Por: María José Gutiérrez ¡Gran día para Chile! La visión de los Tompkins y la voluntad y aportes del Estado, crean la red de Parques Nacionales de la Patagonia”. El tuit de la presidenta Bachelet el 15 de marzo, dio a conocer la firma del protocolo para la creación de ocho parques –incluyendo la reclasificación […]

  • 25 octubre, 2017

Por: María José Gutiérrez

¡Gran día para Chile! La visión de los Tompkins y la voluntad y aportes del Estado, crean la red de Parques Nacionales de la Patagonia”.

El tuit de la presidenta Bachelet el 15 de marzo, dio a conocer la firma del protocolo para la creación de ocho parques –incluyendo la reclasificación de dos reservas naturales– por un total de 4,5 millones de hectáreas: el mayor proyecto de conservación terrestre en Chile desde la década del 60.

Esa mañana, la fundación Tompkins había formalizado el traspaso de 407 mil hectáreas al fisco para ser parte de la red. De ellas, 26 mil (producto de la donación del Parque Cabo León) se sumarían a las 2,3 millones de hectáreas que se encuentran protegidas en la Reserva Natural Alacalufe y a otras 501 mil que serían aportadas por el fisco para formar el nuevo Parque Nacional Alacalufes. Con 2.842.210 hectáreas protegidas, este sería el más grande del país.

En Puerto Natales, Marcela Caro (46) celebró. La trabajadora de la pesquera Reymar y representante de la comunidad kawésqar As Wal La Iep, se había reunido durante meses con el seremi de Bienes Nacionales, Víctor Igor, para trabajar en un acuerdo para la reclasificación y ampliación de esa reserva natural.

Sin embargo, a medida que pasaron los días su ánimo cambió. “Pensábamos que también se iba a resguardar el mar. Pero nos encontramos con la sorpresa de que los ministros se reúnen y toman decisiones por un pueblo que está prácticamente en extinción”, asegura.
El 10 de abril, el Consejo de Ministros para la Sustentabilidad de la Red de Parques de la Patagonia –integrado por los titulares de Medio Ambiente, Desarrollo Social, Economía, Hacienda, Bienes Nacionales, OOPP, Energía, Minería, Salud y Transportes– se reunió en una sesión extraordinaria para definir los alcances y el detalle del protocolo que había anunciado Bachelet en marzo.

Fue en ese encuentro que el entonces ministro de Economía, Luis Felipe Céspedes, explicitó que el nuevo Parque Nacional Alacalufes solo protegería el área terrestre, tal y como estaba establecido en la reserva natural existente. Con ello, sería el único de la Región de Magallanes que dejaría fuera de la zona de protección al mar.

El protocolo

El 22 de septiembre pasado, cuatro comunidades kawésqar enviaron una carta a la presidenta Michelle Bachelet. En ella, le pidieron su intervención “urgente” para corregir una situación “abusiva” en contra del pueblo indígena. “Usted ha sido recientemente señalada por la comunidad internacional como una de las líderes en la protección de los océanos del planeta (…) Solicitamos que se incluya como área protegida el perímetro del parque nacional que conforma parte de nuestro territorio y hábitat milenario”, era el contenido de la misiva.

Meses antes le habían mandado otra carta, con el mismo motivo, para el Día de la Mujer Indígena. Nunca recibieron respuesta.

Detrás de su redacción estuvo Leticia Caro, representante de la comunidad kawésqar Grupos Familiares Nómades del Mar. Caro vive en Punta Arenas y trabaja en la unidad de hemodiálisis del Hospital Clínico. Su tronco familiar proviene de la península Muñoz Gamero y, al igual que Marcela Caro, de quien es pariente lejana, está abocada a recuperar la cultura indígena.

“Estamos tratando de concientizar a la presidenta. Enviamos también una carta a la FAO porque esto va a afectar nuestra calidad alimentaria”, dice Caro, quien asesorada por Juan Carlos Cárdenas, de Ecocéanos, y por Greenpeace, alega que el gobierno quiso buscar la firma del protocolo y así saltarse la consulta indígena.

Poco después del anuncio de la presidenta Bachelet en marzo, el seremi de Bienes Nacionales, Víctor Igor, entabló conversaciones con varios representantes de la etnia kawésqar para alcanzar un protocolo. Sin embargo, el proceso generó ruido y no se logró la unanimidad. “Ellos estaban a favor de la creación del parque y de contrapartida habían solicitado ser parte integrante del manejo de este. Eso se llevó a cabo. Se hizo una conversación con todas las comunidades. Hubo algunas que optaron por firmarlo, otras no. El protocolo nunca quiso excluir nada. Buscábamos un mecanismo unánime y, en conjunto con el Estado, el camino más expedito para concretar cambios que eran anhelados por las mismas comunidades”, asegura Igor.

La ministra de Bienes Nacionales, Nivia Palma, aclara que la intención del gobierno no era saltarse la consulta indígena: “Se me informó que todas las comunidades estaban de acuerdo y que no se haría consulta. Pero no es la opinión que he tenido y es lo que acordamos con el comité de ministros, y la subsecretaria de Desarrollo Social dijo que prefería la consulta”.

[box num=”1″]

Así, el 29 de junio se les comunicó a los kawésqar que se llevaría a cabo una consulta indígena. El 30 de septiembre y 1 de octubre se realizó el proceso en el que participaron 12 comunidades. Por acuerdo de ambas partes, se decidió que sería cerrado, es decir, que mientras la ministra Palma no decretara el cierre no se podría entregar información sobre los acuerdos.

Las comunidades manifestaron 12 puntos. Estos van desde el cambio del nombre a Parque Nacional Kawésqar (en vez de Alacalufes), hasta la creación de un área marina costera protegida de múltiples usos.

Lo que viene

En los próximos días, la ministra de Bienes Nacionales deberá entregar a la presidenta y al Comité de Ministros el informe con los antecedentes recabados en la consulta indígena. Palma adelanta que la demanda por el cambio de nombre del parque probablemente será acogida, pero que la inclusión del mar es una decisión que recae exclusivamente en Bachelet. “Si la presidenta declara el área protegida para múltiples usos, demorará dos años más porque obliga a consultar a distintos organismos y hacer trabajos de estudios. Por lo tanto, si decidiera acogerlo, no puede incluirlo en el decreto de la creación del parque”, aclara.

Al respecto, el ministro del Medio Ambiente, Marcelo Mena, intenta poner paños fríos: “Brindar la categoría de Parque Nacional a la actual Reserva Nacional Alacalufes excluye el desarrollo de actividades económicas extractivas en el área, de modo de alcanzar un balance adecuado en la protección de nuestros suelos y aguas. Por lo tanto, considerando la información recabada en la consulta indígena, se llevará a cabo un análisis exhaustivo con el fin de evaluar la posibilidad de establecer nuevos límites para el Parque Nacional Alacalufes, teniendo en cuenta la demanda ancestral del pueblo kawésqar”.

Agrega que el gobierno ha sometido diversos instrumentos administrativos y proyectos de ley a procesos de consulta indígena. Un ejemplo concreto fue la creación del Área Marina Costera Protegida de Múltiples Usos en Rapa Nui. “Esto reafirma la voluntad de la presidenta de respetar los compromisos internacionales y de incluir a los pueblos originarios en la protección del patrimonio natural y en el uso sostenible de la biodiversidad”, explica Mena.

Pero no todos piensan igual: “En la región ya existen los parques nacionales Bernardo O’Higgins y Alberto de Agostini. Y con el Alacalufes, quedarán protegidos dos tercios del territorio de Magallanes”, asegura una fuente del gobierno. En caso de que se proteja el mar, “prácticamente no quedarían áreas marítimas disponibles y que cuenten con la debida aptitud técnica (profundidad, corrientes, niveles de oxígeno, entre otros) para desarrollar un proyecto de acuicultura”, agrega Eugenio Zamorano, jefe de la división Acuicultura de la Subsecretaría de Pesca.

[box num=”2″]

Actualmente existen 28 concesiones acuícolas al interior de la reserva Alacalufes, 27 de salmones y una de choritos. En trámite, hay otras 146 (118 de salmones, 22 de choritos y 6 de algas), aunque Zamorano aclara que “históricamente, cerca del 70% de las solicitudes en trámite nunca llegan a término y se rechazan por diversas razones propias del proceso”.

Desde Grrenpeace, Estefanía González, coordinadora de oceanos advierte: “Si hoy no se rechazan todas las solicitudes de salmonicultura en Magallanes, se está condenando a muerte al que será el Parque Nacional más grande del país, el gobierno mostrará que su legado ambiental es una mentira”.

Las cartas

Noviembre es la fecha estipulada para que la presidenta firme el decreto que crea la red de parques. Fuentes que participan en el proceso aseguran que probablemente el plazo se alargará hasta marzo de 2018. “Hay un procedimiento donde convergen varios ministerios, dado que esto ha sido un anuncio de gran relevancia a nivel de gobierno e internacional, esperamos sacarlo antes de que culmine el mandato”, señala Igor.

Mientras eso no ocurra, las comunidades kawésqar mueven sus fichas: “Si no nos protegen el mar, vamos a poner una demanda internacional, vamos a recurrir a la FAO y a la ONU, a quien ya le mandamos una carta”, dice Marcela Caro.

“Estamos viendo otras estrategias si no se incluye el mar. Pero todavía tenemos fe en que Bienes Nacionales cumpla con el cometido que se le encomendó. Solo nos resta esperar”, agrega Leticia.

_______________________________________

Nómades y canoeros

En Chile existen 12 comunidades kawésqar. Las investigaciones arqueológicas apuntan a que el pueblo llegó a la zona de Magallanes hace unos seis mil años.

Era una cultura nómade canoera, recolectora y cazadora que habitaba en la Patagonia, y que navegaba tanto en los canales interiores como en los acantilados y en las profundidades del océano Pacífico. Cada cierto tiempo establecían campamentos temporales y puertos para hacer sus descargas.

“Nuestra gente todavía navega por ahí. Si la salmonicultura sigue avanzando, los primeros que van a perder el uso del mar van a ser nuestros mayores”, asegura Leticia Caro.

“Nuestras comunidades están directamente afectadas porque hacen uso de actividades en el lugar, cazan, pescan y recolectan. Extraen productos del mar, recolectan huevos y materia vegetal”, agrega.

En la década del 60, cuando terminó el apogeo de la nutria en los canales patagónicos, cuenta Caro, los kawésqar abandonaron la península Muñoz Gamero y se asentaron en ciudades como Puerto Natales.

“Mi padre aún es navegante”, asegura Marcela Caro. “Él salió a pescar a Ancón Sin Salida –donde proviene su tronco familiar– los primeros días de agosto y todavía no retorna. Que digan que no hay navegantes es mentira porque él se encuentra allá, alimentándose de lobo, de pescado, de todo lo que el mar nos provee. Para nosotros no tiene sentido la tierra, sino el mar”, señala.

Su padre, además, conserva la tradición del ahumado del pescado que le enseñó su madre, y cómo hacer una at (casa kawésqar ovalada que se hace con varas de ciprés o canelo). “Yo soy tejedora de junquillo, sé hacer arpones de hueso de ballena y estoy tratando de recuperar la lengua”, cuenta.