Sin rodeos, el ministro vocero de La Moneda, Andrés Chadwick, lanza un espaldarazo a su par de Defensa. Dice que la tragedia de Juan Fernández ha hecho que Allamand transmita “algo muy genuino en él: una conducción de mando y una sensibilidad humana muy potente”. Ya. Se armó la campaña. Por María José O’Shea C.; fotos, Verónica Ortíz.

  • 20 septiembre, 2011

 

Sin rodeos, el ministro vocero de La Moneda, Andrés Chadwick, lanza un espaldarazo a su par de Defensa. Dice que la tragedia de Juan Fernández ha hecho que Allamand transmita “algo muy genuino en él: una conducción de mando y una sensibilidad humana muy potente”. Ya. Se armó la campaña. Por María José O’Shea C.; fotos, Verónica Ortíz.

-Llegó a La Moneda y de inmediato se comenzó a hablar del nuevo pánzer. ¿Qué tan pánzer es Chadwick?
-Estoy luchando enormemente para no serlo, intentando bajar algunos kilos. He perdido varios, pero dentro del exceso que tengo necesito seguir bajando.

-O sea, el parecido con Insulza es más de panza que de pánzer.
-Sí, yo creo.

-Bueno, la diferencia es que a él se le puso ese apodo cuando estaba en Interior, usted es el vocero. ¿Qué pasa con Interior? ¿No es ese ministro quien debiera ser el pánzer?
-Tenemos al ministro Hinzpeter ejerciendo sus labores.

-¿No siente usted que le ha hecho sombra?
-¿Yo? Mi vida entera ha sido trabajo en equipo. Y si hay algo que espero aportar aquí es generar todas las mejores condiciones para un trabajo de equipo a full. El ministro Hinzpeter tiene una condición humana extraordinaria: busca servir y conducir. Le ha tocado pasar por momentos muy duros, porque la Concertación no ha sido especialmente cariñosa con él, pero es aperrado, inteligente y hace bien su pega.

Andrés Chadwick Piñera (55 años, casado, cuatro hijos y 2 nietos) es un perfecto político. Sabe bien cómo no meter la pata, qué decir en cada momento, poner cara de relajo cuando está preocupado y reírse fuerte aunque el chiste sea extremadamente fome. Junto con Pablo Longueira fue la última pieza que su primo el presidente sacó del Congreso para llevárselas a La Moneda. Y su peso político –no vaya a pensar otra cosa el ministro–, se ha notado bastante.

Lleva dos meses que no han sido nada fáciles. Los paros de los estudiantes, la CUT y luego el trágico accidente de Juan Fernández, en el cual ha tenido que salir a informar sobre cada resto –humano o del avión– que se encuentra en el fondo del mar. Y es en esa tarea también en la cual ha estado en estrecho contacto con su par de Defensa –y amigo, a estas alturas–Andrés Allamand.

Han trabajado juntos por años, no sin roces. Pero ahí están. Y hoy, cuando el ex senador RN está el peak de su gestión, Chadwick lo lanza a la presidencial.

-¿Cómo ha visto a Andrés Allamand? Hasta se rumorea que lo cambiarían a Interior.
-Ha sido un súper ministro de Defensa, lo ha hecho muy bien. Hay que recordar que llegó en un momento muy complejo a ese ministerio y generó condiciones de tranquilidad, transparencia y orden. Independiente de eso, lo que él ha hecho en el rescate de Juan Fernández ha sido una conducción extraordinaria en una situación demasiado trágica. Ha sabido transmitir algo que es muy genuino en él, que es una conducción de mando y una sensibilidad humana muy potente. La armonía de eso lo ha reflejado como pocas veces en su vida ha podido verse.

-Escuché por ahí alguien que decía que él saca lo mejor suyo en los peores momentos…

-Dios sabe por qué hace las cosas. A él lo ha puesto en un lugar donde como pocas veces ha podido reflejar lo que él es como persona. Lo que yo le conozco, y le tengo mucha admiración, es esa condición de liderazgo unida con una sensibilidad humana.

-¿Y usted cree que esto lo ayudará en su carrera presidencial?
-Mira, voy a dar una respuesta que no puedo dejar de darla, pero sé que me quedarás mirando como diciendo “no te creo”. Yo creo que Allamand no está en ninguna carrera presidencial.

-¡Pero si él lo ha dicho mil veces!
-Hoy día él no está en ninguna carrera presidencial. Y lo digo con convicción y conversación. Es alguien que está desarrollando hace algún tiempo su ministerio de Defensa feliz, involucrado en sus temas y desprendido de una carrera presidencial. Por lo tanto, me sería injusto decir si esto lo favorece o no. El está en una perspectiva de su vida con una visión distinta.

-¿Y a usted le gustaría que fuera candidato?
-Sería un gran presidente de Chile.

-¿Puede ser sucesor de Piñera, más que Golborne?
-No lo sé. No tengo idea. Todos sabemos que las decisiones de candidaturas presidenciales son muy difíciles de aventurar con tanta anticipación. Y ahí sí que la experiencia política a uno le sirve.

Ahora o nunca

-¿Cómo se ve al presidente desde aquí dentro?
– Dos cosas que me han llamado la atención: serenidad y fortaleza en los momentos difíciles. Y mucha convicción de lo que está haciendo. Escucha, recoge opiniones, pero tiene convicción.

-¿Cree que con usted llegó finalmente la política a La Moneda?
-No. El diseño original se ha modificado al incorporar a personas con experiencia –que es sólo porque estamos más viejos– como es el caso de Allamand, Evelyn Matthei, Longueira y yo.

-¿Y cómo se convenció Piñera de que este era el modelo de gabinete que necesitaba?
-Uno parte siempre con un plan, pero evidente que se van produciendo circunstancias que a un gobierno lo obligan a ir variando. Para gobernar tiene que haber una armonía entre la experiencia política y las capacidades técnicas. Eso es un punto central, porque gobernar es conducción, liderazgo, reacciones a cosas que son impredecibles… Gobernar es un acto político.

-Bueno, ya están Allamand, Matthei, Longueira y usted en el gabinete. Si no repunta ahora el gobierno, no repunta más…
-Sería un error pensar que este gobierno va a repuntar porque tiene a cuatro personas con más experiencia política. El gobierno va a repuntar, y estoy convencido de que así va a ser, cuando las tareas que está realizando comiencen a dar frutos y sean percibidas por la ciudadanía. El gobierno ha hecho un buen trabajo: tiene al país en una buena situación económica, las leyes del plan social ya están siendo aprobadas, como el caso del 7% y el postnatal, viene el ingreso ético familiar…

-¿Y viene la reforma tributaria?
-El presidente ha dicho que hoy no necesitamos recurrir a una reforma para el financiamiento de los planes y los programas sociales, incluyendo educación. Sin embargo, no es un tema que esté descartado, debajo de la mesa o que sea tabú.

-Puede que no se necesiten recursos, pero sí una señal política.

-La reforma tributaria puede ser percibida como una señal política, pero creo que no es bueno utilizar los tributos y su estabilidad para eso. Obviamente, si el presidente lo determina, no lo va hacer como señal política, sino que para generar recursos fiscales y cambios que apunten a fomentar fuertemente el emprendimiento, la competitividad y la inversión.

-Pero eso pasa por bajar otro tipo de impuesto, o sea, se reformulará subiendo a los empresas y bajando el de las personas, ¿no?
-Si es que llegase a ser necesario, me imagino que será con algo más global y complementario.

-¿Cómo ve la reacción de algunos sectores a este planteamiento? Libertad y Desarrollo, por ejemplo, que está ligada a su partido, se ha opuesto fuertemente.
-Es cierto que Libertad y Desarrollo está vinculado a la UDI y es un instituto que ha hecho un trabajo espectacular para el país por muchos años, pero tiene que cumplir su rol. Gobernar es distinto a ser un instituto, pues implica manejar una serie de otras variables que quizás un instituto no tiene por qué estar viendo y que van desde factores sociales a económicos.

-¿Cómo percibe usted la impresión de los empresarios sobre el gobierno?

-No sé exactamente cuál es, porque son muchos y distintos. A diferencia del pasado, yo observo que hoy no existen como una sola voz o gremio. Hoy tenemos un sector empresarial muy fuerte, muy activo y bastante más diverso en su opinión…
Pero veamos las cosas objetivas. En un país cuyo crecimiento hoy va a ser superior o igual a 6,5%, en que la inversión, la productividad y el empleo han aumentado –en un mundo con la fuerte crisis económica–, en que las condiciones del país favorecen e incentivan el emprendimiento, un empresariado debería ver que es una situación bastante única en el mundo.

-¿Que son privilegiados?
-No, que el país es un privilegiado.

-Y ellos en Chile…
-Que tienen todas las condiciones para desarrollar sus emprendimientos y que lo único que el gobierno quiere es incentivar al máximo ese emprendimiento porque, como estamos convencidos que en la medida que el país crezca y vayamos acortando las brechas de desigualdades que existen, vamos a alcanzar la posibilidad de ser un país desarrollado.
Chile es un país muy afortunado por las políticas públicas que ha seguido y que no son sólo obras de este gobierno, sino que desde hace años.

-Entonces…
-Entonces deberían estar muy satisfechos de poder emprender en un país como Chile.

A mí me interesa que el sector empresarial cumpla su rol. Este gobierno no es tributario del empresariado. Es tributario de un país que crezca, que genere empleo, que reduzca las brechas de desigualdades, que evite los abusos, que genere mejor educación, más igualdad de oportunidades, que vaya construyendo una sociedad más justa. Y en eso, el empresariado chileno o extranjero que quiera invertir en Chile, bienvenido sea.

Adiós al Chile antiguo

-En la anterior revista Capital, Patricia Matte dijo que muchos empresarios parecen vivir en la estratósfera y que no están conectados con el Chile real. ¿Usted ve eso?
-Si eso ocurre, es porque no son empresarios. Ser empresario no es poner una fábrica y ganar plata. Empresario es alguien que asume un rol de emprendimiento, que genera riqueza, pero también condiciones laborales justas, que está preocupado de su país y que tiene una perspectiva de la vida sujeta a valores que van más allá del balance.

Entonces, si un empresario está viviendo en las nubes, esa es una persona a la que le gustarán los cocteles y hacerse llamar empresario. Pero en términos sustantivos, no lo es.

-¿Tienen ellos una cuota de responsabilidad en la demandas sociales que se ven hoy?
-Como todos, en el sentido de ir entendiendo y profundizando en los cambios que Chile vaya teniendo. Por eso digo que el que ve este Chile desde la distancia, que lo critica como un problema de orden público y le exige al gobierno una reacción policial, o se quedó en un Chile antiguo, no entiende nada. Este nuevo Chile trae exigencias para todos. Por ejemplo, en la educación, nos vamos a hacer cargo de mejorar de verdad la calidad y nos vamos a preocupar del financiamiento para efectos de generar condiciones de igualdad de oportunidades. Lo vamos a cumplir porque está en las convicciones más profundas del gobierno: tenemos que lograr una igualdad de oportunidades, donde el motor es la educación; y para poder generarla, debemos exigir calidad y generar las condiciones de financiamiento para esas familias. Al mismo tiempo, aunque les moleste a algunos, vamos a evitar los abusos.

Yo soy de los que piensan que el movimiento estudiantil nos ha generado un desafío nuevo, inesperado, pero tremendamente profundo y en concordancia con lo que es mi visión de lo que debe ser la sociedad. Es también la línea de lo que planteó hace unos meses el presidente Piñera en La Segunda: al desarrollo no se llega sólo con un factor de crecimiento y de empleo, sino también con una sociedad que tenga condiciones de mayor equidad y menor brecha de desigualdad.

-¿Y qué rol tiene el sector privado en esa tarea?
-Primero está el Estado con sus políticas sociales, donde la educación es la médula. En los empresarios, el primer papel es emprender, generar riquezas para el país. En segundo lugar, generar condiciones laborales, con la gente que trabaja con ellos. Uno no va a ser justo con los demás si no lo es con los propios. Y tercero, comprometerse con el país. Eso es entender lo que está pasando en el mundo social y participar en ello. Por ejemplo, cuando Patricia Matte critica a sus pares es porque ella sí lo hace. ¿Por qué no tenemos más como ella?

 

El lucro bien lucrado
-En el cuadro de convicciones del gobierno, ¿se puede lucrar con la educación?
-El gobierno tiene absolutamente claro ese tema. Queremos –en pos de la libertad de enseñanza- que exista emprendimiento privado y creemos que éste tiene mucho que aportar para la educación. Ahora, si ese emprendimiento quiere contar además con recursos públicos para ejercer y ser colaborador del Estado, tiene que estar sujeto a condiciones especiales, exigencias máximas de calidad, transparencia absoluta en el uso de los recursos y control eficaz.

-En ese sentido, ¿qué pasa con estas fundaciones que tienen universidades y que ganan plata mediante las sociedades que la misma fundación contrata? Es el caso de la Universidad del Desarrollo.
-No quiero colocar ningún ejemplo en particular, porque lo desconozco, pero se va a aplicar la ley, y la ley establece que las universidades que se crearon en el amparo de la ley de los decretos del año 81 son fundaciones y no tienen fines de lucro.

-¿Pero pueden ser los mismos dueños de la universidad ser los dueños de la empresa que le presta servicios?
-La idea del gobierno es que, a través de la Superintendencia de Educación Superior que se creará, se estipulen las normativas que exijan que si existe un proveedor relacionado con la fundación, éste esté sujeto a todos los controles para garantizar que ese servicio se presta en las mismas condiciones de mercado y que estará controlado para que no implique ninguna situación de desvío, abuso u operativo para sacar dinero de la fundación.

-¿Y no será más fácil transparentar y reconocer que esa universidad sí gana plata?
-Es que son dos cosas distintas. Aquellas que se hayan creado bajo la ley actual van a tener que cumplir con su rol de fundación y se van a establecer todos los mecanismos de control para que eso ocurra. Cosa distinta es que tomemos la decisión de que en Chile exista una educación superior de carácter privado. Esa es una discusión que está abierta.
A modo personal creo que el modelo universitario debiera tener tres alternativas: su sistema actual de educación estatal y de sus universidades tradicionales; las que optan por ser una fundación y la posibilidad de que se puedan crear universidades privadas. El punto fundamental es cómo se destinan los recursos públicos. Yo sólo le daría a las dos primeras alternativas. En Brasil, Lula aplicó un sistema en que aquellas universidades que son privadas, los impuestos que pagan van directamente a becas y que podría ser una modalidad.

-¿Y una universidad de fundación podría “salir del clóset” y transformarse en privada con fines de lucro?
-Con lo que existe uno podría generar condiciones de transitoriedad: o se queda como fundación, o se transforma en universidad privada en un plazo acotado.