¿Para qué ser tan fiel al original si vas a acabar con una aberración? El ejemplo del día: Watchmen, los vigilantes. Por Christian Ramírez.

  • 19 marzo, 2009

 

¿Para qué ser tan fiel al original si vas a acabar con una aberración? El ejemplo del día: Watchmen, los vigilantes. Por Christian Ramírez.

No puede ser que me haya entusiasmado más el dibujo de Charlie Brown y sus amigos disfrazados de Watchmen –realizado por un tipo de 22 años, cuya creación se convirtió en un éxito en la red- que con la propia película, pero así están las cosas. Por más que Zach Snyder (“el visionario director de 300”, como reza la publicidad) haya intentado rendir un sentido homenaje a la respetada novela gráfi ca, un simple monito realizado por un fan hizo mejor la tarea. Y en forma más simple, más exacta, más bonita.

Al contrario que el director, el joven dibujante –llamado Evan Shaner- entendió que no era necesario ser fiel al libro, pasar por intelectual o tratar de complacer al máximo a los fans, para que su obra fuera tomada en serio. Mal que mal, ni siquiera Alan Moore -el autor del libro- lo hace en estos días; básicamente, porque tiene claro que su saga de ex vigilantes enmascarados que vuelven a cuestionarse su identidad tras un forzado retiro fue escrita para un mundo distinto a este: uno donde la guerra fría empezaba a ser reemplazada por la ola neoconservadora, donde el muro de Berlín todavía estaba en pie y el siglo XX se palpaba en cada esquina.

En tal escenario, Watchmen y su estructura de múltiples entradas fueron una revelación: era una metáfora del totalitarismo alimentándose de sí misma, un ejemplo de novela dentro de novela, un relato de detectives cuyo caso era nada menos que el fin del mundo y que, para más remate, era protagonizada por gente con capas de colores que -por una vez- tenía buenísimas líneas de diálogo.

Sin embargo, al ver su escrupulosa adaptación al cine todo ese espesor se aplana o, mejor dicho, se distorsiona. Hay que conceder que tal vez no exista un filme de superhéroes que haya recreado más concienzudamente en pantalla la misma historia, el mismo diálogo y hasta los mismos encuadres del original; pero al final Watchmen, la película, emerge como una gorilesca fábula política, donde los arrebatos misóginos, la pasión por la cámara lenta y la violencia a todo color se dan la mano con cierta obsesión con el exterminio masivo que -por decir lo menos- resulta avergonzante.

Cómo se nota que Snyder quiso hacer de Watchmen algo más opératico, bombástico y memorable que Batman: El Caballero Oscuro. No cuestiono sus intenciones: el tipo debería haber escogido un modelo mejor contra el cual competir, pero ese es otro asunto. Lo patético aquí es el desquiciado esfuerzo detrás de un mastodonte que a primera vista se parece mucho al original, pero que termina nada menos que en el extremo opuesto. Francamente, hay mejores maneras de entretenerse. Partiendo por leer Watchmen, la novela gráfica.