Implacable y serio, a Fernando Coloma, no le tiembla la mano. Un estilo que sorprendió al mercado, que esperaba que la gestión de este economista de la UC cercano a la derecha estaría mucho más orientada a desregular que a exigir. Al mando de la SVS desde hace más de dos años, ha cursado multas más altas que sus predecesores, ha endurecido las exigencias de información a las empresas y se ha involucrado de lleno en el mercado de los seguros. Sus últimas movidas sobre las sociedades cascada, con que Julio Ponce controla SQM; y respecto al Grupo Cruzat reafirman que no hay poderosos que escapen de su lupa. Por Fernando Vega.

 

  • 8 mayo, 2012

Primero fueron las compañías de seguros, luego las corredoras de bolsa, después las sociedades de inversión y ahora es el turno de las auditoras externas y clasificadoras de riesgo. La superintendencia de Valores y Seguros está embarcada en un fuerte plan de supervisión y regulación con el objetivo de mejorar la transparencia del mercado.

Desde su arribo al mando de la entidad, en marzo de 2010, el superintendente de Valores y Seguros, Fernando Coloma, definió que ese sería uno de los ejes de su gestión, a la par de seguir profundizando la modernización del sistema.

Consciente de que la SVS no puede actuar con reflejos de dinosaurio cuando los mercados se mueven a la velocidad del vértigo, el regulador ha terminado adoptando un discurso de tono enérgico que nada tiene que ver con lo que se esperaba.

 

Todos creían que por tratarse de un economista de estilo técnico, poco político, Coloma se enfocaría básicamente a desregular el mercado, impulsar perfeccionamientos y sacar adelante el Mercado de Capitales del Bicentenario (MKB) sin agitar las aguas y manteniendo en un relativo bajo perfil a la entidad.

Pero la forma en que enfrentó primero el terremoto, luego La Polar y en las últimas semanas los casos cascadas y CB Capitales, está demostrando que el hombre ha tenido que adaptarse a una realidad cambiante y jugar el rol que exigen los tiempos, tiempos “más violentos”, si se quiere, parafraseando el nombre de la película.

 

 

 

 

 

 


 

El estrés del terremoto

El terremoto del 27 de febrero de 2010 mostró las primeras señales de hacia dónde marcharía la SVS durante la era Coloma. Nada más asumir el cargo, en reemplazo de Guillermo Larraín, exigió a las compañías de seguros que enviaran toda la información referente a las pólizas contratadas y las instruyó sobre la forma en que se realizarían los procesos de liquidación. Ello obligó a casi todo el sector a modificar sus prácticas y a apurarse en los pagos.

Fueron días de estrés para los aseguradores. Pero ello permitió que, al primer año del terremoto, el 99% de los siniestros de vivienda ya estuviera solucionado. Para el sector implicó varias sanciones y, según comentan en el gobierno, de ahí surgió la idea de la nueva ley de licitación de los seguros de terremoto para los créditos hipotecarios. El súper se encontró con que el negocio no era del todo transparente, ni muchos menos beneficioso para los clientes.

“Fue una locura, había que tener programas de liquidación con plazos comprometidos y hasta detallar la fuente de los recursos”, cuenta el gerente general de una aseguradora. El sector estaba acostumbrado a autorregularse y a consensuar medidas con la autoridad, por lo que el nuevo estilo lo tomó muy de sorpresa. Hoy sin embargo, advierten, el regulador está retomando la forma de trabajo a la que se habían acostumbrado.

Información, información e información

Igual de desconcertante ha sido su actuación en el mercado de valores. Mientras por un lado la agenda del regulador se ha centrado en generar certezas y controles, profundizar la internacionalización y autorizar nuevos productos e instrumentos, por otro ha aumentado las exigencias de información y patrimonio de las empresas.

Se introdujo la obligación de análisis de riesgos más completos y ya se da por hecho que en los planes del regulador figura exigir próximamente a las corredoras de bolsa que transparenten su cartera propia de acciones, con el fin de evitar conflictos de interés.

Agentes de los fondos de inversión también destacan la línea “continuista” de Coloma en lo relativo a destrabar el mercado de capitales y escuchar a sus agentes. Citan como ejemplo la modificación de los requisitos para que una acción tenga presencia bursátil y la creación de la figura del market maker.

Pero no todo es aplauso o sutil reparo. También hay críticas, y uno de los mayores reproches se refiere a la circular 1.985 que, según los corredores de bolsa, tiene escasa aplicabilidad. El reglamento exige a los intermediadores bursátiles informar a sus clientes sobre las condiciones de mercado existentes al momento de la ejecución de cada orden de compra o de venta, aun cuando no todas las corredoras operen en las tres plazas bursátiles.

Incluso la comisión de Hacienda de la Cámara de Diputados planteó sus reparos a la norma y aseguró que esa obligación terminaría beneficiando sólo a las bolsas de Santiago, cuyas comisiones son más bajas debido a los mayores volúmenes transados.

“La SVS está pidiendo mucha más información que antes y exigiendo que a los clientes también se les mande mayor información. El problema es que existe la sensación de que la gente no está tan interesada en recibir tantas cosas”, se queja un corredor de bolsa.

Pero en el entorno de Coloma nada de eso suena raro. Sus ex colegas de la Universidad Católica sostienen que uno de los temas que más le apasionan es el efecto de la simetría de información en los mercados. Puede sonar soporífero, pero en realidad se trata de un problema que diversos investigadores vienen planteando hace años.

Ingeniero comercial de la Católica y master en Chicago, Coloma era en forma previa a su designación en la SVS profesor e investigador del Instituto de Economía de la UC. Su trabajo se centraba, principalmente, en temas de microeconomía, competencia, regulación y materias laborales. Por ello su nombre sonó con fuerza como ministro del Trabajo, ya que incluso fue el encargado del área laboral en los grupos Tantauco, el think tank de Piñera que elaboró el programa de gobierno.

Un ex alumno suyo dice que el actual superintendente ha mostrado un interés especial en lo que él llama los “defectos en la información”, esos vacíos que permiten a algunos agentes del mercado aprovecharse de otros. Y que los ha atacado, precisamente, aumentando las exigencias de información al mercado.

Ello también se reflejaría en el empeño que ha puesto por sacar adelante la certificación de los corredores de bolsa y agentes de valores. Si bien era una medida en la que la SVS venía trabajando desde las administraciones anteriores, el impulso dado por Coloma ha sido vital.


Multas millonarias

Pero donde más activo ha estado el regulador –al menos, mediáticamente–es en lo relativo a sanciones. La SVS rara vez había aplicado multas tan fuertes, tantas censuras y exigido tanta información como ahora. Sólo en lo que va de este año ya ha cursado más de 15 sanciones por un monto cercano a los 10 millones de dólares.

En 2011, el ente regulador aplicó 80 multas; en 2010 fueron 49; en 2009 aumentaron a 146 y en 2008 totalizaron 49. Claro, que según un ex superintendente, la aplicación de sanciones no tiene que ver con “la mano” del supervisor, porque la norma indica claramente cuándo corresponde multar o no.

En todo caso, en la misma súper reconocen que a Coloma no le tiembla la mano. Es un hombre que no duda cuando cree que sus decisiones son las correctas. Por eso estudia mucho, pide reuniones e informes y analiza todas las aristas de un caso antes de proceder.

Quienes han trabajado con él aseguran que, por eso mismo, no suele delegar. Le gusta controlar las cosas y sus jornadas de trabajo son tan largas y extenuantes que a veces se reúne con sus hijos en las oficinas de la SVS en Alameda con Amunátegui.
Una de las primeras sanciones mediáticas que cursó fue la multa a dos gerentes de AFP Habitat, en abril de 2010 por operaciones bursátiles que a juicio de la autoridad vulneraban algunas normas sobre información privilegiada. Unos meses después suspendió las operaciones de la agencia de valores Magnus, por no mantener el patrimonio mínimo exigido para asegurar su correcto funcionamiento. Ello, pese a que la entidad no operaba como tal. Luego multó por sus actuaciones cuando trabajaban en EuroAmerica a los ex corredores Francisco Montaner y Roberto Guzmán y a Fit Research Corredores de Bolsa, donde se desempeñaban en ese momento.

Pero de todas las sanciones aplicadas hasta ahora, las mayores corresponden al caso La Polar. Tras ocho meses de investigación, la SVS sancionó en marzo pasado a 22 ex ejecutivos y ex directores de la multitienda además de la auditora PwC y un socio de ésta, con un monto total de 2.750 millones de pesos –unos 5,7 millones de dólares– por la entrega de información falsa, faltas al deber de cuidado y diligencia de directores y ejecutivos y uso de información privilegiada, entre otras razones.

Tras las multas, la SVS ha seguido investigando y se espera un próximo pronunciamiento sobre el rol que las corredoras de bolsa tuvieron en todo el escándalo.

A Coloma se le criticó en un principio haber actuado tardíamente, aunque después se llegó a insinuar que se había obcecado con el caso al exigir a toda la industria del retail realizar una mayor apertura en sus estados financieros.


El mercado nunca duerme

Sin haber dejado atrás el caso La Polar, ya a fines de abril el regulador dio otro “golpe” al suspender las acciones de las sociedades cascada con que Julio Ponce mantiene el control de SQM. La orden del fiscalizador fue considerada como un hecho casi histórico, ya que en las últimas dos décadas los distintos superintendentes tuvieron en la mira esas firmas sin que de la observación se pasara a la acción.

Y como si todo eso fuera poco, el viernes 4 de mayo la entidad volvió a los titulares al sancionar con 1.200 UF (unos 27 millones de pesos) a CB Corredores de Bolsa, del grupo Cruzat. La firma ya había sido suspendida en el marco de una extensa investigación a ese grupo, que también tuvo paralizadas las transacciones de Curauma.

A todo eso, se suman las cada vez más frecuentes –y silenciosas– fiscalizaciones en terreno. Emulando en cierta manera las prácticas del Servicio de Impuestos Internos, funcionarios de la SVS han llegado a las oficinas de algunas compañías a requerir información financiera y contable.

Todos estos casos han generado la tesis de que Coloma contaría con un piso político que sus predecesores no tuvieron: un gobierno de centroderecha donde nadie podría acusar a la autoridad de estar persiguiendo a los empresarios.

Claro que en su entorno desestiman esa idea, tanto como la existencia de una agenda sancionadora. “No es el sheriff, como lo han querido presentar”, advierten. Y explican que todo se debe al momento: a Coloma le tocó hacerse cargo del organismo supervisor justo en medio de procesos que venían de las administraciones anteriores y en un periodo en que todo el mercado, sus prácticas y sus agentes están en entredicho.

Además, ha sido en los últimos meses cuando han estallado casos más mediáticos y al fin los accionistas minoritarios parecen despertar del letargo, exigiéndole al regulador que revise aquellas situaciones “sospechosas” que bordean la legalidad.

Un ex superintendente dice que así como Álvaro Clarke tuvo que enfrentar el tema de los cambios de propiedad que se hicieron sin considerar a todos los accionistas, a Alejandro Ferreiro el caso Schwager y a Guillermo Larraín le tocó el estallido de los casos de uso información privilegiada, a Coloma le correspondió este escenario.

 


“Haciendo la pega”

Como el superintendente prefirió no participar en la elaboración de este artículo, Capital conversó con su entorno, donde muchos de quienes lo conocen o han trabajado con él pidieron mantener sus nombres en reserva. Tanto en la Universidad Católica como en la Sofofa –de la que ha sido asesor en materias laborales– coinciden en su interés por mantener un perfil bajo.

De hecho, a sus cercanos les ha confidenciado que no le gusta aparecer en el papel de perro guardián del mercado, porque él considera que tan sólo “está haciendo la pega”.

En Canal 13, donde este hermano del senador de la UDI Juan Antonio Coloma alcanzó a estar tres años en la presidencia del consejo de la corporación, aseguran que su estilo es así: silencioso y decidido. Que suele llevar nota de todos los temas que se le cruzan y que se involucra en las actividades más insólitas con tal de entender a cabalidad de qué le están hablando. También, que carece de ambiciones políticas y que considera a la academia como su hábitat más natural.

El ex director general del Festival de Viña y gerente de regiones de esa casa televisiva, Ricardo de la Fuente, recuerda que para una transmisión del evento viñamarino Coloma anduvo por la misma Quinta Vergara conociendo los pormenores de la producción. “Estaba interesado en entender bien este proceso de alianza entre Canal 13 y TVN, y que fue muy provechoso en términos económicos para el canal”, dice.

Durante su administración, le correspondió enfrentar uno de los momentos más difíciles de ese canal, por la emisión de una entrevista a Gema Bueno, quien después reconoció haber mentido en sus acusaciones por el caso Spiniak. El canal tuvo que pedir disculpas públicas al senador Jovino Novoa (UDI) al comenzar su noticiario central y el departamento de prensa de la estación fue modificado. En todas esas decisiones, recuerda un testigo, la voz de Coloma fue clave.

En términos financieros, eso sí, la gestión tuvo muchos matices y él renunció a la estación en medio de una situación económica compleja gatillada por los altos costos de producción que, en el sector estiman, lo hacían la menos eficiente de toda la industria.

 

El turno de auditoras y clasificadoras

Entre los próximos pasos que este fanático de la U tiene planeado para la SVS y sus 304 funcionarios, figuran consensuar con el mercado una fórmula para que los emisores comiencen a entregar sus balances con mayor rapidez y mejorar la supervisión de las auditoras y clasificadoras de riesgo.

El foco estará puesto en evitar los conflictos de interés y revisar la metodología de trabajo de esas entidades.

Con un presupuesto anual de 13 mil millones de pesos, el organismo consiguió este año que Hacienda aprobara una asignación adicional para contratar a 15 nuevos profesionales para tres nuevas divisiones: de análisis financiero, de auditoría externa y de riesgos. Todos, para seguir estrechando el cerco y mejorar la transparencia del mercado.