• 30 mayo, 2008

 

En medio de la incertidumbre, existe una receta que ha probado (no sin causar molestias a veces dolorosas en el organismo) ser exitosa: la libre competencia.

 

De nuevo las recetas

Cada cierto tiempo se produce una explosión de recetas para que la economía nacional crezca a tasas superiores. Estos días no han sido la excepción. Motivadas por las incertidumbres de la economía internacional y las proyecciones domésticas del Banco Central, múltiples voces se apresuran a proponer sus recetas para la “influenza” económica que nos amenaza. No seré o quien pierda su propia oportunidad (brindada con gentileza por Capital) para “recetar” al menos un medicamento que me parece necesitamos con urgencia.

 

 


Recetas que sanan

 

Dicho en buen chileno, ¡pucha que falta competencia! Son incontables las oportunidades que permitirían incrementar la productividad si sólo abriéramos más espacio a la libre competencia. Veamos tres ejemplos.

A partir de una denuncia de la Cámara de la Construcción, la Fiscalía Nacional Económica acusó a cinco empresas sanitarias de abuso de posición dominante en contra de desarrolladores inmobiliarios. Amparadas en parámetros cuestionables y no detallados en las evaluaciones de proyectos, las empresas sanitarias vendrían cobrando en exceso a quienes buscan desarrollar proyectos inmobiliarios en la frontera de las zonas de concesión.

Nunca sabremos cuántos proyectos se frustraron o cuánto más han pagado los compradores de viviendas como resultado de esta política de cobros abusivos. Tampoco es posible medir la pérdida neta de actividad económica y de empleo que esta práctica ha provocado. Es hora de que el Tribunal de la Libre Competencia actúe.

Por otro lado, hemos sido testigos del desarrollo vertiginoso de las telecomunicaciones y de la forma en que ellas y las nuevas tecnologías de la información abren posibilidades insospechadas para mejorar la calidad de vida de las personas y aumentar la productividad.

En los próximos meses, tanto la autoridad de telecomunicaciones como la de la competencia deben pronunciarse sobre un nuevo concurso para licitar el espectro destinado a lo que se conoce como la tercera generación de telefonía móvil (3G). Se trata de servicios que permiten transferir voz y datos, descargar programas, intercambiar correos electrónicos y mensajería instantánea a velocidades y en condiciones superiores a las que estamos acostumbrados.

Naturalmente, las empresas de telefonía móvil aparecen como las principales interesadas en este concurso. Pero no olvidemos que así como la competencia ha sido un dinamizador notable en el desarrollo de la telefonía móvil, profundizar dicha competencia esfundamental para sostener ese desarrollo en el tiempo.

En mi opinión, es indispensable que la autoridad garantice espectro para asegurar el ingreso de nuevos actores a la telefonía móvil de tercera generación. Porque la competencia ha permitido más y mejores servicios de telecomunicaciones a precios cada vez menores, no podemos renunciar a promover aún más competencia en el sector.

Finalmente, con tardanza, el Sistema de Empresas Públicas (SEP) ha dado paso a una nueva fase de licitaciones de infraestructura portuaria. Las licitaciones deberán ser sometidas a consideración del Tribunal de la Libre Competencia para que éste se pronuncie sobre las restricciones vigentes a la integración horizontal.

En particular en el caso de Valparaíso y San Antonio, me parece que, pese a que es evidente que hoy ambos puertos compiten por captar clientes, una estructura de mercado en la que sólo contamos con un operador por puerto corre el riesgo en el largo plazo de generar colusiones tácitas y debilitar la competencia por precios.

Salvo circunstancias muy excepcionales, no me parece saludable eliminar en este caso las restricciones a la integración horizontal. No tengo dudas de que contaremos con actores interesadosen ingresar a un mercado que ha resultado dinámico y exitoso y que es, además, fundamental para el desarrollo del país.

 

 


Dele no más, doctor

 

Como en tantas cosas, existe el riesgo de que intentemos curar los síntomas de nuestra “influenza económica” sin ir a las causas de la enfermedad. En medio de la incertidumbre, existe una receta que ha probado (no sin causar molestias a veces dolorosas en el organismo) ser exitosa en este campo: la libre competencia. Si queremos sanar en serio, entonces inoculémonos con más competencia y políticas que la favorezcan. ¡Dele no más, doctor!