• 21 abril, 2011



La velocidad exponencial es precisamente la característica central del siglo XXI. Acá, una batería de ejemplos que grafican el vértigo con que se mueve la tierra y la humanidad.


Poco después de la segunda guerra mundial, le preguntaron a Einstein qué era lo que más le preocupaba del futuro. Muchos pensaron que hablaría del uso y peligros de la energía nuclear, su gran creación. Pero no fue así. Dijo que los fenómenos exponenciales eran, en realidad, lo que más le asustaba. Y eso tiene mucho sentido. Los fenómenos exponenciales simplemente no pueden seguir siendo así para siempre. En algún momento deben explotar. Nada se puede acelerar para siempre.

Y la velocidad exponencial es precisamente la característica central del siglo XXI. Einstein una vez más no se equivocó.

Veamos algunos datos anecdóticos, pero que alimentan la intuición acerca de esta creciente velocidad. Tendremos una población de 10 mil millones de personas para 2050, con 120 años de expectativa de vida. Seremos cada vez más urbanos en escenarios en que las velocidades son siempre mayores. En Mónaco la expectativa de vida es de 90 años; en Haití, de 30 años y en Chile, de 78 años. Dos países –China e India– representan un tercio de la población mundial. Y los dos crecen vigorosamente en base al empuje de la empresa privada. Como dato curioso, China va a pasar a ser el primer país de habla inglesa del mundo. Vaya paradoja.

Se estima que hay unos 50 millones de abortos por año, y un mismo número de infectados de SIDA. Hay mil millones de personas mal nutridas, 1.300 millones de personas con sobrepeso, 500 millones de obesos y unas 15 mil personas mueren de hambre al día.

Hay más de 700 millones de autos. Se producen unos 60 millones por año, y eso crece. Las ciudades claramente no van a resistir. El principal productor de autos es China, con 12.5 millones; luego, Japón con 7,5millones y Alemania con un poco más de 5 millones. En 10 años más China fabricará los mejores automóviles de la tierra –nos guste o no la idea–, y seguirán bajando de precios relativos.

En 2005 hubo 2 mil millones de pasajeros de avión –hoy podrían ser un 20% más–. Los viajes seguirán aumentando. Por eso se fabrican hoy aviones que puedan trasladar a casi mil personas, a 10 mil metros de altura y a mil km/h. Sorprendente.

Se producen 350 millones de computadores personales por año. Hay unos 2.500 millones en uso. Serán cada día más baratos y poderosos. Hay unos 170 cuatrillones de chips ya cableados. El número de transistores de la red global equivale a las neuronas del cerebro.

El sistema computacional global utiliza el 5% de la electricidad del mundo. Este fenómeno podemos interpretarlo como un reflejo de su importancia en el funcionamiento del planeta pero, ¿qué pasaría si este sistema llegara a colapsar?

Las nuevas fibras ópticas pueden mover 10 trillones de bits por segundo (eso equivale a 150 millones de llamadas telefónicas simultáneas). Se publican unos 1,5 millones de nuevos libros por año (4 mil diarios). Se envían más de 200 mil millones de e-mail diarios y se postean 500 mil blog posts al día. Se estima que 1,5 exabytes de nueva información única se genera por año, y sigue creciendo. Sólo a modo de referencia, 5 exabytes equivale a TODAS las palabras alguna vez habladas por los seres humanos.

Se producen mil millones de celulares por año, hay unos 4 mil millones en uso –y eso que son muy recientes en la historia de la humanidad–. Hay unos 2.500 millones de usuarios de Internet y sigue creciendo. Se producen unas 3 mil millones de búsquedas a través de Google por día.

Facebook tiene 500 millones de inscritos. Twitter crece a 300 mil al día y tiene unos 200 millones de afiliados. El mundo gasta más de 110 billones de minutos en redes sociales. Eso equivale a 22% del tiempo en línea.

En Youtube se ven 2 mil millones de videos por día. Por minuto se suben 24 horas de video. Más video se sube en 60 minutos que lo que las tres cadenas americanas de TV han producido en 60 años. Por eso en la historia se habla de la era antes de Internet, después de Internet. Quizás ahora, dentro de esa historia podríamos hablar de un antes de Google y un después de Google.

Cada una de estas cifras es valiosa y un poco anecdótica, pero en su conjunto dan la sensación intuitiva que quiero transmitir: velocidad exponencial. Einstein lo vio de alguna manera. Lo interesante es que la fisiología humana no ha cambiado nada en los últimos 150 mil años. La primera pregunta es inmediata: ¿somos capaces de seguir esta aceleración? ¿Cómo será la relación de las personas con la tecnología en el futuro?

En paralelo, la Tierra pierde unas 10 millones de hectáreas de bosques anualmente. El 35% de los árboles cortados son para papel, y un 40% del papel es reciclado. La selva amazónica ha perdido un 15% de su área desde 1970. Sólo 7 países provocan el 60% de la deforestación: Brasil, Canadá, Estados Unidos, Indonesia, China, Rusia y Congo. Hay 5.900 especies en peligro de extinción (40 en Chile).

En síntesis, la Tierra sufre, y en los últimos 150 años, la temperatura de su superficie subió un grado (7%). Si sigue esa tendencia, la vida de los mamíferos está en peligro. Es claro que la sociedad tecnológica consume al planeta. Ya hemos pasado el umbral de arrepentimiento. Los 10 mil millones de personas que seremos sólo pueden sobrevivir en base a una enorme plataforma tecnológica global. La segunda pregunta es clara: ¿será la tecnología humana capaz de compensar el daño a la Tierra a tiempo?

El siglo XXI será de paradojas, dominado por la tecnología, la innovación y la velocidad. Vendrán nuevas formas de gobierno mundial. La empresa adquirirá nuevos roles sociales porque los gobiernos son muy lentos para los nuevos ritmos, lo que generará una nueva relación público-privado. Queda abierta la pregunta de qué pasa con la persona, con el individuo, y de cuánto espacio quedará para la espiritualidad.

El tiempo lo dirá. Mientras tanto, ¿qué hará usted?