• 29 abril, 2009

¿Cuál de las fuerzas resultará ganadora? ¿La oscuridad que pronostica la caída en la producción industrial o la luz al final del túnel que se deriva del precio del cobre? Bienvenida sea la luz.


La producción industrial reportada ha colapsado en los primeros meses del año en la mayoría de los países del mundo. Hemos visto reducciones violentas en el consumo y comercio internacional, que indican que la actividad económica en 2009 será mucho más negativa que cualquier estimación pesimista realizada al final de 2008. La observación de gráficos con series de tiempo, para la mayoría de las variables económicas y financieras, muestra una evolución en caída libre de magnitudes poco vistas en la historia. En el plano local, las estadísticas de desempleo recientemente publicadas (12,8% en Santiago, según la U. de Chile), manifiestan las consecuencias de la crisis financiera en el sector real, con especial efecto en la construcción. Esta situación se produce al tiempo que la capacidad de predicción y pronosticar el futuro de la mayoría de los analistas se ha depreciado también en caída libre, lo cual hace especialmente difícil interpretar lo que está pasando y, más aún, estimar cuál será el epílogo de la crisis global.

La humanidad está en recesión, el sistema financiero mundial es un “hoyo negro” que absorbe con voracidad todos los esfuerzos por inyectar liquidez, que realizan los Estados del mundo desarrollado. Hemos perdido la capacidad de asombro cuando se habla de billones y también de trillones de dólares para referirse a las necesidades de capital que requiere la estabilización del sistema financiero mundial y/o de los recursos que a la fecha han “inyectado” los Estados de las economías más desarrolladas.

Algunos bancos internacionales han reportado un primer trimestre con utilidades, pero fundamentalmente por arbitraje de operaciones de tesorería, que se realizan en muchos casos contra la posición de la autoridad monetaria respectiva (que tiene una tasa de política monetaria casi nula y, al mismo tiempo, garantiza documentos o papeles que las entidades financieraspueden comprar con un mejor devengo que su costo de financiamiento). Esto, mientras se mantiene la incertidumbre respecto del valor “justo” (de mercado) de los activos que los bancos tienen en sus balances y de cuánto tiempo habrá que mantener una situación de entidades técnicamente quebradas, que subsisten únicamente por el soporte que reciben de su gobierno, que, además de proveer liquidez, les permite operar obviando
el cumplimiento de los requisitos básicos en sus indicadores de endeudamiento y cobertura patrimonial.

Paralelamente, en este ambiente se especula que el mayor fabricante de automóviles en EEUU tendrá que detener la producción en 15 de sus principales plantas, durante nueve semanas, para reducir la acumulación de inventarios y buscar alguna solución estructural al problema de liquidez que le afecta.

Con un panorama como el anterior, sorprende la fortaleza que ha demostrado el precio del cobre, nuestro principal producto de exportación. Algo no cuadra en la comparación de la evolución de ese precio y la situación de actividad industrial descrita. El precio de esta materia prima debiese estar relacionadocon lo que ocurre en la actividad industrial y económica del mundo. Con recesión generalizada, con caídas sobre el 30% en la actividad industrial en países como Japón y 12% en Estados Unidos, con una proyección de caída en la actividad económica para el mundo de 2,5% (según el FMI), un precio del cobre en el rango de 2,0 dólares por libra es demasiada buena noticia para Chile.

¿Podrá ser el crecimiento de China suficientemente fuerte o suficiente explicación para sostener este nivel en el cobre a mediano plazo? ¿Puede haber otra explicación que no vemos en las estadísticas económicas tradicionales, que esté sustentando la fortaleza de este mercado? En ambos casos, la respuesta es que “puede ser”.

La dificultad del momento para hacer buenas predicciones, o un análisis con sustento, no permite ser más preciso. Lo cierto es que en este momento hay un desequilibrio de mercado. Si finalmente manda el colapso en la actividad industrial, entonces el cobre terminará por bajar y, el peso se tendrá que depreciar. Por el contrario, si la escasez relativa de materias primas para el desarrollo de largo plazo de la humanidad es un factor estructural, que a pesar de la crisis actual mantendrá elevada y sostenida la demanda por recursos naturales, entonces el precio del cobre no va a bajar y junto con ello, el peso se podría incluso apreciar algo más que el nivel de 580 pesos al que ha transado últimamente.

Los desequilibrios estructurales suelen ser una buena oportunidad para invertir y apostar a que terminarán por corregirse. Probablemente esta no será la excepción. ¿Cuál de las fuerzas resultará ganadora? ¿La oscuridad que pronostica la caída en la producción industrial o la luz al final del túnel que se deriva del precio del cobre? Bienvenida sea la luz.