De la luz a la oscuridad. Ése es literalmente el camino empresarial que siguió Iván Gatica, un ingeniero que se especializó en el desarrollo de soluciones de iluminación a través de su empresa Dilampsa y que hoy está dando un giro en 180 grados con un nuevo emprendimiento enfocado al turismo astronómico. Se trata del observatorio Pailalén, un proyecto que levantó en el Cajón del Maipo, sector en el que vive desde hace 25 años y que acaba de abrir sus puertas al frente del sector El Ingenio en el fundo San Lorenzo. Para hacer realidad esta idea tuvo que alejarse lo más posible de la luz y buscar un lugar que estuviera protegido de la contaminación lumínica de Santiago. Así dio con una meseta rodeada de cerros donde instaló un telescopio Meade que mandó a pedir especialmente a su fabricante en Estados Unidos y a través del cual, dice, es posible ver la vía láctea en detalle, las constelaciones y algunos de los planetas del sistema solar. Para completar el proyecto, levantó un restaurante al lado del observatorio, que cuenta con una cúpula en forma de planetario donde se proyectan imágenes del cielo. Toda una aventura en la cual invirtió 500 millones de pesos y en la cual hoy trabajan sus tres hijos: Sebastián, agrónomo, Elena, psicóloga, y Nicolás, que cursa su último año de Ingeniería Civil.

  • 17 julio, 2011

De la luz a la oscuridad. Ése es literalmente el camino empresarial que siguió Iván Gatica, un ingeniero que se especializó en el desarrollo de soluciones de iluminación a través de su empresa Dilampsa y que hoy está dando un giro en 180 grados con un nuevo emprendimiento enfocado al turismo astronómico. Se trata del observatorio Pailalén, un proyecto que levantó en el Cajón del Maipo, sector en el que vive desde hace 25 años y que acaba de abrir sus puertas al frente del sector El Ingenio en el fundo San Lorenzo. Para hacer realidad esta idea tuvo que alejarse lo más posible de la luz y buscar un lugar que estuviera protegido de la contaminación lumínica de Santiago. Así dio con una meseta rodeada de cerros donde instaló un telescopio Meade que mandó a pedir especialmente a su fabricante en Estados Unidos y a través del cual, dice, es posible ver la vía láctea en detalle, las constelaciones y algunos de los planetas del sistema solar.

Para completar el proyecto, levantó un restaurante al lado del observatorio, que cuenta con una cúpula en forma de planetario donde se proyectan imágenes del cielo. Toda una aventura en la cual invirtió 500 millones de pesos y en la cual hoy trabajan sus tres hijos: Sebastián, agrónomo, Elena, psicóloga, y Nicolás, que cursa su último año de Ingeniería Civil.