El ministro de Desarrollo Social, Alfredo Moreno, habla de los inicios de su preocupación por la pobreza y adelanta algunos de los lineamientos de su cartera.

  • 29 marzo, 2018
Fotos: Verónica Ortíz

Al terminar la tarde de un lunes en La Moneda, mientras el ministro de Desarrollo Social Alfredo Moreno se saca fotos en un patio frente a su oficina, divisa a lo lejos a Andrés Chadwick, titular de Interior, subiendo una larga escalera. “¡Andrés, Andrés, Andrés!”, llama con insistencia. El segundo hombre de Palacio, con mirada muy seria, se acerca a su colega de gabinete. Conversan largos minutos. Moreno sonríe; parecen negociar un punto de vista, y la charla termina en un aparente acuerdo.

“¿Estaba haciendo política, ministro?”, le pregunto. El empresario, que fue canciller, dice que es algo más que eso: que la clave en todo orden de cosas es conversar, ponerse en el lugar del otro. Salvando las distancias, su afición a los caballos –a la que llegó no por herencia familiar, sino por opción personal– le ha enseñado, según cuenta, la virtud de escuchar. Entre los criadores de estos animales hay especialistas que susurran a los equinos, para tranquilizarlos, un oficio que Robert Redford popularizó en la película The Horse Whisperer (1998).

Moreno comenta que la película, si bien es bastante correcta, exagera algunos aspectos como toda obra de Hollywood. Pero confidencia que ha aprendido a relacionarse con esos cuadrúpedos, que de algún modo se comunica con ellos, los hace sentir en confianza, no amenazados. “En vez de castigarlos, de doblegarlos, resulta mucho mejor intentar comprenderlos, y así te siguen. Pasas a ser su amigo, parte de su grupo”.

-¿Eso en la política lo ha ayudado?

-Yo pienso que la mejor manera para entenderse con otras personas ha sido primero escuchar y ponerse en la situación del otro, tratar de entender qué es lo que le interesa, cuáles son sus necesidades, cómo ve la situación. Hay una vieja expresión que dice que uno ve según donde están sus pies. Es bueno tener eso en cuenta, para no quedarte en tu propia parcela. Buscar acuerdos mutuamente convenientes; eso es parte de la política.

-Se ha dicho que usted, en el gabinete, tendrá la función de moderar las posturas extremas…

-Recién estoy aquí, pero creo que las personas tienen alguna parte de verdad y que vale la pena escucharlas. Particularmente en la política, si uno quiere resolver cualquier dificultad, lo primero es entender a las personas que sufren los problemas. En materia social es especialmente importante. Muchas veces el Estado realiza ayudas para tales personas; hoy día eso no sirve, tenemos que hacer cosas CON esas personas, entender SUS problemas y ver qué es lo que realmente podríamos hacer, que les sirva.

Historia de una vocación

Moreno llegó al segundo gobierno de Piñera como la gran apuesta y rostro del énfasis social que el presidente quiere darle a su administración. Muchos piensan que será un área fundamental para el éxito de la centroderecha y su desafío de volver a ganar en cuatro años, para no ser un simple paréntesis. Dicho de otro modo, que la abultada victoria electoral de diciembre se convierta en un nuevo consenso, tal como lo hizo la Concertación durante 20 años.

¿De dónde viene el interés por el tema social del ministro? La familia materna de Moreno es de Viña del Mar, pero él nació en Santiago (su padre era un alto ejecutivo de la Coca-Cola) y estudió en el San Ignacio de El Bosque. Allí se encontró con un ambiente agitado por la política, dividido entre la revolución, el reformismo y la defensa del statu quo. “Salí el 73 de cuarto medio, me tocó uno de los períodos más convulsionados de la historia de Chile. El colegio tenía un sello por los pobres muy marcado, en esa época comenzaron los trabajos de verano, los trabajos de fábrica, las comunidades de vida cristiana. Eso a mí me marcó mucho”.

-Usted tenía 16 años cuando murió su padre. Fue un golpe muy duro.

-Sí, efectivamente. Algunos años antes, él tuvo un primer infarto, después estuvo un largo tiempo en una semiconvalecencia, posteriormente murió de un ataque al corazón, muy joven, a los 48 años. Yo era muy cercano a él, era el hijo hombre mayor. Su muerte nos cambió radicalmente la vida. Mi madre se puso a trabajar; tenía una hermana que se dedicaba a algo que en ese tiempo no era común, que era la banquetería, hacer matrimonios, comidas. La empresa era muy conocida en Viña del Mar, y mi madre creó la sucursal acá.

-Tuvo que sostener a la familia.

-Sí, totalmente. Trabajó también en una empresa que buscaba compradores de autos. Y algunas personas llegaron a vivir a la casa, pagaban por ocupar piezas. Vivíamos en la zona del Teatro Las Lilas, Providencia. Me tocó una adolescencia dura, pero al mismo tiempo me permitió conocer gente distinta, participar de muchas iniciativas en las que a lo mejor no habría participado, me dio una visión más amplia de la sociedad. Me metí de alma y corazón en los temas sociales. Muchos de los líderes en ese ámbito provienen de esa época. Benito Baranda pasaba en mi casa. Felipe Berríos estaba un curso más abajo que yo. De mi curso, que éramos 40, seis fueron sacerdotes, entre ellos el obispo Juan Barros.

-¿Eran amigos?

-No, pero se sentaba cerquita mío. Era una persona, cómo decirlo, que no tenía grandes amigos, pero tampoco enemigos.

-¿Ha tenido contacto con él ahora que ha sido acusado de encubrir abusos?

-Lo he visto muy poco, me lo encontré una vez en un avión hace varios años atrás. Fue antes de todos estos problemas.

-¿Qué le parece su situación?

-Lo lamento por él, y lamento en general todo lo que ha pasado en esta materia con la Iglesia. Ha habido mucha gente que ha sufrido. Además, la Iglesia ha tenido un detrimento, porque le ha sido difícil enfrentar esto de buena manera. Los cambios que requieren estos abusos, reconocer las faltas, corregir los errores, encarar de frente cosas como estas, son complejos, pero completamente necesarios.

-¿Jorge Burgos era compañero suyo?

-Sí, del mismo curso, pero él repitió. Lo conozco muy bien.

-Le pregunto porque en ese tiempo usted era de centro o simpatizante DC.

-Nunca he participado en ningún partido, pero en aquella época había una cosa dura, entre partidarios y opositores al gobierno, y yo era opositor a Allende, pero por otro lado tenía una muy fuerte preocupación por lo social.

-¿En qué tipo de actividades participaba?

-Creamos los trabajos de fábrica, que consistían en vivir y trabajar como obrero. A mí me tocó irme a una fábrica en Las Rejas que se dedicaba a hacer tornillos, tuercas; con lo que ganábamos pagábamos una vivienda en una población, Los Nogales. Uno quedaba agotado con el trabajo, después dormíamos en un saco de dormir, en un lugar que era peligroso. Había mucha violencia, mucha división política. Cualquier cosa hacía soltar una chispa y se producía un problema. Después de eso hicimos los primeros trabajos de verano.

-Usted habló de esto en Icare y contó una historia muy comentada…

-Lo que pasa es que yo estoy pidiendo al sector privado que se involucre, no solo con recursos, sino con tiempo, con acción. Por eso conté el ejemplo de Hugo Giaconi, que murió hace poco. Una de las personas que fue a este trabajo de verano en 1974 fue su hijo Ignacio, que tenía un problema de corazón de nacimiento. Me llamó su padre, que era un gran empresario, y me dijo: “Si él es feliz, que vaya. Ignacio debería haber muerto a los 12 años, lo he tenido cuatro años más de lo que esperaba”. Fue con nosotros, pero era un trabajo físico muy duro.

-No era recomendable para una persona con esa deficiencia cardíaca.

-Claro. Y efectivamente tuvo un problema, me despertaron en la noche, tenía un ataque, estábamos en un lugar muy alejado, en un asentamiento en las cercanías de Putaendo. Eran las tres o cuatro de la mañana, tuve que buscar un caballo y a caballo buscar a un señor que tuviera un tractor. Lo llevamos hasta Putaendo, llamamos al papá. Estaba en muy malas condiciones. Y bueno, llegó su padre, lo trasladó hasta Santiago y en el hospital le dijeron que no había nada que hacer, que se lo llevara a su casa. Y murió en su casa. Fue un shock. Éramos 100 voluntarios y todos nos volvimos a Santiago. Fuimos al funeral, y al terminar se me acerca Hugo Giaconi y me dice: “¿Cuándo volvemos?”. Yo le dijo que no, que estamos destrozados. “Trajimos todas nuestras cosas, las carpas, los víveres. Nadie tiene ánimo de volver”, le cuento. Insistió: “Yo tengo que terminar lo que empezó mi hijo”. Eso hizo una diferencia grande. Volvimos los 100, fuimos con Hugo, que dormía en el mismo saco de su hijo, en el mismo galpón, en el suelo. Trabajaba todos los días con nosotros, y terminamos el trabajo. Mi mensaje a los empresarios era: si uno de ustedes da el ejemplo, 100 jóvenes los van a seguir.

-¿En los tiempo de Pinochet siguió vinculado a estos temas?

-Seguí trabajando en la Pastoral, yendo a misiones, a trabajos de verano, después a través de las fundaciones, en la Teletón, en el Hogar de Cristo, Paz Ciudadana. Pienso que el concepto de la pobreza tenemos que ampliarlo, porque hay personas que no son pobres pero viven en barrios tan difíciles que no tienen igualdad de oportunidades. ¿Cómo va a ser posible que una persona viva en una casa y lo pueda matar una bala loca? O que no pueda tomar un trabajo que signifique que tiene que volver después de que anochece, porque si llega a su población lo pueden asaltar. Entonces, me parece que el concepto de vulnerabilidad es más amplio que le mera pobreza.

-¿Durante la dictadura participó en política?

-No.

-¿Votó por el Sí?

-Efectivamente. Pero si hubiera sabido lo que iba a ser la Concertación, durante los primeros 20 años, pienso que habría apoyado el NO.

La tarea encomendada

Algunos analistas han propuesto, en forma apresurada, el nombre de Moreno como probable futura carta presidencial. Para el empresario, es una discusión fuera de lugar. “Nunca he sido candidato, ni soy candidato a nada. Solamente tengo un trabajo que me ofreció el presidente y que me parece emocionante. Importante”, explica. “Se puede hacer una diferencia, en conjunto con todo el gabinete, y esa es mi tarea. El gobierno está recién comenzando y creo que a veces hay confusión. Cuando uno dice que a Chile Vamos le interesa que haya no solamente un período de cuatro años sino que se continúe adelante, para obtener los resultados, y que la gente vuelva a confiar, se refiere al sector, a un grupo que tiene ciertas ideas, no a una persona en particular”.

-Usted llega a un cargo con mucha expectación, muy empoderado. ¿Qué desea conseguir?

-Esto es parte de un mandato del presidente que ha señalado que quiere que su gobierno tenga un sello social, una preocupación por las personas que más lo necesitan. Eso no se expresa solo a través del Ministerio de Desarrollo Social, sino en todos los ministerios. No soy solo yo el llamado.

-¿Se lo esperaba?

-No me pareció sorpresivo que me pidiera que estuviera en el gobierno, pero sí estar en Desarrollo Social. Yo venía de estar en la Confederación de la Producción y el Comercio. Tal como la Iglesia católica, que tiene que volver a acercarse a la ciudadanía, eso también sucede con el empresariado. La tarea que me tocó en la CPC fue precisamente buscar cómo conectar la empresa con la sociedad. Entonces, esa experiencia tiene un nexo con lo que hoy día me toca hacer.

La misión que me encargó el presidente me pareció que era una tarea apasionante de llevar adelante. Y además, me parece que tiene toda la razón. Si hay algo que le falta a la centroderecha, es que la política tiene que estar a favor de las personas. Se han creado unos mitos que yo no comparto, de que hay una despreocupación por la pobreza, que solo hay preocupación por los números económicos, como si detrás de los números económicos no hubiera personas.

-Daniel Mansuy decía que todavía en el sector hay personas que no tienen idea de las dificultades que pasan los más postergados.

-Yo creo que hay dos cosas. Se puede hacer más, y ese es el llamado del presidente. Por otro lado, hay pruebas fehacientes de que las buenas políticas públicas causan mucho bienestar y las malas políticas producen mucho deterioro, especialmente de los pobres. Tenemos a un país como Chile que ha crecido nada: hemos perdido cuatro años desde el punto de vista de las personas. La tasa de inversión ha estado cayendo como no sucedía hace 50 años. No solo perdimos cuatro años; también perdimos parte de la base que necesitamos para los años que vienen. La calidad del empleo de los más pobres se ha deteriorado. Tenemos muchas más personas que tienen empleos por cuenta propia, empleo informal, personas que no tienen contrato y no tienen previsión, y que el día de mañana van a tener graves problemas en sus pensiones. Las recetas de la izquierda son mucho titular, pero en vez de producir progreso, producen pobreza.

-¿Usted cree que si la centroderecha demuestra que puede hacer una labor social importante puede optar a un nuevo período de gobierno?

-Sí, yo creo que en la medida de que la gente perciba que su vida está mejor y que las promesas de campaña se cumplieron, y que ven mejores posibilidades para ellos y sus hijos, es la base sobre la cual se construye la posibilidad de que el gobierno tenga una continuación con gente de sus ideas.

-Usted en Icare dijo una frase muy criticada, sobre los problemas sociales que acarrea la inmigración. ¿Usted cree que hay que poner más trabas de ingreso?

-Yo he sido muy claro. En primer lugar, la migración es positiva. Este país se ha construido de inmigrantes, y cada uno ha hecho su aporte. Hoy hay muchos trabajos que hacen personas de otros países, incluidos trabajos que algunos chilenos no quieren realizar. Entonces me parece que por los talentos, por darle diversidad al país, bienvenida la migración. Dicho eso, lo que necesitamos en Chile es una migración legal. Donde las personas que vienen acá sepan a qué vienen. Lo que yo he querido decir es que para nosotros los migrantes son como chilenos y tienen acceso a todos los beneficios sociales que la ley establece. Cada vez que ingresa un migrante tomamos una responsabilidad. Por lo mismo, no podemos aceptar que haya una mafia en esta materia que trae a muchos de estos migrantes sin saber a lo que vienen.

-¿Cree que hay una mafia?

-Sin duda, hay una investigación de la fiscalía que los está mirando, todos llegan con el mismo sobre.

-¿Qué trae ese sobre?

-Trae el dinero que se le exige a cada turista que ingresa, su supuesta reserva de hotel. El problema es que no podemos traer a personas que estén engañadas. Segundo, desde el punto de vista de los chilenos, tenemos que hacernos responsables de las personas que entran a Chile, porque son seres humanos a los cuales hay que brindarles toda la colaboración que necesitan. Y en tercer lugar, cuando las personas son inmigrantes ilegales, entonces, no tenemos la información para poderles colaborar. Estas personas no tienen ni siquiera un RUT, ¿de qué manera podemos nosotros trabajar con ellos y darles la asistencia que necesitan? Hay que estar a favor de la migración, que es totalmente necesaria y positiva, pero es fundamental tener la responsabilidad de que las personas que vienen sepan exactamente cuál es la realidad. Y de esa manera creo que es mejor para todos.

-Uno de los grandes temas que ha dicho priorizar el presidente Piñera es la infancia. ¿Cuál es su diagnóstico?

-Al iniciar esta entrevista, le decía que para poder entender los problemas de las personas, hay que escucharlos. Y para escucharlos, primero hay que verlos. Y hay muchos problemas en Chile que no vemos. Usted me preguntaba por los migrantes, son miles, pero los pobres por ingresos son dos millones y no los vemos. Otra de esas deudas que se mantenía invisible es la realidad de estos niños. Creo que lo que ha pasado con el Sename es espantoso y además inaceptable, la sociedad no lo vio por mucho tiempo. Y cuando lo vimos, nos hemos horrorizado por cómo sucedía tan cerquita de nosotros. Pero tenemos otros casos como la situación de las cárceles. Y más: en Chile decimos que hemos arreglado el tema del agua potable desde hace muchas décadas, pero aún hoy, en 2018, hay muchas personas que no tienen acceso a agua potable y alcantarillado. Y eso pasa en Santiago y para qué decir en zonas rurales. No es un problema de una emergencia, sino de todos los días.

Por eso, yo he planteado que la primera cosa que tenemos que hacer en este concepto de sello social, es saber cuáles son lo problemas sociales más críticos que tiene el país y tenerlos claros, determinados, enfocados, con objetivos, medidos; y que podamos resolverlos en la medida de los posible, con responsabilidad pública, y mostrándole al país cuánto avanzamos y no avanzamos en cada uno de ellos.

-¿Hay otros Sename, por así decirlo, que estamos obviando?

-El ejemplo del Sename en otros grados y magnitudes se da en otras partes también. Y no los vemos.

-¿En infancia específicamente, cuál es la propuesta?

-El presidente lo ha resumido en la frase, los niños primeros en la fila. La idea es hacer inversión muy sustantitva en los primeros años de vida. Vamos a hacer un llamado a las fuerzas políticas de todos los sectores, de manera tal que podamos concordar en un paquete de medidas que nos aseguren que desde el momento en que el niño nace, si se dedica, se esfuerza, estudia y si trabaja con ahínco, va a salir adelante.

-El Sename se va a dividir.

-Se crean dos servicios que reemplazan al Sename. Uno para aquellos niños que son infractores de ley y otro para los niños que están ahí para protegerlos.

-¿Para que no sean escuelas del crimen?

-No solo eso, que lo son, sino para cautelar los derechos y poder realmente hacer los programas que les den una oportunidad a esos niños de salir adelante. Son niños que vienen de familias disfuncionales y han sido vulnerados gravemente a veces por las personas que están en sus núcleos donde viven. En esta misma línea, este ministerio va a pasar a ser el ministerio de la familia.

-¿De qué manera?

-Hoy día hay programas que atienden a los niños, otros a los adultos mayores, otros a los consumidores de drogas, otros a personas que están sin trabajo. Hay una diversidad, pero falta la perspectiva completa. Resulta que si vemos a un niño con problemas, actúa el Sename, va donde un juez y lo saca de la familia. Pero probablemente la causa de eso es que el padre está en la droga, o a lo mejor el hermano tiene problemas delictuales y a lo mejor la madre que era el sostén de la familia, hoy no tiene trabajo.

No digamos que hay una solución mágica que vaya a resolver los problemas de esas familias, pero se puede optar por una visión integral, multidisciplinaria. Para que, eliminadas las causas, el niño esté más seguro. Porque hay una cosa que es evidente: que lo mejor es que un niño esté en su familia. Tiene que ser una cosa muy excepcional sacar a un niño de su familia porque ahí están las personas que, aun cuando tengan problemas, son las personas que lo quieren.

-Quizá los grandes olvidados de hoy, además de los presos, sean los adultos mayores.

-Hoy estamos concentrados en el problema de los niños, pero Chile es uno de los países que está pasando más rápidamente de ser un país de jóvenes a ser un país de viejos. Estamos envejeciendo a una tasa muy acelerada. Prácticamente no hay ninguna familia que no tenga un adulto mayor. Muchos han perdido la memoria, no se pueden valer por sí mismos. ¿Quién se hace cargo? Lo lógico es que sean familiares. Nunca van a poder ser reemplazados por personas contratadas por el Estado. Nuestra propuesta es colaborar con esas familias, cuando no son capaces de sostener al abuelo o la abuela. Hay algunos programas ya, pero queremos incrementarlos. Es un problema que va a ser creciente. Como decía antes, es un problema que necesitamos ver. Y enfrentar.