El lunes 11, el abogado Rodrigo Delaveau juró como ministro suplente del Tribunal Constitucional (TC). Aquí habla sobre los desafíos de esta institución.

  • 14 marzo, 2019

-¿Cree que debieran modificarse las atribuciones del TC, de manera de transparentar su marco de acción y evitar las críticas a esta institución?

-Una institución que tiene como objetivo hacer efectivos los derechos y libertades constitucionales, mediante los límites, frenos y contrapesos que deben existir entre poderes del Estado, siempre va a recibir críticas. Es imposible que el juez constitucional sea el más popular de los poderes del Estado. Con todo, existe un campo enorme de mejoras y perfeccionamientos al rol del TC. En esto hay que ser muy claro: el TC debe entrar ahora a una nueva etapa, que signifique, por un lado, perfeccionar sus competencias y facultades, elevando su estándar de funcionamiento, y, al mismo tiempo, equilibrar estas modificaciones con reformas que reconozcan su rol como último intérprete de la Constitución.

-¿Cómo puede mejorarse el mecanismo de nombramiento de ministros y cuáles son los problemas de los que adolece hoy esta institución en esa materia?

-Las mejores prácticas internacionales fijan ciertos requisitos de filtros objetivos para la pre selección de candidatos, de manera que luego sean los poderes del Estado los que intervengan. Estos requisitos no solo apuntan a los méritos de los candidatos, sino también a los posibles conflictos de interés, lo que no solo se aplica a litigantes o asesores, sino también a “académicos exclusivos”, ya que el exceso de publicaciones respecto de materias a ser juzgadas por el tribunal puede comprometer la independencia intelectual del juez.

-¿Cómo ha avanzado la experiencia internacional en materia de tribunales constitucionales y hacia qué modelo debiera avanzar Chile?

-La experiencia internacional es abundante en ir reconociendo la importancia del TC, y no solo en países de tradición anglosajona. La justicia constitucional no es, ni puede convertirse en una justicia “de instancia”, de fallos industrializados, o mecanizados en serie. La sentencia constitucional debe ser precisa, bien fundamentada, con una doctrina clara que sostenga sus razones –tanto en los votos de mayoría y minoría– y no solo que se conozca la decisión, ya que esto es un Tribunal Constitucional, no un Jurado Constitucional.

Adicionalmente, el que “todo” deba ser visto por el TC, termina transformando su rol en una herramienta dilatoria para la litigación oportunista de abogados que pueden abusar del sistema.

Si queremos mejorar la calidad y prestigio del Tribunal, es indispensable que su rol sea quirúrgico, y que el número de casos que revisa sea acotado y los estrictamente necesarios.