Por María José López En octubre se inauguran dos nuevos colegios en Kenya. Permitirán que 2.500 niños que no tenían dónde estudiar, ahora puedan ir a clases. Detrás de esta iniciativa hay un chileno. Se llama Eduardo della Maggiora, tiene 33 años, es un ex ejecutivo de JP Morgan en Nueva York y, a través […]

  • 11 julio, 2014

Por María José López

Africa

En octubre se inauguran dos nuevos colegios en Kenya. Permitirán que 2.500 niños que no tenían dónde estudiar, ahora puedan ir a clases. Detrás de esta iniciativa hay un chileno. Se llama Eduardo della Maggiora, tiene 33 años, es un ex ejecutivo de JP Morgan en Nueva York y, a través de una novedosa campaña por internet, recaudó 10 mil dólares en un solo día.

Todo partió en enero. Della Maggiora, quien llevaba 10 años como vicepresidente del área de fusiones y adquisiciones de JP Morgan, decidió volver desde la Gran Manzana e instalarse en Chile para emprender proyectos propios. Atrás dejaba una carrera que lo tuvo a cargo de las transacciones más relevantes y complejas de la región: la fusión de LAN y TAM, la venta de D&S a Walmart, la fusión de Embotelladora Andina con Embotelladora Coca-Cola Polar, entre otras.

Pero antes de poner en marcha sus nuevos emprendimientos, decidió hacer una pausa: dejar de lado el mundo de los negocios y su pasado en Wall Street para partir a Tanzania y dedicar seis meses sólo a trabajos sociales en África. En ese continente se propuso hacer colegios, capacitaciones personalizadas y crear un fondo para microcréditos, cuyas utilidades se destinen únicamente a fines relacionados con la educación del pueblo africano.

Della Maggiora sabía que para concretar su misión, captar recursos era clave. Por eso, lo primero que hizo fue contactar a una fundación canadiense, Change Heroes, que se dedica a crear campañas para que personas individuales logren recaudar fondos en poco tiempo. “Su foco es incentivar a que individuos comunes y corrientes cumplan sueños solidarios que parecen inalcanzables”, explica el ejecutivo.

[box num=”1″]

La estrategia es simple: se graba un video, en formato ultra didáctico, donde la persona cuenta qué quiere hacer con el dinero, en cuánto tiempo lo quiere recaudar, y cuánta gente se necesita para llegar a la meta.

Change Heroes –que también administra las donaciones– promete diplomas de agradecimiento y seguimiento, con fotos de los proyectos que el donante apadrine. “Si son colegios, el aportante podrá saber cómo son los colegios que ayudó a construir, quiénes son sus alumnos, cómo quedaron las salas de clases, e incluso qué sillas se compraron. La idea es que el donante se sienta parte del proyecto, y sepa en qué se invirtió su plata, por poca que sea”, indica.

Después de cuatro meses que demoró en planear su proyecto, Della Maggiora grabó el video. Instalado en el escritorio de su departamento en Manhattan tomó su cámara, se puso en frente y explicó, paso a paso –con ilustraciones aclaratorias de por medio–, cuál era su plan. “Hola amigos, les cuento que estoy muy motivado porque estoy haciendo un proyecto que busca crear colegios en Kenya”, son sus primeras palabras a la cámara. El film, que dura poco más de 3 minutos, continúa con un ejercicio basado en lo que pueden ahorrar 33 personas: “Cuando 33 personas donan 3.33 dólares al día –lo mismo que vale un latte– durante 3 meses, juntas 10.000 dólares. Con eso, se puede construir un colegio para 1.000 niños en Kenya”. Así de simple fue la arenga publicitaria de la campaña que se viralizó el 26 de marzo por las redes sociales y que, en un día, captó todos los donantes que pretendía juntar en 3 meses.

Ante tal resultado, el ingeniero decidió ir por más. A los pocos días hizo otro video y en total, sumando las dos campañas, juntó 25 mil dólares, los que servirán para levantar 2 colegios: uno de 1.000 y otro de 1.500 alumnos. En agosto empieza su construcción y se estima que después de tres meses, ya estarán funcionando.

La clave para que las campañas sean exitosas, explica Della Maggiora, es que el video no deje interrogantes. Por eso, en los 3 minutos de grabación, él explica que Change Heroes le entrega el fondo recaudado a Free The Children, una organización que se dedica a construir colegios en el continente africano, quien, por su parte, contrata mano de obra local y se pone en contacto con el gobierno de turno para que el colegio opere. Se encargan, además, de que la malla académica incluya materias básicas como matemáticas, geografías e inglés, y que ofrezca cursos de finanzas y prevención de enfermedades, como el Sida. “Cosas que en sus casas no aprenden y que de a poco les permitirán salir de la pobreza”, indica.

 

Modelo de exportación

A principios de abril, el chileno aterrizó en Tanzania. Ahí puso en marcha la etapa 2 de su proyecto. Una en la que él participa ya directamente de la iniciativa. Él mismo hace clases de matemáticas e inglés a niños entre 4 y 7 años y, por las tardes, dicta charlas motivacionales y de capacitación a distintos grupos vulnerables, como centros de detención juvenil y niños con padres enfermos de Sida. Desde que se instaló en Tanzania, vive en una casa de acogida con dos trabajadoras sociales del país que lo pusieron en contacto con las instituciones correspondientes y que traducen sus discursos al público que lo escucha.

En paralelo, creó Yayo, la etapa 3 de su cruzada en África: un modelo de micro créditos –entre 30 y 100 dólares– para personas que viven en situación de vulnerabilidad.

“Prestamos plata a gente que necesita desde comprar plátanos para luego vender en la feria, hasta quienes buscan hacer un negocio más complejo, pero con pocos recursos”, indica. La diferencia entre éste y otros fondos y modelos de micro crédito que existen, dice, es que con Yayo los intereses que los africanos pagan por recibir el crédito, serán invertidos directamente en la educación de sus propios hijos. “Una manera de mirarlo es comparar a una familia que quiere salir de la pobreza con una empresa en crecimiento; una empresa que no reinvierte sus utilidades, es una empresa que no crece. Una familia que no reinvierte los recursos que genera en la educación de sus hijos, es una familia que difícilmente va a poder salir de la pobreza. Lo que hace Yayo es, no sólo darle a individuos los recursos necesarios para que puedan generar ingresos por ellos mismos, sino que los “ordena” y hace que parte de estos recursos, sean destinados a la educación de sus propios hijos”, explica.

[box num=”2″]

¿Cómo opera este fondo? Se entrega un préstamo, que, según los cálculos del ejecutivo, debería ser restituido por su beneficiario en un plazo de tres meses. Yayo cobra un 10% de interés de las utilidades generadas. De ese 10%, el 3% se destina a gastos operacionales de la empresa, y el 7% se entrega a fines educativos que beneficien a la familia de la persona que recibió el crédito. “Cada caso es distinto y hay un grupo de expertos que nos asesora. Pero por ejemplo, vamos a ir al colegio donde estudian los hijos de los prestamistas y vamos a pagar, con sus utilidades, la matrícula y los útiles escolares que les exigen”, indica.

El 5 de junio –y mientras Della Maggiora escalaba el Kilimanjaro– lanzó la plataforma. Consiguió financiamiento para auspiciar a las primeras 30 familias africanas, y con el hito de alcanzar la cumbre de la montaña más alta de África, inició una marcha blanca que durará seis meses. “La idea es tener un período de aprendizaje para captar bien qué es lo que necesita y cómo operar acorde a los requerimientos de la gente”, indica. Cuando eso esté resuelto, Yayo se convertirá en una plataforma online para que personas de todo el mundo puedan prestar dinero desde su computador. “Son préstamos, no donaciones, otorgados por los usuarios que, a diferencia de otros fondos, está pensado en conjugar micro créditos y educación con un enfoque solidario y sin fines de lucro”, asegura.

En agosto, Della Maggiora aterriza definitivamente en Chile para echar a andar emprendimientos propios que ya tiene en carpeta. Pero asegura que su travesía en África no termina. Además de seguir con Yayo, su idea es replicar el modelo de las fundaciones que ahí existen, en Chile. “Una de las razones de por qué elegí África es precisamente ésa: las organizaciones non profit funcionan muy bien, quería analizarlas y conocer su experiencia en terreno, para después exportar este conocimiento y poder hacer algo similar en el país”, adelanta. •••