Un extraño espectro recorre el territorio sónico de Norteamérica y lo nuevo de The Shins está aquí para hacerse cargo de aquello. Un disco notable que nos hace recordar también parte de lo mejor que nos dio el 2006. Para muchos, The Shins no eran más que la bella “The new slang”, aquella melancólica canción […]

  • 26 enero, 2007

Un extraño espectro recorre el territorio sónico de Norteamérica y lo nuevo de The Shins está aquí para hacerse cargo de aquello. Un disco notable que nos hace recordar también parte de lo mejor que nos dio el 2006.

Para muchos, The Shins no eran más que la bella “The new slang”, aquella melancólica canción de la banda sonora de Tiempo de volver (Garden state). El tema provenía de su debut, Oh, invertid world de 2001, pero no fue hasta el Grammy ganado por su soundtrack en 2005 que nos sumergimos en el peculiar talento de esta banda de Albuquerque. En 2003 habían editado Chutes too narrow, un disco delicioso que mezclaba una extraña urgencia y fuerza en las guitarras, adobadas por la aguda y vibrante voz de su cerebro James Mercer. La banda sonaba fuerte, pero la furia provenía de la energía de la interpretación más que del peso real de sus instrumentos.

The Shins tenía la envidiable y poco común virtud de proyectar una moral indie y una identidad muy propia sin perder su vocación por el diseño de notables y entrañables melodías: su equilibrio entre guitarras y voz era simplemente irresistible. Chutes too narrow era un disco seco, preciso y macizo que posicionó a The Shins como una de las bandas a las que había que vigilar de cerca; los tipos estaban para grandes cosas.

Tiempo se demoró el grupo en editar un nuevo trabajo y el 23 de enero por fin apareció Wincing the night away, su primer disco con material inédito en casi cuatro años. Muchas cosas sorprenden en este primer álbum post Garden state de los norteamericanos y son variadas las rutas que permiten acercarse hacia su territorio sónico.

Esta tercera producción es un disco ambiguo que profundiza el compromiso del grupo por hacer música relevante y urgente, pero que al mismo tiempo marca un despegue hacia nuevos sonidos. Allí está la voz algo destemplada pero única de Mercer, esta vez acercándose aún más al new wave y a una actitud muy Talking Heads. Allí están, también, sus inconfundibles guitarras, hermanas de las de Johnny Marr, mítico y fundacional guitarrista de The Smiths.

Wincing the night away puede ser un The Shins recargado, pero el despegue tiene que ver con cierta profundidad, cierta textura que la banda ha incorporado, que resultaba inaudible en álbumes anteriores y hace que este trabajo resulte emocionante y particularmente melancólico. Hay una suerte de fatalidad sónica, una zona de sombras que recorre el disco completo y que contrasta en notable contrapunto con la potencia de las canciones.

Todo lo anterior podría ser solo un ardid de producción, una cabriola de perillas, pero el asunto es mucho más complejo y sintoniza muy bien con otro notable disco, esta vez del año pasado: The information, de Beck. Es la profundidad de campo abarcada por estos dos discos tan próximos en el calendario lo que me hace pensar que hay algo allá en el norte que no anda nada de bien y que esta era de información y guerra ya se está colando en las partituras de quienes son capaces de reflejar y dar forma a su tiempo: ello no solo está presente en las letras sino además en la dimensión ambigua e inconsciente de actitud y sonido, donde la duda se escucha y la tensión se siente

The Shins trae algo de aquello en su nuevo disco y se agradece. Por la intensidad de las canciones y la impactante voz de Mercer, pero también por hacerse cargo de recoger el ruido de fondo, siempre tan esquivo, tan difícil de registrar.