La aerolínea Level, parte del grupo IAG –donde también participan Iberia y British Airways– acaba de aterrizar en Chile. Su apuesta es arriesgada: es la primera low cost que cruza el Atlántico hasta Barcelona por 180 mil pesos el tramo.

  • 12 abril, 2019

Hasta el 31 de marzo, nadie había llegado a Chile en un vuelo low cost de 14 horas. El aterrizaje del primer avión de la aerolínea Level el domingo pasado marcó dos récords. Primero, por su precio: los pasajeros pagaron 237 euros por el ticket (cerca de 180 mil pesos), y segundo, por la duración: 14:40 horas desde su salida de Barcelona, “el vuelo directo más largo que sale de España”, dice su CEO, Vincent Hodder.

El máximo ejecutivo de la compañía era uno de los 230 pasajeros (de 314 de capacidad) que formaban parte de ese viaje. “Fue fantástico”, asegura. “Nos dimos cuenta de cosas como que la demanda para sándwiches, snacks y bebidas –que no están incluidos en el precio base– es mayor en ese vuelo, no solo por su duración, sino también porque viaja de día: sale a las 11 de Barcelona y aterriza a las 9 de la noche en Santiago, entonces la gente casi no duerme”, explica.

Level es parte del grupo IAG, al que también pertenecen British Airways, Iberia, Aer Lingus y Vueling. Tiene su matriz en Londres, sin embargo, opera desde Barcelona y París. Comenzó a volar en junio de 2017 bajo el modelo de aerolínea de bajo costo y largo alcance, y desde ahora mantendrá dos operaciones semanales a Santiago, que se duplicarán en julio. 

Aunque el 55% de quienes han viajado en Level son menores de 30 años, la compañía no se define como millennial. “Nuestro público objetivo son los pasajeros de las aerolíneas de bajo costo que quieren conocer nuevos destinos. En Europa ya están educados por los últimos 15 años de vuelos de este tipo. De hecho, cuando despegó de Barcelona el primer avión dos años atrás rumbo a California, los pasajeros llegaron con sus almohadas, sábanas y snacks. No tuvimos que educarlos, ellos ya sabían a lo que iban”, señala Hodder.

La tarifa base de Level es de 180 mil pesos por tramo, con los impuestos incluidos, que puede variar de acuerdo a la demanda. “Hemos tenido precios más baratos, de 169 euros, pero lo normal es 237 euros”, dice el CEO en perfecto castellano.

 

Vuelta al mundo

Vincent Hodder (48) nació en Melbourne, pero pasó gran parte de su infancia y juventud entre Medio Oriente y Sudáfrica por el trabajo de su padre, en la industria del petróleo. Cuando tuvo que elegir su carrera, Hodder no lo dudó: quería viajar. Así que siguiendo el ejemplo de su progenitor, apenas egresó de la universidad se empleó en el rubro de las gasolinas. Durante siete años vivió en distintas ciudades de Australia y Sudáfrica. Pero quería viajar más, así que se trasladó a la consultora Bain and Company, una de las mayores del mundo, para asesorar estratégicamente a aerolíneas. En tres años vivió en San Francisco, Sudáfrica, Nueva Jersey y Australia.

De ahí se fue a Taca y a El Salvador, donde conoció a su mujer. Luego de cinco años, regresó a Australia para unirse al grupo Qantas y trabajar en la aerolínea Jetstar, de bajo costo y largo alcance. Después de iniciar una nueva compañía de ese tipo para Jetsmart en Japón, el ejecutivo se trasladó a México para desempeñarse en Vive Aerobus, aerolínea de ultra bajo costo, parte del grupo Ryan y de la empresa mexicana de buses Iamsa. Estaba viviendo en Londres mientras trabajaba en una aerolínea regional británica, cuando, dice, le ofrecieron el trabajo de sus sueños: hacerse cargo de una nueva low cost para tramos largos: Level.

Tras una revisión de su portafolio, IAG se dio cuenta de que la mayoría de sus marcas tenían una franquicia geográfica (British, Inglaterra; Iberia, España; Aer Lingus, Irlanda; y Vueling, la península ibérica). Lo que el grupo no tenía era una marca sin base en geografía de vuelos de bajo costo para tramos largos. La australiana Jetstar había creado ese modelo en 2006, y Europa era el campo de batalla perfecto para alcanzar escala y tener la presencia en el mercado.

Hoy Level tiene dos operaciones, una en Barcelona, que viaja a Buenos Aires, Santiago, San Francisco y Boston; y otra en París, que vuela al Caribe francés, Montreal y Nueva York. Para eso, cuenta con una flota de cinco aviones Airbus 330-200 y otros cuatro A321 para la operación de radios cortos que está basada en Viena.

En los próximos seis meses, la compañía adquirirá otros cinco aviones. Tres de ellos irán a una nueva base que abrirá esta semana en Ámsterdam, para viajes de corto radio; uno para Barcelona, para aumentar la frecuencia de los viajes a Chile a cuatro semanales y abrir la ruta Barcelona-Nueva York; y el último para París.

-¿En todos los low cost el negocio de la compañía está en todos los “extras” que los pasajeros pagan?

-Es correcto. Pero lo que estamos haciendo es dar a los consumidores el control de cómo ellos quieren viajar. Lo básico es el asiento, que es la entrada al avión. ¿Quieres elegir dónde te sientas? ¿Cuánto equipaje quieres llevar? ¿Cómo quieres comer? Tenemos paquetes de comida muy parecidos a una aerolínea tradicional, si así es como quieres viajar, o si solo quieres un sándwich o un snack puedes comprarlo durante el viaje. La entretención está incluida para todos, pero también puedes contratar internet de alta velocidad. Tú eliges cómo gastas tu dinero.

Si bien no hay estadísticas sobre cuántos pasajeros pagan solamente la tarifa base, el australiano cuenta que casi 30% compra el paquete de comidas, que en el vuelo a Chile abarca tres platos: un almuerzo después de la salida, un snack pequeño y un light refreshment antes de la llegada.

 

Estructura flexible

En paralelo a la carrera por bajar los costos, el grupo IAG está repensando la forma de estructurar el negocio. “Las aerolíneas generalmente están organizadas verticalmente, lo que las hace muy inflexibles. El modelo de Level es para dividir al grupo hasta módulos específicos y operar cada uno en forma completamente distinta. Nuestras operaciones de Barcelona son provistas por Iberia, los tripulantes y pilotos son empleados de ellos”, dice.

-¿Por qué?

-En el inicio fue la forma más rápida para alcanzar una base de costos más baja. Los costos de esos viajes realizados por Iberia son mucho menores a los que tiene al operar sus propios vuelos. Todas las decisiones sobre dónde volamos, las decisiones comerciales, están hechas por nuestro equipo de Level y concertamos con Iberia para que ellos operen la capacidad. Y por temas de seguridad: Level es tan seguro como Iberia.

En París, la compañía tiene una estructura totalmente distinta: existe un subsidiario (Fly Level, parte de la matriz IAG) con su propio certificado de vuelos y sus propios aviones con su código LV, Level. En Viena, en tanto, como son operaciones de corto tramo, la empresa provee la distribución y la marca, fija los estándares de servicio al cliente y de cómo es el producto, pero todas las decisiones de cómo volar, dónde, con cuáles aviones, las toma el equipo de Viena y no la matriz en Londres. “La compañía está diseñada para ser muy flexible, para adoptar cualquier modelo en cada mercado que nos dé menores costos”, dice Hodder.

-Bajo ese modelo, ¿cómo garantizan la seguridad?

-La seguridad en cualquier aerolínea es lo más importante, es el boleto de entrada a la industria: si no eres seguro, no puedes volar. Todos nuestros aviones están nuevos, nuestro tipo de avión de largo radio es una plataforma muy estable que ha existido en el mercado por mucho tiempo. Tres de ellos los trajimos directamente de la fábrica y los otros dos tenían dos años en Iberia antes de venir a Level. Además de contar con una flota nueva, es mantenida en el centro de de Iberia en Madrid y en Lufhtansa Technik, de París.

Vincent Hodder viaja en avión al menos dos días a la semana. Después de venir a Chile volaría a Madrid, de ahí a Ámsterdam y Londres. Luego a Madrid de vuelta, a un nuevo proyecto de la aerolínea que aún no puede contar, dice.

-Después de tantos años arriba de aviones, ¿todavía no se aburre de viajar?

-No. Estar en el avión es mi tiempo para relajarme. En la tierra estoy en entrevistas, o reuniones, o al teléfono resolviendo problemas. En el aire todavía me puedo relajar. Por eso es mi santuario.