El Indicador Mensual de Actividad Económica (Imacec) en junio fue de un 4,9% en comparación al mismo mes del año anterior, de acuerdo a lo informado por el Banco Central. Esta noticia, junto al aumento de un 0,2% en la tasa de desempleo en los últimos 12 meses, ha mantenido al ministro de Hacienda, Felipe […]

  • 7 agosto, 2018

El Indicador Mensual de Actividad Económica (Imacec) en junio fue de un 4,9% en comparación al mismo mes del año anterior, de acuerdo a lo informado por el Banco Central. Esta noticia, junto al aumento de un 0,2% en la tasa de desempleo en los últimos 12 meses, ha mantenido al ministro de Hacienda, Felipe Larraín, presente en la prensa durante los últimos días.

Hace un par de meses -poco antes de jurar como ministro- Larraín fue entrevistado por Capital , donde aseguró que que su cargo esta vez será más político y con más calle.

“El crecimiento no está asegurado”

Por: María José Gutiérrez

La noche del viernes 19 de enero en la casa de Felipe Larraín había fiesta. Su mujer Francisca Cisternas se recibía de psicología en la UDD. En silencio, el economista tenía otro motivo para celebrar: cerca del mediodía había recibido una llamada de Sebastián Piñera invitándolo a ser su ministro de Hacienda.

La conversación duró pocos minutos. Tras colgar, Larraín caminaba en círculos en su oficina de Clapes UC, el centro de políticas públicas que fundó tras dejar el gobierno en 2014. Lo primero que atinó a hacer fue rezar a Dios y a sus papás y hermanos. Entre cientos de libros, apoyados en una repisa de madera que cubre todo el muro, el futuro secretario de Estado muestra tres fotos, dos de ellas en blanco y negro. La primera es de Adolfo y la otra de Andrés, sus dos hermanos mayores –de los cinco que son en total– que murieron cuando él tenía 7 y 13 años. La tercera es de su padre, Vicente Larraín, que falleció en 2000. “Una de mis mayores penas es que el viejo no me haya acompañado cuando juré como ministro en 2010”, confiesa. Esa vez, su madre Marta Bascuñán –que murió en 2013– estuvo presente en la ceremonia y en Cerro Castillo junto al resto de su familia.

-¿Fue una sorpresa el llamado?

-No fue totalmente inesperado porque era muy probable que escogiera entre un grupo reducido de personas que lo habían acompañado en la campaña. Yo era uno de ellos y esta es una pega que yo conocía. Pero tuvo su grado de sorpresa porque había gente que pensaba que iban a ser otras personas, que había que mostrar caras nuevas y que la idea era no repetirse el plato.

-Eso no pasó. Varios ministros y subsecretarios se repiten.

-Yo ahí tengo algunas diferencias. El tema de repetirse el plato –que no quiero recordar quién lo popularizó– se contrapone con lo que el presidente optó en algunos casos por aprovechar la experiencia de trabajo en conjunto.

-¿Por qué lo eligió a usted? Sonaba Rodrigo Vergara para el cargo…

-No soy yo quien debe juzgarlo. Rodrigo es un gran economista y muy amigo mío, a quien tengo respeto y afecto. El presidente me dijo que quería que lo acompañara en el Ministerio de Hacienda. Yo le agradecí, le dije que estaba honradísimo de su invitación y que aceptaba encantado.

Poco antes de las 4 de la tarde Larraín compró un ramo de flores y partió a la universidad para ver a su mujer salir del examen. “Se sacó un 7 en la defensa, gran orgullo. Y ahora va a abrir una consulta privada”, dice.

-¿Usted se ha terapeado alguna vez?

-No soy mucho de psicólogos, fui un par de veces. Tengo un amigo psiquiatra con el que converso, pero como es amigo mío no me trata, ni me cobra. Que haya gente que pueda pensar que yo necesito tratamiento es otra cosa. (Ríe)

-¿Qué quedó pendiente del gobierno anterior que lo motivó a volver?

-Sin duda quedaron muchas cosas pendientes. Proyectos de largo plazo que nunca pensamos que íbamos a hacer en un período de 4 años. Por ejemplo, llevar a Chile hacia el desarrollo. Claramente lo hemos pospuesto, porque nos fuimos de crecer al 5,3% en el gobierno pasado al 1,8% en este. Durante estos cuatro años se me ha acercado mucha gente que me ha dicho cómo han visto frustradas sus expectativas. El desempeño económico de este gobierno es paupérrimo. Vamos a heredar una situación súper complicada en lo económico, en lo fiscal, y tenemos la posibilidad de enmendar el rumbo.

-¿La tarea número uno del gobierno es crecer y todo lo demás es música, como dijo Ricardo Lagos?

-Lo de Lagos tiene mucho de cierto. Pero no es crecer por crecer. Para que los chilenos mejoren su calidad de vida necesitamos crecer. Por eso es que tiene tanta razón: porque eso te permite llevar adelante un programa más ambicioso, tener un énfasis en lo social.

Quién manda la billetera

-¿El país que recibe ahora es peor que en 2010? Esa vez veníamos saliendo de una recesión, tuvimos un terremoto…

-Son diferentes. Por supuesto que en términos físicos de destrucción, el otro escenario fue peor. Hay que ser claros: ahora no hemos tenido crisis económica, pero hemos tenido un crecimiento bajísimo y por un período muy largo. Llevamos cuatro años consecutivos de caída de inversión. Eso no se había dado en Chile al menos en los últimos 60 años. Y sin crisis externa. La economía mundial mejoró bastante en 2017 y Chile creció apenas 1,6%, cuando el mundo creció alrededor de 3,5%. En nuestro gobierno anterior crecimos 30% sobre la economía mundial. Lo que hemos visto es un deterioro de la calidad del empleo, no solo que se crearon menos, si no que muchos empleos públicos y empleo calle. El deterioro de las confianzas es uno de los más graves problemas, esa crispación con la que vivimos.

-Pero la crispación venía de antes. Ustedes tuvieron mucha calle y protestas.

-Nos tocó mucha calle, pero acá hay otro tipo de crispación. Al final no todo es por el gobierno, es cierto, pero la responsabilidad última sobre lo que pasa en la economía de un país recae sobre él.

-¿Le preocupa que haya una campaña de movilizaciones que haga difícil gobernar?

-Uno siempre tiene que escuchar a la calle, pero no gobernar para la calle. Yo siento que muchos espacios de este gobierno fueron capturados por grupos de interés.

-Sebastián Edwards dijo que la homogeneidad del gabinete era su mayor fortaleza y su mayor debilidad. ¿Está de acuerdo?

-No sé qué tan homogéneo es. Es muy subjetivo. Creo que hay bastante diversidad. Ahora, uno siempre podría pensar en un gabinete más diverso. Pero pondría acento en otra cosa: este es un gabinete con experiencia no solamente en políticas públicas, sino en política, con ex parlamentarios. A nosotros no nos van a juzgar por si el gabinete era más o menos homogéneo, nos van a juzgar por los resultados. Y esos resultados se logran con equipos afiatados que hacen la pega en beneficio del país.

-Siempre se ha dicho que Sebastián Piñera es finalmente el ministro de Hacienda, lo dijo hace poco Ascanio Cavallo. ¿Quién decide cómo se administra la plata: Piñera o usted?

-Es divertido eso porque yo siempre me he sentido completamente empoderado por el presidente. Desde el mismo 11 de marzo de 2010. La gran mayoría de las decisiones no se le consultan al presidente porque uno no va a preguntar cada cosa. Además, a mí me ha tocado participar en el programa de gobierno, entonces uno sabe qué hacer en el ministerio. Pero si existen diferencias o dudas, el que toma la decisión final es el presidente.

-O sea él maneja la billetera…

-No. Eso es cuando hay diferencias. La billetera la maneja el Ministro de Hacienda. El que prepara el presupuesto es el director de Presupuesto con el Ministro de Hacienda. Con el presidente se conversan los lineamientos generales, luego lo conoce en detalle y le da los énfasis que estime.

-¿Logra discrepar con Piñera?

-Por supuesto, pero el 99% de las veces estamos de acuerdo. Tenemos una formación muy parecida. Él fue mi profesor, luego me recomendó para que me fuera a estudiar afuera. Y en ese 1% cuando hay diferencias, la opinión que prevalece es la de él.

-Están más alineados que lo que estaba por ejemplo Rodrigo Valdés con la presidenta Bachelet…

-Yo no sé cuán alineados estaban. Pero sí le puedo decir que yo con el Presidente Piñera estoy súper alineado.

-¿Cómo evalúa la gestión de los tres ministros de Hacienda que tuvo este gobierno?

-Tengo diferencias importantes en materia de las políticas que ha implementado este gobierno, pero eso no disminuye mi respeto y aprecio personal por Nicolás Eyzaguirre y por Rodrigo Valdés.

-¿Y por Arenas?

-Creo haber sido claro.

-¿A Piñera le sopla el viento a favor? ¿Cuánto hay de suerte en la gestión de Hacienda?

-Lo que pasa es que algunos aprovechan las oportunidades que da la economía mundial y otros no. La economía mundial mejoró fuertemente en 2017 y Chile no lo aprovechó. Yo me he dado cuenta de una cosa: mientras más temprano me levanto y más duro trabajo, más suerte tengo.

Vender humo

Después del anuncio del gabinete, Felipe Larraín partió a Madrid y París a terminar algunos compromisos laborales y aprovechó de reunirse con su amigo Luis De Guindos, futuro vicepresidente del Banco Central Europeo. De ahí, viajó a Miami con toda su familia –su mujer y sus 5 hijos– para celebrar sus 60 años. Le regalaron dos libros: uno con fotos y otro con mensajes de sus amigos y familia. El lunes 19 de febrero volvió a Chile.

-¿Cree que será complicado manejar la billetera fiscal pensando que hay déficit estructural, pero al mismo tiempo hay demandas sociales importantes y Piñera ha dado señales de un gobierno más orientado a lo social?

-Para que podamos darle un sello social al gobierno, Chile tiene que volver a crecer en serio. Si no, es difícil hacer una política social potente por la simple realidad de que no hay recursos. Y claro, hay una tensión porque sabemos que las finanzas públicas se han deteriorado en forma significativa. La deuda pública se ha doblado a más de 60 mil millones de dólares en cuatro años. Esto es un problema no porque Chile tenga los niveles de endeudamiento más altos, porque no los tiene, pero este deterioro fiscal lo han sentido las agencias internacionales que nos rebajaron el riesgo país, cosa que no ocurría en Chile en un cuarto de siglo. Aquí hay un aumento de gasto público irresponsable que se suma a la caída de la recaudación por efecto auto inducido del frenazo económico por las reformas, la incertidumbre y la disminución de las confianzas. Entonces, hay más gasto, menos recaudación, lo que genera un mayor déficit, que significa más endeudamiento. Y el tercer elemento es la caída del precio del cobre.

-Cuál es la salida, porque el gasto es difícil de reducir…

-El gasto no se va a reducir, pero sí se puede lograr que el gasto crezca menos que la economía en su conjunto. Ahora, tenemos algunas medidas de austeridad y reasignación de programas para hacer espacio para el programa económico del presidente Piñera cuyo costo evaluamos en el orden de 14 mil millones de dólares.

-La clasificadora de riesgo Fitch Ratings dijo que el crecimiento económico no está asegurado y que los planes del próximo gobierno sobre cómo van a financiar sus medidas todavía son “vagos”. ¿Qué responde?

-Tiene razón Fitch en que el crecimiento no está asegurado. Depende en parte de las condiciones externas, que están mejorando, pero mucho más de las buenas políticas y de la recuperación de las confianzas. En eso estamos trabajando. Los detalles los presentaremos una vez en el gobierno, como corresponde responsablemente, porque tenemos que ver exactamente cómo recibimos las cuentas públicas.

-La sospecha de la izquierda es que este gobierno se inclinará a favor de las empresas versus las personas, en un afán por levantar la inversión. ¿Qué prioridad tendrán las personas?

-Es que esa es una de las falsas dicotomías que ha planteado la izquierda y es parte de esta lógica de confrontación empresas-personas. Lo que queremos es una lógica de colaboración, ¡si detrás de las empresas hay trabajadores, detrás de los servicios hay personas! ¿Queremos que a las empresas les vaya bien? Sí. Grandes, medianas y pequeñas. Es la diferencia con lo que se ha sembrado en este gobierno: la lógica del suma cero, que lo que tú ganas, lo pierdo yo. Queremos la lógica de suma positiva en que todos podemos ganar y donde hacemos crecer el tamaño de la torta para que todos podamos participar. Es una lógica inclusiva. Ahí viene el acento social.

-En el gobierno anterior de Sebastián Piñera hubo grandes promesas y no todas se cumplieron. Por ejemplo, en delincuencia. ¿No cree que crearon demasiadas expectativas?

-Creo que sí se crearon muchas expectativas. Es parte de la autocrítica que hago. Pero quiero hacer una salvedad: en materia económica prometimos más o menos lo que cumplimos. Prometimos un millón de empleos y creamos más de un millón, en materia de crecimiento económico dijimos 6% y crecimos 5,3%. Y redujimos la delincuencia, aunque menos de lo que hubiéramos querido.

-¿Decir ahora que vamos a crecer 3,5% y no 6% es parte del manejo de las expectativas?

-No queremos venderle humo al país. Yo he sido claro en torno a dos cifras: para este año un crecimiento en torno al 3,5% y después para el período de gobierno entre 3,5% y 4%. Podríamos haber dicho 5%, pero no es realista, porque a pesar de que las condiciones de la economía mundial han mejorado, no son las que teníamos antes. Y porque hay un daño hecho a la economía chilena que hay que recuperar, y eso no es tan simple. A algunos puede parecerle poco ambicioso, pero si lo logramos, será el doble de lo que logró el actual gobierno.

Reforma a la reforma

-Una de las prioridades de Hacienda será reformar la reforma tributaria. ¿El proyecto lo presentarán en los primeros 100 días?

-Se podría decir que es una prioridad del primer año. Para un proyecto tan importante como éste ojalá podamos generar consensos más amplios que los necesarios para su aprobación, no solo porque lo necesitamos –lo que es evidente–, sino también por convicción. En los temas de Hacienda manifiesto mi disposición a conversar con todos los sectores que quieran hacerlo de buena voluntad. Ahora, si alguno no quiere, no lo podemos obligar.

-¿Con quienes está trabajando en el proyecto de ley?

-Fundamentalmente con Rodrigo Cerda, próximo director de Presupuestos. Y en los temas jurídicos me he asesorado con Carolina Fuensalida y Jaime del Valle. Nuestro primer objetivo es simplificar el régimen tributario porque es un beneficio en sí y es particularmente importante para las pymes, que no entienden ni tienen la posibilidad de contratar costosos asesores tributarios. Un segundo objetivo es dar certeza jurídica a los contribuyentes, que no tengan una enorme incertidumbre de lo que les puede pasar si tienen una revisión. Y tercero, queremos hacer un sistema tributario pro crecimiento, inversión, empleo, y para eso queremos integrarlo, lo que significa que el impuesto pagado a nivel empresas es un crédito para el que recibe el dividendo. Desde el punto de vista de eficiencia es mejor, pero además hoy hay una discriminación súper odiosa que mucha gente no la sabe, entre el inversionista nacional y el extranjero, entre las rentas del trabajo y las de capital. Esta discriminación se elimina al integrar plenamente. Y el otro tema: hemos hablado de una reducción moderada del impuesto de primera categoría del 27% al 25%.

-¿Hay espacio fiscal para la rebaja?

-Primero hemos dicho que será gradual y que vamos a ver cómo encontramos la situación de las finanzas públicas cuando estemos adentro. Para eso tenemos 90 días para emitir nuestro compromiso fiscal en términos de regla estructural en los próximos cuatro años. Ahora, bajar a 25% la tasa es al promedio de la OCDE. No nos queremos distinguir ni por tener la tasa más alta ni la más baja de tal grupo, porque hay que entender que existe una competencia tributaria. Estamos en un mundo global donde se compite por el capital y evidentemente el capital puede escoger dónde ir.

-¿Chile hoy es menos atractivo para invertir que hace cuatro años?

-Yo creo que Chile sigue siendo un país con grandes atractivos para las inversiones, pero hemos tenido un deterioro a los incentivos en el último tiempo

-¿Su propuesta va a disminuir la recaudación?

-Vamos a mantener la recaudación, es una propuesta fiscalmente neutra, considerando obviamente el crecimiento económico. Aquí se hizo una reforma tributaria que se dijo iba a recaudar 8.400 millones de dólares y, en vez, en cuatro años perdimos 14 mil millones de dólares en recaudación por el desplome del crecimiento, no solo por la reforma tributaria, sino por el conjunto de reformas y la desconfianza.

-¿Hay algo que rescate de la gestión actual?

-Sí. Primero, le doy el beneficio en términos de la intencionalidad. Yo creo que la presidenta ha querido mejorar el país, desde su perspectiva. Pero se ha equivocado rotundamente porque los resultados son muy malos. En materia internacional hay amplios consensos en lo que se ha hecho: se está firmando TPP, que es un proceso que comenzó en nuestro gobierno. Rescato también la ley que estimula las exportaciones de servicios, es bueno que tengamos los informes de productividad en los proyectos de ley, además de la creación de esta comisión de productividad, y reconozco también el transparentar el financiamiento de la política. Pero el resto… En materia tributaria hemos tenido un retroceso gigantesco, lo mismo en materia laboral y tengo discrepancias importantes en materia educacional. Hay muchísimo que enmendar. Pero para dejarlo claro, no venimos con una retroexcavadora.

Calle y ego

-Piñera dijo que ha cambiado mucho en estos ocho años, ¿en qué ha cambiado usted?

-Solamente los burros no aprenden. En el gobierno anterior pensé que mi pega era hacer bien el trabajo económico; eso es necesario, pero me di cuenta que no es suficiente. Hay que preocuparse de los temas políticos. Yo espero ser un ministro cercano, que salga a la calle, no me quiero quedar encerrado en Teatinos por mucho que mi tendencia como profesor universitario sea analizar documentos y escribir.

-¿Le faltó calle?

-Yo salía a la calle, pero voy a salir más en este gobierno. Iba mucho a La Vega, a ver a mis amigas floristas y espero volver. Y fui a ver a mucha pyme, trabajadores, porque así uno va conociendo distintas realidades. Y otra cosa que fui trabajando es el contacto con nuestros partidos. Trabajar unidos, evitar las peleas internas que dañan mucho. Y, por supuesto, también tener una relación constructiva con la oposición.

-Se critica mucho el ego de los economistas, sobre todo de los ministros de Hacienda. ¿Cómo lo maneja? ¿Se desborda a veces?

-No, yo no siento eso. Pero uno tiene que luchar contra eso. El ego es como el demonio que te tienta. Hay que tratar de ser sencillo y no cambiar el trato, puedes preguntarle a mis amigos si ha cambiado mucho mi forma de ser por ser ministro. Yo creo que soy el mismo.