“No quiero que me recuerden”, dijo Carlos Altamirano en su última aparición en prensa el pasado mes de septiembre en La Tercera. Una voluntad imposible de cumplir, considerando el importante rol que jugó durante la Unidad Popular y luego en la articulación de una coalición de centroizquierda. El ex secretario general del Partido Socialista entre […]

  • 24 mayo, 2019

“No quiero que me recuerden”, dijo Carlos Altamirano en su última aparición en prensa el pasado mes de septiembre en La Tercera. Una voluntad imposible de cumplir, considerando el importante rol que jugó durante la Unidad Popular y luego en la articulación de una coalición de centroizquierda. El ex secretario general del Partido Socialista entre 1971 y 1979 llevaba más de un cuarto de siglo desvinculado de la política nacional, pero apenas apareció la noticia de su muerte el pasado domingo, su nombre volvió a generar homenajes y críticas, dependiendo en qué parte del abanico político uno se ubique. José Antonio Kast señaló que el dirigente político “nunca pidió perdón”, refiriéndose a que Altamirano fue quien lideró las posturas más radicales del gobierno allendista y partidario de la idea de “avanzar sin transar”. El PS, y la izquierda chilena en general, destacó en cambio el eterno compromiso con sus ideales, su aporte a la renovación socialista y su capacidad de asumir errores. Abogado, parlamentario y uno de los hombres más buscados de Chile tras el golpe de Estado de 1973, durante su exilio vivió en Cuba, Alemania y Francia, donde incorporó a su visión política los conceptos de la socialdemocracia europea. Al volver al país, en 1993, decidió apartarse de la primera línea, consciente de que su figura podía generar más divisiones que acuerdos. Su presencia en el funeral de Patricio Aylwin, quien fuera uno de sus mayores adversarios políticos, fue considerada un acto simbólico de reconciliación. Otro hito que puede catalogarse como el fin de la transición.