Dos series norteamericanas hablan de cómo personas distintas pueden llegar a ser los mejores aliados. Una, desde la perspectiva del mundo de los abogados; la otra, desde el absurdo. Por Federico Willoughby Olivos.

 

  • 17 julio, 2011

Dos series norteamericanas hablan de cómo personas distintas pueden llegar a ser los mejores aliados. Una, desde la perspectiva del mundo de los abogados; la otra, desde el absurdo. Por Federico Willoughby Olivos.

En la TV gringa, el verano suele ser una de las temporadas menos amables para el espectador. Suerte de laboratorio catódico, las cadenas lanzan series cortas y algo desechables para el momento del año en que hay menos personas viendo televisión. Y quizás por eso, también es cuando hay más espacio para arriesgar. Senfield, que fue vendida a los ejecutivos como “una serie sobre nada”, fue justamente estrenada un verano y terminó con una corrida de 9 temporadas y cientos de viudos que sueñan con su vuelta.

Este verano en EE UU es difícil que aparezca otra Seinfeld, pero al menos hay un par de series recién presentadas y que asoman como candidatas a sobrevivir, graduarse y optar a una segunda temporada. La primera es Suits, del canal USA. En una televisión especialmente carente de dramas legales de calidad (por ahora sólo está salvando The good wide, porque el esperado estreno de Franklin & Bash dejó bastante que desear) esta puede ser la serie que devuelva la fe al género.

La trama es simple: Mike Ross es un brillante flojo (memoria fotográfica incluida), un tipo que nunca terminó los estudios para convertirse en abogado y que para vivir se dedica a pasar exámenes finales para otros alumnos. Por otro lado está una suerte de James Bond de los abogados, Harvey Specter, que ha logrado casi todo y que sólo tiene que cumplir el requisito de un ayudante para lograr ser socio de la firma en que trabaja. Y claro, se topa con Ross y lo convierte en su mano derecha a pesar de no tener un título. Y así, la serie divide protagonismos entre ambos personajes, donde cada uno busca sacar ventaja del otro. Lo mejor y esencial de Suits es que celebra el éxito de las corporaciones, los gustos caros y la ambición del hombre moderno. Algo que desde la crisis del 2008 todavía cuesta que aparezca. Viendo gran parte de las series americanas se nota que todavía existe en la mayoría de ellas la idea de que el dinero, el éxito y finalmente, el capitalismo, son algo malo.

Y justamente desde esa óptica se entiende otra serie destacada: Wilfred, que FX importó desde Australia (donde se emitió originalmente) y que tiene como protagonista nada menos que a Elijah Wood. En ella hace de un apesadumbrado tipo que no quiere nada con el mundo y que sin entender mucho, se topa con un perro que le habla, que fuma y que básicamente le jode la vida apenas tiene una oportunidad. La gracia es que el perro (ante los ojos de los televidentes y de Wood) es un humano con disfraz canino, que logra que Ryan (Wood) se interese en su vida y se reconecte con el mundo. Dura 30 minutos y es probablemente una de las cosas más absurdas y mejores que se han visto en mucho tiempo.

Netflix a Chile
Ya es un hecho: la empresa de arriendos de video en línea anunció la semana pasada que se expandía con su catálogo de películas a Sudamérica. La decisión no deja de ser alentadora, ya que permitirá acceder a un enorme catálogo de cintas y series desde cualquier computador o consola de juegos. Ahora, habrá que ver qué pasa con el acceso a Cuevana y otros sitios para ver series en línea. Se especula que no será poco el lobby que Neflix hará para asegurar su patrimonio de la mano del TLC entre Chile y EEUU.