Por: María Teresa Herreros La muestra, que viene desde el Musée Picasso de París bajo el título “Año erótico”, pone en escena más de 100 pinturas, esculturas y dibujos entre los que acertadamente intercala fotos familiares y desconocidas imágenes de su vida. Todo ello correspondiente al año 1932. ¿Por qué solamente este período? Porque fue […]

  • 3 agosto, 2018

Por: María Teresa Herreros

La muestra, que viene desde el Musée Picasso de París bajo el título “Año erótico”, pone en escena más de 100 pinturas, esculturas y dibujos entre los que acertadamente intercala fotos familiares y desconocidas imágenes de su vida. Todo ello correspondiente al año 1932. ¿Por qué solamente este período? Porque fue un año tan fundamental en su vida y obra que ha sido llamado su “año de maravillas”; prolífico e incansable, barriendo con los mitos comunes para revelar al hombre y al artista en toda su complejidad y riqueza. Sus obras de ese período alcanzaron un nuevo nivel de sensualidad y color que consolidaron su prestigio como uno de los artistas más influyentes del siglo XX.

¿Cuál es la razón de ese dinamismo? Porque Picasso, de 50 años, viviendo con su esposa, la bailarina rusa Olga Khokhlova, y su hijo Paulo (a quien reconocemos en su tan famoso retrato vestido de arlequín), tenía una apasionada relación con la joven Marie-Thérèse Walter, de 22 años.

El artista manifestó “el trabajo que uno hace es una manera de mantener un diario de vida”. Y es precisamente lo que se logra en esta exposición, que sigue paso a paso su arte en 10 grandes salas donde se ubican las obras mes a mes. En febrero su obra La Coiffure se vendió en París en la cifra récord de 56.000 francos. En marzo realizó, en su castillo de Boisgeloup, las famosas y hermosas esculturas de bustos de Marie-Thérèse con su inconfundible perfil. Luego, en junio, se abrió la retrospectiva de su obra en las Galerías Georges Petit, de París, cuando esas muestras de artistas vivos eran inusuales, y así la fama continúa. En octubre se inauguró una exposición individual en Suiza; Picasso no asiste.

María Teresa es presencia central en la exposición, de principio a fin, en retratos siempre anónimos. Con sus ojos ovalados, su clásica nariz, su radiante cabello rubio; reclinada, durmiendo, relajada, soñando. La joven amante no frecuentaba el estudio de Picasso. Él no acostumbraba a pintar con la modelo presente, pero la retrataba una y otra vez, fruto de su extraordinaria pasión y deseo. Ella diría después: “Mi vida con él siempre fue secreta, calma y quieta; no nos decíamos nada y éramos felices así. Era suficiente para nosotros (…) Yo estaba inmersa en amor, besos, celos y admiración. Feliz, no puedo describirlo de otra forma”.

Para ilustrar y promocionar esta importante exposición se eligió el retrato El Sueño (sala 2). Una pintura impactante donde vemos a Marie-Thérèse dormida sobre un sillón rojo, con la cabeza apoyada sobre un hombro, con el pecho izquierdo expuesto de la manera clásica. Sus manos se posan sugerentemente sobre su regazo, su rostro ha tomado forma de corazón, cuya mitad superior se ha convertido en un miembro masculino erecto. La idea sería que ella tiene sexo en su mente. ¿Lo tiene? ¿Está dormida?

Otra de las estrellas de esta exposición es Niña frente a un espejo (sala 4), proveniente del MoMA de Nueva York, en pleno estilo cubista del que Picasso fue el padre y fundador. Todas las partes de la pintura se trazan audazmente con patrones geométricos. Una inocente y pálida joven se enfrenta a su imagen oscura. Una forma de interpretar la obra sería un momento en que la joven mujer se mira en el espejo y se ve como una anciana, ella ve todas las fallas en sí misma que el mundo no ve.

La exposición incluye su famoso Desnudo, Hojas Verdes y Busto (sala 4), que en 2010 se convirtió en la pintura más cara vendida en un remate, alcanzando los US$ 106,5 millones.

En 1935, Marie-Thérèse quedó embarazada. El nacimiento de su hija Maya marcó el fin del matrimonio de Picasso con Olga. Esta se fue al sur de Francia llevando consigo a su hijo. Pablo Picasso describió ese período como el peor de su vida. Cuatro años después de su muerte, Marie-Thérèse se suicidó.

La crítica aplaudió esta exposición calificándola de “Imperdible”, “Ingeniosa, exhaustiva, implacable”, “Acontecimiento de una sola vez en la vida”. Nancy Ireson, la curadora de la muestra, expresó: “Una de las razones principales para verla es que no sucederá nuevamente”.