políticos para hacer oposición. Y hay que asumir otro déficit que para mí es el más grave: que nos distanciamos de la sociedad.

-Cuando dice que hay que establecer alianzas para ampliar la oposición, ¿cabe Marco Enríquez-Ominami?

-No tengo ni veto ni exclusión. Es evidente que cualquier relación con otro partido requiere aunar voluntades y ahí veremos hasta dónde se puede llegar. Pero no se puede partir excluyendo sin siquiera conversar.

-Uno de los problemas de su bloque es la ausencia de presidenciables. ¿Es de los jugados porque vuelva Bachelet, o apuesta por que surgirán nuevas figuras?

-Si hubiese una elección hoy, Bachelet sería presidenta. Sin lugar a dudas el liderazgo concertacionista está consolidado en ella. Ahora, es sano que surjan nuevas cartas, pero mi reclamo es que pareciera que algunos –especialmente entre los más jóvenes– esperan que los liderazgos se decreten. Que un grupo diga: “se ha dictado la siguiente resolución” y le toque el hombro con una espada a los elegidos. La política no es así.

-¿Se refiere a Claudio Orrego, por ejemplo?

-No estoy hablando de nadie en particular, sino de cualquiera que tenga pretensión. Que por lo demás me parece súper legítimo tenerla…

-Pero hay que ganárselo.

-Usted lo ha dicho. Esto no es de dinastías, ni de oligarquías. Entonces, respondiendo su pregunta tengo tres hipótesis. Primero, si las cosas siguen tal cual, Bachelet es la próxima presidenta de todas maneras. Segundo, es muy sano que surjan nuevos liderazgos porque le hacen bien a la política Y tercero, este gobierno no va a terminar bien y en consecuencia, va a ser fácil derrotarlo.

-¿Y cree que su amiga Michelle está disponible para volver?

-No tengo ninguna duda de que si así se requiere lo va a hacer.

El PS, Camilo y yo
-¿Cómo se siente usted entre los cuatro presidentes de partidos del bloque? Se dice que es “el jefe”.

-¿Dónde se oye eso? Yo me siento desafiado en la Concertación. Porque creo que tiene que refundarse y eso tiene que hacerse tras un proceso. Yo quiero ser parte muy activa de ese proceso. Cuando asumí la presidencia del PS, uno de mis compromisos es que el partido sea el articulador de la oposición. No porque seamos los más grandes, sino por una razón casi histórica: tenemos esa experiencia.

-¿Se sacó de encima la sombra de ser el continuador de Escalona?

-Nunca me sentí así. Yo tengo un gran respecto y afecto por Camilo. Llevamos décadas en la política, desde la clandestinidad. Pero somos distintos. Las circunstancias además han sido muy distintas. Cuando se estaba en el gobierno y había dificultades en la coalición, muchas veces se ordenaban desde La Moneda. Cuando no se está, hay que tener la capacidad de resolver los propios problemas. Y eso exige a los líderes una enorme capacidad de diálogo. Y reconozco tener talento para eso. Los socialistas podemos ser los articuladores porque tenemos densidad.

 

Posnatal: “Es un trampa política bien elaborada”
-El presidente ha dicho que este año va a ser de las grandes reformas. ¿Cuál es la disposición de la oposición para aprobarlas?

-Tenemos la mejor disposición, pero hay dos consideraciones que hacer. La primera es que conozcamos toda la iniciativa, porque no queremos encontrarnos con sorpresas. Y en segundo lugar, que seamos escuchados para mejorar los proyectos. En el proyecto del posnatal, por ejemplo, queremos ver qué sale, porque el presidente prometió postnatal de seis meses…

-Pero para el 83% de las mujeres, sí será obligatorio el ponatal de seis meses.

-¿Y si yo le digo que le voy a pagar 100 y después le pago 80? Ahora, puede que haya una buena explicación y estamos dispuestos a escucharla. Si dice, “mire, me equivoqué porque pienso que es mejor esta otra fórmula”, es algo legítimo que puede pasar…

-Sí, pero el costo político de echarse para atrás es demasiado alto…

-¿Y no cree que es más alto tratar de hacernos los lesos? A mi me parece que la idea de prolongar el posnatal es magnífica y ha sido una aspiración de todos los gobiernos. Pero esta idea se puede mejorar o desmejorar. Si la idea es proteger la maternidad, hay que tratar que la mayoría de las mujeres trabajadoras tengan derecho a pre y post natal. Hoy hay un amplio espectro de mujeres que incluso cotizan, pero no tienen ese derecho. Y en segundo lugar, si lo mejor para los hijos es que la madre esté seis meses con ellos, no hay razón para que sea obligatorio para algunas y para otras, no.

-Pero si la idea es fomentar también la competitividad y el empleo femenino, ¿también le parece adecuado?

-La ministra del Trabajo dijo que esto no afecta la empleabilidad de la mujer.

-Pero después dijo que “quién va a contratar a una gerente a sabiendas de que se va a desaparecer 7 meses y medio”.

-Probablemente le va a afectar a la gerente, con el mayor respeto que me merecen. Pero yo estoy más preocupado de las miles de mujeres trabajadores que hoy ni siquiera tienen posnatal.

-Usted criticó el desorden que se armó en el gabinete a raíz del posnatal, pero también dijo que en el gobierno de Bachelet no se propuso este cambio porque nunca se pudo llegar a acuerdo. ¿No le parecen escenarios parecidos?

-Sí, con una diferencia. En el gobierno de la presidenta Bachelet hubo discusiones y no se zanjó porque vino la crisis internacional. Algunos pensamos que Chile estaba en condiciones de sortear la crisis y estas materias se podían discutir. Pero otros pensaban que no era el momento y se impuso la tesis del conservadurismo. Uno podrá estar de acuerdo o no, pero existe una explicación. En este gobierno es distinto, porque el presidente hizo una promesa y dijo “seis meses”. Lo insólito es que después de la promesa se produce la discusión de los ministros.

-¿Cree que hubo una razón política del gobierno para instalar este tema ahora?

-Absolutamente. Se había producido una legítima controversia respecto de la gestión del terremoto. Y el gobierno estaba saliendo mal parado. A eso se suman el episodio de la intendenta y que ahora vamos a tener un segundo invierno en “cabañas”, porque ya no se llaman mediaguas, y en “aldeas”, porque ya no les dicen campamentos. Me dio risa cuando inauguraron una cancha de fútbol de tierra y hablaban de “coliseo”. Y en Dichato juntaron unos containers y les pusieron un techo. ¿Sabe cómo le llaman? -No. -Mall. Para que vea que es creativo el gobierno. El punto es que el gobierno esperó pasar los días de conmemoración del terremoto y puso este pastelito arriba de la mesa. Y nos tiene a todos alrededor discutiendo sobre algo que nadie conoce. Es una trampa política bien elaborada.