El psiquiatra y director ejecutivo de la Fundación ProCultura, Alberto Larraín, lleva años alertando sobre la crisis de salud mental que enfrentamos como país. En tiempos de mayor incertidumbre, afirma que la cultura es fundamental para que la situación no acreciente estas patologías: “No puedes tener una buena salud mental en la población si no tienes una identidad social construida”.

“Incluso antes del estallido social el tema de la salud mental era bien crítico: 1 de cada 4 chilenos es sintomático y requiere de algún tipo de tratamiento. Son más de 3 millones de personas. Desde el 2008, las licencias por salud mental han sido la primera causa de licencias medicas en todo el país. Y la pandemia complejiza aún más la situación. Se estima que habrá un incremento en torno al 30% por sobre las cifras que cada país tenía basalmente”, señala Larraín. Agrega que la Organización Mundial de la Salud ha advertido que vendrán cuatro oleadas en términos sanitarios: el virus propiamente tal, luego aquellas personas que dejan de atenderse por otras enfermedades ya que el sistema no resiste, también quienes interrumpen sus tratamientos, y la cuarta oleada, la más permanente, será la salud mental. Alberto Larraín creó la Fundación ProCultura hace diez años junto con la profesora Ilonka Csillag. Actualmente cuentan con un equipo de treinta personas y trabajan en 22 comunas de 10 regiones del país. Su trabajo en terreno le ha permitido comprender que las vulnerabilidad y necesidades de cada comunidad son distintas y requieren de una solución particular. El académico de la Universidad Autónoma sostiene que en una situación como la actual es fundamental establecer un vínculo de confianza, y para lograr eso debe existir un mensaje estructural y colectivo.

-El espectro de salud mental es amplio, ¿cuáles son las patologías más presentes?

La salud mental se refiere al bienestar personal que permite realizar las actividades del día a día y ser una contribución a la comunidad. Cuando ese bienestar se interrumpe, que es algo subjetivo, podemos hablar de la existencia de alguna enfermedad de salud mental. Hay causas biológicas, como la esquizofrenia, el autismo, trastorno bipolar. Y otras que tienen componentes sociales, como la depresión, el consumo de drogas, trastornos ansiosos y la violencia, per se.

-¿Cómo describirías el estado mental actual?

Hay varias emociones en el ambiente, pero lo predominante es angustia y frustración respecto de que no puedo hacer lo que quiero. Los mismos cabros que dan la PSU este año, tienen mucha incertidumbre. Las emociones empiezan a ser predominantemente negativas: pena, miedo, preocupación. Algunas de las patologías empiezan a aumentar: crecen los trastornos ansiosos, tenemos mucha gente con crisis de pánico y cuadros de angustia. La segunda rama que explota son los consumos: fármacos, alcoholismo, drogadicción, tabaco. La tercera es la violencia, que afecta principalmente a las mujeres y los niños en sus casas. Un cuarto fenómeno son personas que ya venían con enfermedades mentales y se desestabilizan a causa del estrés. Ha habido reportes, todavía incipientes, que registran un aumento de suicidios en las últimas semanas. A ochos semanas de la pandemia todavía no tenemos ningún plan de intervención a nivel nacional.

-¿Qué mecanismo se podría instalar para palear ese déficit de atención a la salud mental?

En lo macro, los discursos tienen que estar alineados y ser veraces. Cada vez que se entrega información y luego sale alguien desmintiéndola, se causa angustia. En Chile se ha generado con el tema de los ventiladores, los reactivos de las PCR, la vuelta a clases… Ha habido múltiples vocerías disonantes. Lo otro es que la pandemia no se puede transformar en otro espacio de inequidad, no puedo percibir que lo que va a pasar conmigo depende de la posición social que yo ocupo. Los países tienen que implementar estrategias solidarias. Que haya un mensaje claro, por ejemplo: este año ningún alumno va a repetir de curso. En torno al 40% de los estudiantes no tiene acceso a internet, entonces si toda la estrategia de educación es digital, van a quedar fuera. Eso se integra a su biografía como un hecho doloroso.

-¿Hay un ámbito de la salud mental determinado por lo social?

La salud mental no solo es un tema sanitario, es social en toda su magnitud. Donde es más claro, y la gente lo percibe, es en la cultura. La cultura genera bienestar o alivio psicológico ¿qué hacemos para distraernos? Vemos una película, escuchamos música, leemos un libro. El mundo de la cultura está haciendo la contribución más activa en cuanto al resguardo de salud mental. Nos vincula, nos conecta, nos emociona. En este plan de pandemia la cultura debiera de ser un pilar fundamental porque es lo que nos define.

No puedes tener una buena salud mental en la población si no tienes una identidad social construida.

Hemos constatado lo importante que es la cultura en nuestras vidas, sin embargo se ven desprotegidos como sector.

Sí, y tiene que ver con el entendimiento de la cultura como espacio de entretención, y no de desarrollo social. Hay muy pocas cosas que te generan ese nivel de conexión emocional que genera la cultura. En la fundación hemos creado herramientas para que los profesores, que también están estresados, aporten a la salud mental de sus alumnos. Diseñamos un programa de acompañamiento para los colegios con canalización emocional a partir de la cultura. Lo estamos implementando en Montepatria y en San Antonio. Empezar a planificar con los colegios la estrategia emocional para cuando los niños vuelvan.

¿Es posible que hayan efectos postraumáticos y que cunda la paranoia, por ejemplo?

De todas maneras, y uno tiene que tratar de disminuir la incertidumbre. Para eso se necesita una estrategia: “el tema de la pandemia lo vamos a tratar de tal manera” y crear un ambiente seguro que les permita generar un proceso de reparación. Porque van a aparecer niños que hayan sufrido violencia intrafamiliar o problemas económicos en sus casas.

El factor incierto

“Hace dos años cuando empecé a plantear que la crisis de salud mental que tenemos es reflejo del tipo de país que hemos construido, mucha gente me decía que yo era pesimista. Pero es lo que yo veo en las comunidades. Tú le haces cuatro preguntas enfocadas a la gente, y te pones a llorar”, señala Larraín. En términos comparativos tenemos cifras altas de depresión y suicidio, afirma el psiquiatra, y en la OCDE estamos peor que el promedio. “Tenemos el mayor consumo de drogas de la región La gente consume drogas porque quieren que algo les deje de doler o porque quieren sentir algún placer, que no tienen en su día a día”, dice.

Como mecanismo de evasión.

Los cabros se quieren borrar, literalmente. Me dicen: “no quiero seguir sufriendo”. Para mí resultaba evidente que vendría un estallido social. Hay mucho dolor individual que necesitaba ser compartido.

En la pandemia hay una sensación colectiva que para algunos puede resultar un consuelo. Estamos compartiendo un problema.

Creo que la pandemia viene a ponerle la lapida final a un modelo centrado en el individualismo. Deja claro el mensaje de que nadie se salva solo. Va a forzar un pensamiento distinto.

Uno de los conceptos más presentes es la incertidumbre, ¿la pandemia pone en evidencia que el control que creíamos tener era una ilusión creada por el ser humano?

Los griegos decían que los seres humanos controlaban la incertidumbre mediante la acción. Ahora que la acción está restringida, la incertidumbre aumenta a niveles absolutos. No hay capacidad de planificación, y eso es complicado, pero también es una oportunidad para entender que la historia puede cambiar en cualquier momento.

-¿Podemos salir fortalecidos de esta situación?

Va a depender de cómo lo vivamos. De las cosas que me han hecho ruido a nivel de salud mental, son estas fiestas clandestinas que se han organizado. Una forma de mirarlo es desde el narcisismo y asumir que a ellos no les importa nada, pero también hay un tema que en psiquiatría se denomina pulsión de muerte. Tiene que ver con aquellas personas que están dispuestas a arriesgarse porque hay una parte de ellos que no quiere vivir. El deseo de no seguir existiendo. Eso requiere una mirada más profunda. Estas circunstancias no las habíamos vivido nunca. Todos nos vamos a acordar de la pandemia. La pregunta que tenemos que hacernos es cómo queremos incorporarla a nuestras biografías.