En 2015, un grupo de cinco ex compañeros del colegio: Raimundo Flores, Tomás Guevara, Carlos Gutiérrez, Darío Ovalle y Matías Silva, decidieron aportar a la realidad de los hogares del Sename. Todos los sábados iban a las residencias de la Fundación Moureau, organismo colaborador del Sename, a hacer actividades recreativas y dinámicas con los niños […]

  • 21 septiembre, 2019

En 2015, un grupo de cinco ex compañeros del colegio: Raimundo Flores, Tomás Guevara, Carlos Gutiérrez, Darío Ovalle y Matías Silva, decidieron aportar a la realidad de los hogares del Sename. Todos los sábados iban a las residencias de la Fundación Moureau, organismo colaborador del Sename, a hacer actividades recreativas y dinámicas con los niños y niñas. Con esto se dieron cuenta de que el impacto que podían lograr era mucho mayor de lo que pensaron, y que las necesidades de los niños, niñas y adolescentes (NNA) eran mucho más profundas. A raíz de esto, junto con la consultora educacional “Tandem Profesores”, empresa que busca fomentar la innovación metodológica desde las salas de clases y la enseñanza diferenciada, empezaron a idear una metodología de aprendizaje. Tendría un enfoque que les permitiría desarrollar habilidades socio-emocionales y un auto-conocimiento, que ayudaría a los NNA en su futura vida independiente. De esta forma, en 2017 se le dio vida a “Sembrar Futuro”.

Con un diagnóstico inicial de “ahí donde hay mayores necesidades, mayor puede ser el impacto”, junto a un grupo de voluntarios, bajo el mismo sistema con el que partieron, intervinieron en la residencia para niñas Gabriela Mistral, ubicada en Conchalí. Un hogar con escasos recursos y con una infraestructura inestable.

“La precariedad de las condiciones de vida que tenían era impresionante. Existía dentro una red de prostitución interna, era todo muy complicado. Después de cuatro meses de trabajo ahí, ésta cerró”, cuenta el director ejecutivo de Sembrar Futuro, Tomás Guevara.

Con el cierre de esa residencia, se asociaron con más hogares, lo que implicaba más tutores voluntarios y más recursos de capacitaciones. Hoy día están en cuatro residencias del sename: “Las Creches” (La Reina), “Casa Moureau” (Peñalolen) y “Amor, Paz y Alegría” (Renca). La semana pasada cerraron un convenio con la residencia familiar “Villa Jorge Yarur Banna” (La Pintana), para principios del 2020. Actualmente, son parte de la Fundación Colunga, una red de trabajo colaborativo.

Utilizan un trabajo “uno a uno” entre el tutor y el menor. Los voluntarios generan un vínculo con alguno de los niños. Todos los sábados trabajan en conjunto un diario con diferentes láminas diseñadas para trabajar distintos aspectos, desde metas personales, red de apoyo, auto-cuidado, etc. “Buscamos transmitir nuestro sello principal, que es la mentalidad de crecimiento. Esto es que las personas, en este caso los NNA, entiendan en general, que la inteligencia y las habilidades por medio de la práctica, el esfuerzo y el aprendizaje se modifican. Nuestras habilidades no vienen dadas, siempre podemos mejorar. Entonces, queremos que se crean el cuento, mientras nosotros nos comprometemos a ayudarlos y guiarlos en las posibilidades que tienen al salir de la residencia. Que ellos puedan lograr lo que quieren”, comenta Guevara.

En este momento, están tratando de implementar actividades que no sean sólo los sábados. Están hablando con un instituto de cocina para realizar un taller de cocina en una de las residencias. La idea es que partan por cosas básicas, como la importancia de los hábitos alimentarios y la limpieza. Después se les enseñaría a hacer ciertos pasteles o galletas dulces para que los puedan vender.