Álvaro Bellolio llegó en marzo a meterle números y Big Data a Extranjería, con la urgencia de regularizar a los 300 mil extranjeros que están de manera ilegal en el país. Cercano a Evópoli, fanático de los libros de ciencia ficción y máster en política pública, asegura que quiere modernizar el departamento, tal como Javier Etcheberry lo hizo con el SII en los 90. “Si se hace para el pago de impuestos de los chilenos, ¿por qué no se puede hacer para las visas de los migrantes?”, dice.

  • 12 julio, 2018
Foto: Verónica Ortíz

Sobre su escritorio hay al menos seis torres de papeles con post-it amarillo que indican el lugar donde debe plasmar la firma. Álvaro Bellolio (32), jefe del Departamento de Extranjería y Migración (DEM), recibe cada día alrededor de 300 documentos a los que debe dar su visto bueno: desde solicitudes de visa y permanencias definitivas, hasta expulsiones y órdenes de compra. La división es de las pocas que todavía funciona de manera 100% análoga, lo que hace que cada mes se generen entre 500 y 800 kilos de papel que luego deben ser trasladados a una empresa de almacenamiento. Solo por ese concepto, la unidad gasta 5 millones de pesos mensuales, a lo que se debe sumar el costo en resma e impresión. “Si llegamos a full digital, nuestra estimación inicial es que ahorraríamos 300 millones de pesos al año solo en almacenaje”, dice.

Es la primera vez que un ingeniero ocupa el cargo. Bellolio es, además, experto en Big Data: lo suyo son los algoritmos, el cruce de datos y los estudios cuantitativos. Fue eso lo que llamó la atención del subsecretario del Interior, Rodrigo Ubilla, quien lo contactó en febrero para sumarlo a su equipo. “¿Cómo ves el tema de las migraciones?”, le preguntó. “Lo ideal es que el Departamento de Extranjería pueda hacer lo que Javier Etcheberry hizo en el SII en los 90”, respondió Bellolio, “transformar un servicio que era netamente en papel y muy burocrático, a digital. Si se hace para el pago de impuestos de los chilenos, ¿por qué no se puede hacer para las visas de los migrantes?”.

Mientras posa para la foto en la entrada del edificio del DEM, en calle San Antonio, la fila de personas que esperan para ser atendidas crece hacia la vereda y sube por las escaleras hasta el tercer piso: son 4.500 al día. La cifra de extranjeros en los últimos cuatro años se disparó, de 450 mil en 2014 a 1,1 millón a fines de 2017, con alrededor de 300 mil personas en calidad irregular.

“El presidente Piñera, el ministro del Interior y el subsecretario Ubilla tenían claro que había que tomar una decisión rápida al respecto. Ya cuando vieron que la ley del gobierno anterior no venía, que el canciller Heraldo Muñoz había pedido una visa para ciudadanos haitianos y que el director anterior del departamento renunció por diferencias con el subsecretario, se dieron cuenta de que esto era un tema prioritario”, asegura Bellolio.

Con la misión de modernizar la unidad, afinar el proyecto de Ley de Extranjería e impulsar medidas administrativas rápidas para abordar las urgencias, el magister en políticas públicas de Chicago aterrizó en el sexto piso del edificio del DEM el 11 de marzo.

“Álvaro es una gran persona, tiene vocación de servicio público, conoce y se ha dedicado al tema migratorio como pocos. No está improvisando. Ordenar es el primer desafío y lo está haciendo. Pero ahora viene la gran pregunta: ¿a quién dejar entrar?”, asegura el ex canciller Hernán Felipe Errázuriz.

Diferencias políticas

Juan Bellolio llegó a fines del siglo XIX a Chile “escapando” desde Génova. Se bajó en Concepción porque el barco se echó a perder y no quiso esperar tres meses a que lo repararan, cuenta Álvaro sobre su bisabuelo. Como muchos de sus compatriotas, se instaló con un almacén de productos típicos italianos en la capital de la Octava Región. Uno de sus ocho hijos, Blas, llegó a Santiago en época de Carlos Ibáñez del Campo porque era senador. Tuvo a su vez seis hijos, de los cuales cinco son hombres, entre ellos el padre de Álvaro, Jaime Bellolio Rodríguez, gerente de Empresas UC y ex director de Canal 13, quien se casó con Margarita Avaria, profesora básica y magíster en filosofía.

“Mi familia paterna ha querido ser protagonista porque en cierto sentido están vinculados a la cosa pública al querer servir al país, pero también porque quieren destacar”, señala Cristóbal Bellolio, académico de la UAI, y primo de Álvaro. “Hay una ambición personal legítima”, agrega.

Álvaro es el menor de cuatro hermanos, todos destacados profesionales; Javiera, abogada y académica de la UDD Fernanda, directora de investigación de medicina de urgencia de la clínica Mayo, y Jaime, diputado UDI por el distrito 14, quien cuenta que su hermano chico siempre fue más intelectual y computín. “Tiene una curiosidad especial y un mundo interno grande. Era el típico adolescente con universos imaginarios que leía El Señor de los Anillos, Harry Potter y Game of Thrones en un rato. Ahora, en cambio, lee puras cosas académicas”, asegura.

En el colegio Cordillera, Álvaro compitió en las olimpiadas de matemáticas, en la selección de atletismo y en el equipo de debate. Luego entró a Bachillerato en la UC, porque no le alcanzó el puntaje para ingresar a Ingeniería Civil. Fue ayudante de 13 ramos de distintas facultades. Su favorito: “Tolkien, su vida y obra”. Paralelo a ingeniería, Bellolio cursó cinco ramos de Derecho, ocho de Psicología del Comportamiento, a la vez que armó su primer emprendimiento de software y páginas web en 2007.

Mientras Jaime participaba activamente en el gremialismo, e incluso presidió la FEUC, Álvaro fue delegado de la Escuela de Ingeniería y candidato al centro de alumnos –no ganó– por la lista Opción Independiente, un movimiento de centroderecha, algo así como un punto intermedio entre Evópoli y Ciudadanos actual.

“El problema de Álvaro es que la sombra de Jaime es fuerte. Jaime es la figura talentosa de la nueva derecha y para él siempre fue difícil hacerse un nombre propio, por eso su perfil más liberal. Él trata de sintonizar de mejor manera con la derecha de su generación, más millennial”, señala su primo Cristóbal.

Si bien Álvaro no milita en ningún partido, se reconoce cercano a Evópoli y trabajó en la campaña presidencial de Felipe Kast.

-¿Discutes de política con Jaime?

-No, Jaime tomó sus decisiones, y yo las respeto. Él es más conservador que yo, pero los dos estudiamos un máster en Chicago y tenemos una postura de tomar decisiones basadas en la evidencia. Pero con todo el respeto a su cargo, yo no me veo en la UDI.

-¿Qué opinas del partido?

-No estoy tan alineado con la directiva. Para mí, el liderazgo de Felipe Kast, Francisco Undurraga, Hernán Larraín Matte o Luciano Cruz-Coke es más parecido a como yo veo la política en el siglo XXI.

-Tu hermano suena de presidenciable. Si el día de mañana se presentan él y Felipe Kast, ¿a quién apoyas?

-Ahí tendremos que hablar en su minuto. Pero a nivel de trabajo en primarias, siempre he estado alineado con Evópoli.

Foto: Verónica Ortíz

Las herramientas

Fue su “capacidad de mirar las cosas metadisciplinariamente”, lo que atrajo la mirada de Claudio Seebach, su profesor en la UC, quien lo llevó a trabajar a la Segpres del primer gobierno de Piñera como asesor a cargo de la coordinación interministerial. En ese entonces Álvaro tenía pelo largo –algo raro para un Bellolio, que suelen ser pelados, dice– y aros. El trabajo consistía en velar por el cumplimiento de los compromisos. “Ahí se dio cuenta de que para poder analizar y hacer políticas públicas, no le bastaba solo el título, necesitaba otras herramientas”, cuenta Seebach.

Al año partió a la UDD como profesor de Evaluación de Programas Gubernamentales y se incorporó a LyD como coordinador del programa Sociedad y Política, que antes lideraba Ena von Baer.

En el think tank, Luis Larraín le pidió que se metiera en el tema de las migraciones, donde hasta la fecha no se habían realizado estudios cuantitativos. “En Chile todavía no había mucha atención periodística al tema, pero en la política mundial se estaban desarrollando nuevas agrupamientos políticos, y algunos partidos de derecha se estaban yendo a políticas antinmigrantes con un enfoque bastante miope”, señala Larraín.

Cuando el ingeniero llevaba tres artículos publicados al respecto, el director ejecutivo de LyD le pidió que escribiera un libro con Hernán Felipe Errázuriz, consejero de este think tank. El ex canciller desarrolló la parte jurídica e histórica. Bellolio, la evidencia comparada, los incentivos. Después de un año y medio de trabajo, Migraciones en Chile: oportunidad ignorada fue publicado en 2014.

“En ese minuto decidimos hacer un seminario sobre el tema, uno de los primeros en Chile sobre migraciones”, cuenta Larraín. Invitaron a Miguel Yaksic, que entonces presidía el Servicio Jesuita de Migrantes, y a Andrés Sanfuentes del CED, a exponer sus puntos de vista con Bellolio y Errázuriz. “En materias de fondo, el Servicio Jesuita estaba de acuerdo con la regulación”, asegura el director de LyD. “La postura nuestra es a favor de la migración, la necesitamos, pero debe ser relativamente controlada para que sea sustentable”, agrega.

“A Álvaro siempre le ha interesado la política, pero no la primera línea”, dice Jaime. Y fue a través de LyD y el libro que se metió en el círculo sobre la discusión de política migratoria, “que es una elite académica”, señala.

Mientras, Ubilla estaba en la U. Autónoma investigando el mismo tema, y ambos comenzaron a coincidir en foros sobre la materia.

Tras tres años en LyD, Bellolio partió a la U. de Chicago con su polola, a estudiar un magíster en políticas públicas. Obtuvo tres especialidades: evaluación de impacto, metodología de encuestas y políticas culturales.

De vuelta en Chile, en 2016, instaló una consultora de análisis de Big Data llamada Seshat, por la diosa egipcia de las encuestas –que está inoperativa desde que llego al gobierno–, además de crear la fundación Nuevas Contingencias Sociales, que investiga sobre migración, cultura, deporte y modernización, donde ejercía como director ejecutivo. En paralelo, ingresó al laboratorio de innovación pública de la UAI como director de investigación.

En eso estaba cuando el equipo cercano a Sebastián Piñera se puso a buscar a profesionales ligados a la centroderecha con expertise en el tema migratorio, que sería una de las primeras batallas que tendría que dar el nuevo gobierno. No había muchos nombres, aseguran sus cercanos.

“Si hay alguien mejor para este cargo, yo creo que no. Aquí no hay nepotismo”, dice Cristóbal Bellolio, por la relación con su hermano UDI. “Migraciones no era un tema particularmente de la derecha y es el que más sabía, no tuvo necesidad de rodaje. Es liberal, entiende los beneficios de la migración, que hay que abrir puertas. Y está alineado con lo que Piñera sinceramente cree al respecto, de que la inmigración es fundamental para Chile, y de controlar a una derecha más conservadora, reaccionaria”, agrega.

El avestruz

“Hoy hay 700 mil nuevas personas en Chile que no estaban en 2014, que independiente de la nacionalidad, el color de piel o condición, un cambio demográfico de esa magnitud genera temas de los que había que hacerse responsable. El gobierno anterior no lo hizo, no tuvo el coraje de tomar ciertas decisiones”, asegura Álvaro, mientras toma un vaso de agua.

-¿La responsabilidad directa fue de Mahmud Aleuy, Mario Fernández?

-Es difícil asignar una responsabilidad directa, es completo: desde la Presidencia que nunca dio la instrucción. Nosotros hemos tenido el apoyo del presidente desde el día uno y este fue el segundo anuncio que hizo. La Ley de Extranjería está de 2013 en el Congreso, hay acuerdo en la mayoría de los puntos y no se discutió absolutamente nada. Tampoco tomaron medidas de gestión ¡Cómo nadie fue a preguntarle a la gente por qué hacia la fila, o nadie fue a entender por qué estaban entrando migrantes que caían en irregularidad en Chile! A ellos les gustaba la lógica de “vengan y da lo mismo cómo, en qué condiciones, bajo qué estatus migratorio”. Hicieron la política del avestruz: enterrar la cabeza en la arena y no tomar decisiones. Pero se olvidan de que en política pública, muchas veces el no tomar medidas es una política pública. Ellos sabían que había este crecimiento exponencial de migrantes, sabían los incentivos que existían para venir como turistas, sabían la cantidad de personas irregulares, sabían de los casos de trato y tráfico de personas, pero no hubo el coraje para tomar decisiones. Y vimos también a estas otras organizaciones que no solo no se hicieron cargo, sino que trataron de obstruir cualquier mejora o mecanismo administrativo que podía hacerse cargo.

-¿Te refieres al Servicio Jesuita de Migrantes?

-El Servicio Jesuita de Migrantes, la Clínica Jurídica de la UDP y de la UAH, en pacto con el FA, Matías Walker y el PC. No solo no hicieron nada, sino que además pusieron todas las cortapisas posibles para evitar que tomáramos una decisión.

-La semana pasada, el presidente del gobierno español Pedro Sánchez acogió un barco de más de 600 migrantes del Líbano, tras la negativa de Italia y Malta a recibirlos. ¿Cuál es tu postura?

-El compromiso de Chile con los migrantes y refugiados siempre ha sido de tender una mano. Se analizaría el tema, no dependería solo de mí, por supuesto que de Cancillería, Defensa, Justicia y DDHH… Pero más allá del punto de si hay que recibirlos o no, lo complicado es que se están generando incentivos perversos. Porque la gente que está en estos barcos está en crisis humanitaria importante. Esta ONG los iba a recoger a la costa italiana. Cada vez más los va a buscar a la costa del Líbano, entonces el incentivo para la gente que se aprovecha de esta situación –traficantes de personas u otros– para poner estos botes y arriesgar su vida para que el barco los rescate lo antes posible y los lleve a Europa es enorme. Hoy los recibe España, ok, pero qué pasa a futuro, si se hunden estos barcos y mueren 50 personas. ¿Quién es el responsable?

-¿Cuán grave es el aumento de inmigración ilegal por vía marítima?

-Ahí hay un tema porque con el Plan de Frontera Norte, el gobierno anterior se enfocó netamente en narcotráfico. Y el problema de los ingresos irregulares, ya sea por tierra, línea del tren o por mar, es la seguridad de los migrantes. Es importante establecer el respeto a nuestra frontera, de hecho el proyecto de ley tiene varios puntos que apuntan a ese tema, tener los recursos suficientes para garantizar la seguridad justamente de los migrantes y, nuevamente, ver los incentivos.

-¿Qué va a pasar con los migrantes que cometan un delito en Chile?

-En general eso se decide a nivel de subsecretaría, pero muchos comentaban que el impacto social de expulsar a alguien que cometió un delito era muy grande. Pero el impacto social de tener a alguien en la cárcel también es súper grande. Entonces, si se puede ver la opción de que alguien pueda conmutar su pena por una expulsión, me parece bastante razonable. En todo caso, la tasa de personas extranjeras que delinquen es considerablemente menor a la de nacionales. Entonces, si bien no hay que minimizar los efectos que produce este tema, tampoco hay que generalizar. Los migrantes no son demonios, pero tampoco son ángeles. No lo son. Son personas que quieren venir a mejorar su calidad de vida, trabajar, quieren que no los discriminen ni positiva ni negativamente. Esa es la lógica de entregarles un carnet cuando lleguen. Con eso pueden arrendar, sacar una cuenta rut y con eso están en las mismas condiciones del resto.

-A los únicos que les cambió 100% el sistema de visado es a los haitianos…

-A todos les cambiará porque una vez aprobada la ley, todas las personas que entren con visa de turista no podrán cambiar su condición a residente.

-¿Qué te parece la política migratoria de Trump, de detener a las personas que entren de manera ilegal, aunque eso implique separar familias?

-Lo que hacemos en Chile es lo opuesto a la política de Trump. Para nosotros el bien superior del niño está por sobre cualquier ley. Y más allá de levantar muros hay que generar los incentivos correctos para que las personas que vengan a Chile vengan de forma segura, ordenada y regular, con una visa, un carnet de identidad para que puedan ver las oportunidades.

-A pesar de que Trump revirtió la separación, considera un delito la entrada al país de manera irregular…

-La política del presidente Piñera no puede diferir más con la política del presidente Trump en el sentido de que en el nuevo proyecto de ley no criminalizamos los delitos migratorios por lo tanto ningún padre irá a la cárcel por entrar por un paso clandestino, y no lo vamos a separar jamás de su familia. Esa es una potestad que tiene EEUU, pero nosotros creemos que no es la forma más correcta.

-Todo indica que estas medidas de Trump buscan impulsar la contracción del muro con México, ¿crees que es una medida efectiva para controlar la migración irregular?

-Yo creo que EEUU no está tomando el camino más efectivo. Hay bastantes temas de señal, porque Trump yo creo que tiene muy claro que la efectividad del muro no es positiva, no es muy eficiente. Es importante revisar las herramientas o el acceso a la política migratoria, por qué estas personas están cruzando y generar los incentivos para que, por ejemplo, tengan cierta documentación y con eso pagan sus impuestos, generan empleo. Gran parte de la economía norteamericana se ha basado en las migraciones.

__________________________________________________

¿Discriminación?

El mandato de Presidencia fue hacer un diagnóstico inicial, ver qué medidas administrativas se podían aplicar y los instrumentos legales que se requerían, todo pensando en el anuncio que haría Piñera el 9 de abril.

Al levantar información, Bellolio y su equipo se dieron cuenta de que 24% de las personas que hacía fila en Extranjería iba a pagar sanciones, y que otro 23% simplemente iba a solicitar información. Se dio cuenta también de que 45 mil personas habían presentado documentación falsa para tramitar sus visas, de los cuales 76% pertenecía a migrantes haitianos. Además, que el 97% de los haitianos que llegaba a Chile como turista no regresaba vencidos los tres meses, y que ellos eran las principales víctimas de tráfico y trata.

Con esos datos en la mano se dio orden de regularización de visados hasta el 23 de julio, y se estima que unas 250 mil personas pasarán a estar regulares, de las cuales hay 140 solicitudes en curso. Otra medida es la creación de nuevas visas. En el caso de los haitianos, una consular de turismo simple y otra humanitaria con 10 mil cupos al año para reunificación familiar para personas con vínculos directos. Además de la creación de una “visa de oportunidades”, para todos los países, que comienza en agosto.

_______________________________________________

Big Data

Álvaro Bellolio es profesor de Big Data y, como tal, dirige esa área en el DEM. Ahí participan tres data scientists: un ingeniero en estadística, otro en informática y un economista, todos se han especializado en modelos predictivos. “Una política reactiva en migraciones es muy compleja. Uno tiene que preparar a los gobiernos locales, entender cuáles serán las necesidades específicas. Hay un modelo predictivo de flujos migratorios: si con estos modelamientos dónde sé van a estar las necesidades concretas en salud y en educación ante estos cambios demográficos que se generan por el aumento de la migración, rápidamente mejoras la convivencia porque preparas antes a los gobiernos”, señala.

El equipo de migraciones lo compone además Mijail Bonito, asesor directo de Ubilla que ve los temas de relación con comunidades; José María Hurtado, asesor legislativo a cargo del proyecto de ley y Vartan Ishanoglu, ingeniero chileno-armenio experto en modernización, procesos y digitalización.