En Portillo no hay televisión. En ninguna de las piezas. Ni siquiera en el living de cortinas floreadas y cómodos sillones, donde descansan varios esquiadores con las botas a medio abrochar. Son las 11 de la mañana de un sábado y un grupo de niños está concentrado en el Jenga, ese juego en que hay […]

  • 9 septiembre, 2013

Miguel Purcell

En Portillo no hay televisión. En ninguna de las piezas. Ni siquiera en el living de cortinas floreadas y cómodos sillones, donde descansan varios esquiadores con las botas a medio abrochar. Son las 11 de la mañana de un sábado y un grupo de niños está concentrado en el Jenga, ese juego en que hay que retirar bloques de una torre hasta que ésta se desarma. De repente, un estrepitoso ruido despierta a los que dormitan al calor de la chimenea. Han caído las piezas del Jenga. Habrá que volver a esquiar entonces, piensan los adormilados.

Los Purcell, la familia que maneja este hotel hace más de 60 años, no tienen intenciones de recoger la sugerencia que más de un huésped le ha hecho sobre poner televisores. La idea, dicen, es que la gente comparta. Que se conozca. Que comente cómo estuvo la bajada del Plateau o Juncalillo, dos de las 35 pistas del centro de esquí ubicado a 164 kilómetros de Santiago. Porque antes que todo, Portillo es un hotel familiar. Un refugio de montaña al que cada año vuelven los mismos, en su mayoría extranjeros. Un lugar especial. “Un tributo a lo que solía ser el esquí”, dicen sus fans.

“Don Juan, tenemos un problema”, comenta una señora a Juan Beiza, el maître que por más de 40 años se ha encargado de resolver cada detalle. “Viene recién llegando y ya tiene problemas”, bromea don Juan con su sonrisa bonachona, mientras la acomoda para que tome algo, y se va raudo a solucionar su inquietud. Raudo, igual como corrió en el verano de 1972 a devolverle su pistola a Fidel Castro, quien la había olvidado en una de las sillas.

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Pareciera que el tiempo no pasa en este caserón vintage. Desde que los Purcell se hicieron cargo de este alicaído hotel –entonces en manos de la Corfo y Ferrocarriles del Estado–, los cambios han sido mínimos. Salvo una que otra remodelación, todo sigue igual a como lo diseñó Henry Purcell, quien a sus 26 años, y sin saber dónde quedaba Chile, fue contratado por su tío Bob, el norteamericano que compró Portillo en 1961, para hacerse cargo del proyecto.

Imposible no toparse con el jefe, que más parece un abuelo gringo de vacaciones que el fundador del lugar. Durante la temporada de invierno, Henry Purcell se viene a vivir a Portillo. A sus 80 años sigue esquiando –gracias a su nueva rodilla ortopédica– y supervisando cada detalle del centro, que a punta de esfuerzo logró elevar a una categoría superior. Pero quien hoy lleva las riendas del negocio es Miguel, el segundo de los hijos hombres del clan y el más parecido a su padre.

Trabajólico y bajo perfil. Así es Miguel Purcell, “Miguelito” como muchos lo llaman, pues lo vieron crecer en los pasillos de este buque amarillo emplazado frente a la laguna del Inca. De joven representó a Chile como esquiador en varios mundiales y juegos olímpicos. Y hace 10 años aceptó la propuesta de su padre: ser el gerente general del centro de esquí. Desde entonces, se ha transformado en uno de los empresarios hoteleros más importantes del país, al mando de Portillo y los hoteles Tierra Atacama y Tierra Patagonia, cada uno de los cuales factura unos 15 millones de dólares al año.

-Eres agrónomo, ¿pensaste alguna vez que terminarías a cargo de Portillo?

-Me crié acá, vi a mi papá trabajar como hotelero toda la vida. Él es muy perfeccionista, preocupado de los detalles. Siempre me fascinó sentarme a verlo trabajar, cómo se relacionaba con los empleados, siempre quise trabajar con él. Hice mi carrera en otra cosa, fui gerente de operaciones de la exportadora de frutas Dole, trabajé en el Explora de Atacama, pero siempre tuve el bichito y en un minuto se dio…

-¿Es difícil trabajar con tu papá?

-Hace 25 años, cuando mi papá estaba más activo, habría sido difícil. Hoy es un súper buen asesor.

– ¿Nunca han pensado en hacer otro centro de esquí, ya que tienen tanta experiencia?

-Mi papá era dueño de La Parva y lo vendió, allá el negocio era más lo inmobiliario, acá en Portillo hay un equilibrio. Los centros de esquí tienen el problema de que son un negocio que dura 4 meses al año y ésa es una de las razones por la cual nos diversificamos con otros hoteles en lugares donde las temporadas son más largas: San Pedro es todo el año y en la Patagonia son 8 meses. El negocio del esquí es súper complicado, no sólo depende de las economías, sino que también del clima…

-¿Y que Portillo crezca? Porque aquí hay lugar de sobra para hacer otro edificio o más canchas, por ejemplo…

-El esquí fuera de pistas es muy amplio. El ambiente que se logra aquí, en el hotel, se rompería si tuviéramos condominios con varios edificios repartidos.

-Portillo mantiene la estética de un refugio de montaña, más antiguo, ¿no te dan ganas de modernizarlo? ¿Sacar las alfombras, por ejemplo?

-Lo hacemos todos los años, las alfombras se cambian cada 4 años…

-Me refiero a modernizarlo sin romper la mística del lugar…

-He canalizado el tema design con los otros hoteles. Acá hay que preocuparse de que el negocio funcione e invertir en lo que realmente es importante, como un pisa nieve que vale medio millón de dólares, lo que alcanzaría para cambiar 10 veces las alfombras. Eso es lo que nos diferencia con otros centros. Nuestro negocio no es la venta de tickets, sino la hotelería. En ese sentido, no nos interesa mucho masificar el lugar o tener a mucha gente esquiando, sino ojalá tener el hotel con ocupación de 100% y que se mantenga el ambiente familiar, que vuelva la gente año tras año.

El temple Purcell

Miguel Purcell tiene nervios de acero. De hecho, es el que pone la cuota de tranquilidad cuando todos sufren porque no cae nieve. Si antes había 8 metros en una temporada, en las últimas con suerte ha caído la mitad. Pero Purcell no se desespera. Confía en la naturaleza.

Si no está esquiando –“es parte de la pega mirar lo que pasa en las canchas”, dice– está en su oficina. Pero siempre con la puerta abierta. Fue desde ahí donde coordinó las maniobras para rescatar a un patrulla de esquí que subió solo al Súper C, la ruta más extrema del centro, reservada para los más experimentados. “Uno siempre debiera ir acompañado y pese a que andaba fuera del centro de patrullaje, había que rescatarlo. Llamó para decir que estaba perdido y a las 16:30 se le acabó la batería. Decidimos que había que bajarle una mochila con todo lo necesario para pasar la noche y con un megáfono avisarle que lo vendríamos a buscar mañana”, cuenta Purcell. La historia tuvo un buen final: pese a la mala visibilidad, el helicóptero logró ponerse de lado, posar una pata sobre la roca y rescatar al osado patrulla. Purcell lo pasó mal, pero nunca se desesperó. Accidentes como éste pasan todos los años y más de lo que se puede imaginar. En Portillo, el esquí fuera de pista es el favorito.

Este invierno han atendido sobre las 400 personas cada semana de la temporada –en promedio son 15–, pero los comienzos de año no fueron fáciles. Las restricciones de tránsito en el camino internacional que impuso el MOP los dejaron sin huéspedes. La medida implicaba que los viajes hacia Argentina debían hacerse entre las 8 de la noche y las 7 de la mañana y en el sentido contrario, entre las 8 am y las 7 pm. “Hay muchos turistas de cruceros que llegan desde Valparaíso para conocer la cordillera de los Andes, o chilenos que vienen a hacer trekking o actividades en la laguna del Inca que no pueden venir”, escribió Purcell en una carta al diario en la que manifestó su molestia por no haber sido consultados.

“Teníamos todo el derecho a participar en la discusión. Teníamos un negocio funcionando y de un día para otro, ¡prácticamente tuvimos que cerrar el hotel! Hubo que reubicar a los empleados en otros hoteles, incluso darles vacaciones. A cualquier empresario en el mundo no le cabe en la cabeza que le hagan una cosa así a su negocio. Y fue bien frustrante, porque no había a quién alegarle. Por eso nos pusimos a escribir cartas”, explica Miguel.

-La reconstrucción del camino se suspendió durante el invierno por la nieve, pero en octubre continúan los trabajos, ¿qué van a hacer cuando vuelvan a aplicarse las restricciones?

-Teóricamente no va a haber horarios diferidos y van a cortar por tramos, que era lo que hacían antes.

-Entonces ganaron el gallito…

-No creo que haya sido por presión nuestra, sino que por presión de todo el mundo, fue una locura para los transportistas, automovilistas, para todos.

-Eres uno de los empresarios turísticos más importantes del país, ¿no participas en entidades gremiales?

-No soy muy político.

-¿Y eres de los que está medio asustados por un nuevo gobierno de Bachelet?

-No, para nada. Tuvimos muy buena relación con su gobierno.

-¿Qué te parece la idea de una reforma tributaria?

-Nuestra postura es que hay que tratar de ser lo más equitativo posible. Por supuesto que me importaría que subieran los impuestos, pero creo que hay otras cosas que también hay que hacer, por ejemplo, hay que trabajar más la Ley de Turismo, que a grandes rasgos pretende hacer modificaciones para hacer más fácil la operación en Chile.

-¿Has participado en esa discusión?

-Participo en Sernatur y Turismo Chile, pero no estoy en ninguno de los directorios. Hace falta que el país promocione más la actividad. Perú, por ejemplo, invierte en ello 5 veces más que nosotros. Siento que todo el esfuerzo económico y el empuje de políticas lo hacen los empresarios, y eso es algo que tiene que cambiar.

-¿Cómo anda la calidad del turismo en Chile? Hay muchos que se quejan que es precaria, sobre todo en el servicio…

-Le falta calidad y preparación.

-Pareciera que la carrera de Hotelería y Turismo se mira en menos…

-Sí, y es muy básica en relación a otros países. Y en Chile, falta mucho en el tema del servicio.

-¿A ustedes les cuesta encontrar gente buena?

-Por suerte tenemos una gran cantidad de empleados que vuelven todos los años, así podemos capacitarlos, pero es un tema muy complicado para este hotel y otros.

-También debe ser difícil encontrar personas dispuestas a trabajar temporadas largas en lugares alejados…

-Así es, y en ese sentido se necesita una ley laboral que facilite el trabajo de temporada. Hace 15 años teníamos 340 empleados, ahora tenemos 550 por el tema de horario, turnos cortados, etc. Aquí viene un empleado a trabajar 3 meses y ganar plata, a él lo que le interesa es ojalá poder trabajar sábados y domingos, a lo mejor no le interesan los domingos compensados ni nada de eso, sino que se los paguen, o poder trabajar más horas extras. •••

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El termómetro

El sábado es, por lejos, el día más movido en Portillo. El único que no se inmuta con los cerros de maletas y esquíes es Radska, la perra San Bernardo que siempre está durmiendo cerca de los antiguos calefactores. Ese día empieza una nueva semana de esquí, con el sistema todo incluido. Da la sensación de estar en el lobby de cualquier hotel del mundo, porque lo menos que se escucha es el castellano. Los principales pasajeros del hotel –y los que año tras año vuelven a repetirse el plato– son en su mayoría extranjeros: brasileros, gringos y argentinos.

La campeona mundial Lindsey Vonn es carta fija en Portillo. También viene todos los años a entrenar el equipo austríaco. Y hace unas semanas estuvo Débora Falabella, la protagonista de la teleserie Avenida Brasil. “Lo que más les gusta de este lugar es que pasan desapercibidos”, comenta Purcell. Dentro de los chilenos, también hay fanáticos, como la familia Ibáñez, los Luksic –que ahora vienen menos porque tienen refugio en La Parva– y los Yarur.

-En este lugar no se siente la desaceleración de la economía ¿o sí?

-Se siente por país.

-¿Portillo es un termómetro de la economía latinoamericana?

-Puede ser (risas). Este año bajó el número de turistas brasileños. Otro ejemplo: el 2000 teníamos 40% de argentinos y después de la crisis bajamos a 2%. Fue un año complicado, porque fue muy rápido y tuvimos que reemplazarlos con otros mercados, como Brasil o Estados Unidos.

-¿Ustedes salen a vender Portillo afuera o es más por dato?

-Hacemos una campaña de marketing importante afuera, en Chile no tanto.

-¿Cuántos huéspedes han tenido este año?

-Ha estado lleno, sobre las 400 personas todas las semanas, partimos el 28 de junio. Proyectamos la temporada hasta la primera semana de octubre.

-Para un chileno venir a Portillo por el día es pesado…

-Sí, pero tiene sus ventajas: aquí no hay colas, a lo mejor te demoras más en llegar, pero a las cuatro de la tarde te vienes de vuelta al hotel, porque ya estás muerto.