¿Se ha fijado en que cada vez nos abrazamos a más distancia del otro? ¿Cuándo fue la última vez que saludó a alguien en un ascensor? Diagnóstico: nos falta afecto país. Por Mauricio Contreras   Un actor argentino que vive hace muchos años en Chile planteó la siguiente reflexión en una reunión social: “este […]

  • 5 mayo, 2008

 

¿Se ha fijado en que cada vez nos abrazamos a más distancia del otro? ¿Cuándo fue la última vez que saludó a alguien en un ascensor? Diagnóstico: nos falta afecto país. Por Mauricio Contreras

 

Un actor argentino que vive hace muchos años en Chile planteó la siguiente reflexión en una reunión social: “este es el único país del mundo donde la gente se abraza y queda un espacio al medio”. Toda la razón, cada vez nos expresamos menos al momento del saludo o la despedida y nos estamos convirtiendo en témpanos de hielo como individuos relacionados.

Si bien como raza nunca hemos sido un pueblo caluroso, besador o de piel, como los argentinos o los colombianos, antes uno intuía que si pasaban algunos años sin verse, en el reencuentro con algún amigo o conocido el abrazo caía de cajón. Hoy las cosas no son así, hemos impuesto esta extraña moda del abrazo de lado –único en el mundo, creo yo – como no queriendo abrazar al otro. Me pasó hace poco en un asado de ex compañeros de colegio: algunos eran muy efusivos, con gestos como de haberse salvado del Titanic, mientras otros te decían: “tanto tiempo”, palabras con cariño sin su correspondiente acción corporal.

Es cosa de repasar el día a día. Llegando a la ofi cina, el ascensor abre sus puertas. Hay gente adentro, pero silencio. Nadie saluda al otro. En los escritorios salen los hola, pero nos damos poco tiempo para preguntarle al del lado cómo ha estado, qué tal el fi n de semana ni menos cómo está la familia. Un ejemplo: ¿damos el beso en la mejilla con intención o sólo ponemos la cara para chocar los huesos del otro? Pregunta para la casa.

¿Qué nos está pasando? ¿Por qué regulamos el afecto?

Esta columna no pretende hacer sociología ni un estudio sobre el chileno y sus relaciones. Sólo poner el tema y darnos cuenta de que no hay nada mejor que un abrazo apretado. Un abrazo convencido. Cuando uno era chico le enseñaban a saludar a un carabinero en la calle. La convivencia grata, los buenos momentos, las risas compartidas parten con demostraciones de que nos importa el otro, que lo expresamos, que no nos guardamos nada.

¿Imagen País? No, más urgente es la campaña Afecto País. No sé si esto es responsabilidad del Ministerio de Salud o si dependemos de algún organismo privado que invente una campaña publicitaria para hacer clic con el asunto. Cuando se habla de ciudades contentas y se exponen los rankings de felicidad de los países, un factor muy relevante es el cariño. Cortemos el cuento de una buena vez: no sigamos dando abrazos a medio metro. Apretados, hacen bien y se disfrutan.