Los hermanos Fernández, los dueños de la fábrica de molduras y puertas Polincay, acaban de dar un golpe en el rubro de los tableros. Presionados por la competencia, reaccionaron comprando una planta de MDF made in China, que levantaron con precisión y paciencia oriental 50 técnicos del país asiático en la zona de La Unión.

  • 14 diciembre, 2007

Los hermanos Fernández, los dueños de la fábrica de molduras y puertas Polincay, acaban de dar un golpe en el rubro de los tableros. Presionados por la competencia, reaccionaron comprando una planta de MDF made in China, que levantaron con precisión y paciencia oriental 50 técnicos del país asiático en la zona de La Unión. Por Javiera Moraga; fotos, Enrique Stindt, desde La Unión.

Los dueños de Polincay, los hermanos Horacio y Rodrigo Fernández, acaban de hacer una importación no tradicional para Chile y que está dando que hablar en el rubro forestal: compraron nuevita de paquete una planta de tableros de MDF made en China y la están instalando en el sur, específicamente en La Unión.

El proyecto ha sido una verdadera odisea. Por más de un año cerca de 50 especialistas chinos entre obreros e ingenieros han trabajado montando esta planta, cuya primera producción saldrá al mercado por estos días.

La decisión estratégica de los Fernández está haciendo historia. Y lo está haciendo no sólo en el rubro de los tableros MDF, sino que también en el sur de Chile, ya que el grupo de chinos que está montando la empresa literalmente se ha tomado La Unión. Con traductor y chef a cuestas, estos trabajadores no sólo están gozando del paisaje sureño, sino que montando una instalación que puede marcar un hito en la relación comercial con China: la compra de fábricas completas.

 

 

La madre del cordero

 

Cuando el año 1995 los hermanos Fernández compraron Polincay por 180 millones de pesos, la industria forestal ni se sospechaba que estaba frente a una potente dupla empresarial. En pocos años la compañía se convirtió en una de las líderes del mercado de las molduras y puertas, llegando a facturar 45 millones de dólares e incluso a exportar a Estados Unidos.

Ese crecimiento comenzó a agitar aguas en el sector forestal, ordenando de otro modo las piezas sobre el tablero y dejando a Polincay en una situación de escaso acceso a tableros MDF. Esa restricción derivada del nuevo entorno de competencia llevó a los Fernández a buscar una solución que les diera autonomía y, por qué no, que les permitiera explorar nuevas fuentes de rentabilidad.

En cierta forma los Fernández patearon la mesa con una reinvención que descolocó a sus competidores: como escaseaban los tableros MDF en el mercado se compraron una fábrica nueva en China, la embalaron y la montaron en La Unión… Bueno, bonito y barato.

Pero no se crea que el asunto fue fácil. -Cuando comenzamos a ver el tema descubrimos que el valor de una planta de MDF es altísimo, del orden de 50 millones de dólares y más, algo para nosotros inalcanzable – explica Horacio Fernández–. Estábamos en eso, cuando uno de nuestros clientes en Estados Unidos nos contó que en China vendían tableros de MDF, y que, por lo tanto, era lógico pensar que también vendían este tipo de plantas a precios bastante más módicos. Eso nos motivó a partir con la búsqueda, ya que como te digo las plantas alemanas o finlandesas eran inaccesibles.

Así, sin saber inglés (ni menos chino) los hermanos Fernández partieron al país asiático en busca de su tesoro: “La experiencia en China fue única. Nos levantábamos a las 4 de la mañana y sin desayunar siquiera partíamos al aeropuerto a tomar aviones hacia distintas zonas del interior, a ver en terreno cómo eran y producían las plantas. Fue una verdadera aventura”, cuenta Horacio.

“La primera vez que tomamos un vuelo interno –agrega Rodrigo– iba aterrado. No sabía cómo serían los aviones… Ni te imaginas mi sorpresa al llegar al aeropuerto: China Airlines tiene puros aviones nuevos, modelos 2005 en adelante. Y los aeropuertos tienen una infraestructura de no creerse. Nos bastó reparar en ese detalle para darnos cuenta que los chinos ya se están comprando el mundo”.

Y agrega: “Fíjate que hasta en los pueblos más chicos todo funciona de manera increíble. La verdad es que China la ¡re-que-te-lleva! Si están botando ciudades viejas para hacer otras completamente nuevas. En pueblos tipo Chimbarongo están construyendo decenas de torres juntas a un ritmo de locos”, cuenta Rodrigo Fernández.

Dejando de lado las anécdotas gastronómicas (en donde abundan detalles de culebras, arañas, pulmones de chancho y esas cosas), los Fernández también quedaron impresionados con el estilo de los chinos para conducir reuniones de negocios.

Horacio y Rodrigo explican que la atención es formal y hasta austera. De hecho recuerdan que lo único que les ofrecieron fue té verde, y que a la hora de repetir la taza, sin arrugarse le echaban agua al mismo paquete. Y ni pensar en azúcar. Las negociaciones, añaden, casi siempre eran con el dueño, que estaba instalado en su bodega en una suerte de escritorio altar que estaba más arriba que el resto.

La experiencia de estos empresarios fue tan espectacular como agotadora, ya que recorrieron al menos diez plantas de MDF. “Cuando llegamos a Chile nos dimos cuenta de que nuestro periplo había sido espectacular, pero que aún nos quedaba un buen trecho. Teníamos que finiquitar la decisión, financiar la planta, preparar el proyecto para los bancos y hacerlo realidad. Eso sí, teníamos una ventaja, ya estábamos instalados con un aserradero en la X Región”, dice Horacio.

Y claro que les quedaba camino por recorrer, pero los Fernández tenían la determinación necesaria.

Primero consiguieron el financiamiento y luego armaron un equipo excepcional, donde destaca el ingeniero Víctor Maruri quien ha trabajado para grandes grupos forestales -entre ellos Masisa- en el tema de las plantas. De hecho, fue el propio Maruri quien hace casi un año se instaló en La Unión para supervisar en el día a día el levantamiento de este coloso chino. El resto del equipo técnico viene de compañías como CMPC.

Pero su trabajo ha ido más allá, porque a él le cupo el rol fundamental de viajar a China y dar el visto bueno de la planta. El único requisito que puso Maruri fue que los mismos chinos debían trasladarse a La Unión y montar la planta. Y así se hizo.

Los Fernández han invertido en el proyecto 18 millones de dólares, dentro de los cuales lo ambiental también ha sido tema. Se trata de una planta que marcará un hito en la zona y cuya operación en conjunto con el aserradero demandará 8 MW, es decir más de lo que utiliza eléctricamente toda La Unión en su área domiciliaria.

Los Fernández buscaron la tecnología más moderna en materias de plantas de MDF. En el tema de la automatización utilizaron la tecnología americana de Allen Bradley, mientras que el área electrónica se centraron en el modelo de la compañía alemana Siemens. Esto permitirá que la planta tenga una producción anual de 150.000 metros cúbicos. A su vez, las dos plantas de melamina producirán cerca de 72.000 metros cúbicos anuales.

Así fue como estos empresarios sortearon la situación competitiva que se les presentó hace más de un año. En el rubro de los tableros tienen claro que está entrando un nuevo actor de armas tomar, por lo que todas las miradas están puestas en ellos. Mientras, los hermanos Fernández ya comenzaron a pensar en un nuevo proyecto: abrir Polincay a la bolsa el 2010.