Desde ángulos diversos, Gonzalo Cienfuegos y Matías Movillo presentan obras que exigen un observador dispuesto a mirar más allá de las formas.

  • 19 marzo, 2009

 

Desde ángulos diversos, Gonzalo Cienfuegos y Matías Movillo presentan obras que exigen un observador dispuesto a mirar más allá de las formas. Por María Jesús Carvallo.

Luego del paréntesis veraniego, durante el cual el panorama plástico estuvo medio muerto, dos interesantes exposiciones abren la temporada: Gonzalo Cienfuegos y Matías Movillo. El primero, bajo el alero de la Galería Animal, dará a conocer 20 dibujos perfectamente realizados que por más de 30 años estuvieron en manos de un coleccionista privado. Y el segundo, fiel a su galería de siempre –Isabel Aninat– presentará doce óleos de gran formato, inspirados en el patio trasero de su taller.

Lo interesante es que a pesar de que aparentemente estas muestras no tienen punto de comparación, hay algo profundo que las une, algo interno que no se ve pero que se alcanza a intuir. Ambos artistas trabajan con lo más íntimo del ser humano, aquel material del que están hechos los sueños.

Partamos por Cienfuegos, quien presenta 20 retratos que un admirador le encargó después de quedar alucinado con una exposición suya en São Paulo en 1976. Han pasado tres décadas desde su creación, pero se mantienen vivos: se trata de personajes hechos a lápiz y técnica mixta, algunos con rasgos exagerados (como las orejas, la nariz y los brazos), otros desnudos, varios curiosamente vestidos y muchos con una gran mochila sobre sus hombros.

Detrás de estos trazos definidos y figurativos, se percibe el reflejo de la época, plenos años 70. “La serie está contextualizada en un período que fue muy catártico, en el que quería sacar una cantidad de monstruos que tenía adentro. Es una investigación desde un mundo psicológico. En estos dibujos se puede ver la violencia, no de manera evidente, sino que apelando a la universalidad, producto de una edad y un momento que se vivía en el país”, dice el artista.

En el caso de Movillo, que ha recibido elogios de Claudio Bravo y Guillermo Muñoz-Vera, lo que destaca es la destreza de su pincel. Famoso por su trabajo figurativo, esta vez quiso hacer de la mancha la protagonista. “No dejé a un lado mi inspiración primera, que es el patio de mi taller. Pero mi idea sobre el lugar tuvo una dimensión distinta al espacio mismo. Es una percepción, representa un ámbito que tiene contenido e historia, que se ha hecho mío y que tiene mucho de ilusión y poesía. Ahora estoy apuntando a una pintura menos obvia”, comenta.