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Artículo correspondiente al número 272 (26 de marzo al 8 de abril de 2010)
Hablamos con Pablo Morandé sobre los efectos del terremoto en la industria del vino. Y cómo no, de su notable Carignan 2007 Edición Limitada, de Loncomilla. Pese a los golpes, todavía hay salud. Por Marcelo Soto
El terremoto del 27 de febrero no sólo dejó centenares de muertes y millones de damnificados. También le dio un fuerte golpe a la industria del vino. Valles como el Maipo, Colchagua, Itata y BioBío fueron duramente afectados. Sin embargo, quizá nada pueda compararse a la destrucción que asoló al Maule, una de las zonas vitivinícolas más tradicionales del país. Oficialmente las pérdidas de vino a granel, embotellado y de guarda suman 125 millones de litros; es decir, unos 250 millones de dólares. Eso, sin contar los daños en infraestructura en viñedos y bodegas que están siendo evaluados.
Lo anterior le da un especial significado a un vino como Carignan 2007 Edición Limitada, de Viña Morandé, nacido en Loncomilla. Lo pruebo un fin de semana en mi casa -aún con rastros evidentes del temblor- en una de las pocas copas que sobrevivieron al sismo y ahí aparece toda la fuerza del Maule. El vino tiene una acidez punzante, unas notas a rosa mosqueta que no sé como describir sino como alucinantes. No es un toro, pero tampoco una bailarina de Degas. Profundo, largo, perfecto para un cordero. Pocos tintos en Chile tienen tanta personalidad.
Es difícil no conmoverse bebiendo un vino tan radical, tan auténtico, pensando en las tragedias que han vivido los maulinos. Pero quizá este vino sea una prueba de la fortaleza de la región y por eso descorcharlo resulta una especie de pequeño homenaje a la tierra que lo vio nacer, hoy tan golpeada por los movimientos telúricos.
Sabiendo que hay muchas viñas y zonas dañadas, le pregunto a Pablo Morandé, creador de este vino y cuya empresa posee tierras en distintos valles, cómo pasó el terremoto y cómo evalúa los daños: “personalmente estaba en Casablanca, sin más problemas que el susto y luego la angustia por saber de familiares y colaboradores, desde el Maipo hasta Cauquenes. En los viñedos de Morandé no hubo problemas, salvo daños menores en obras de regadío y en oficinas, y dos trabajadores de Rapel con pérdida de sus casas. En las bodegas de Pelequén tuvimos pérdidas de vinos y de estanques de acero, del orden del 10% de nuestra capacidad. Afortunadamente, no tuvimos problemas con el personal que se encontraba trabajando, ya que siguieron fielmente las directrices de evacuación establecidas. No sufrimos daños en maquinarias de envasado, por lo que comenzamos la misma semana a despachar los pedidos de exportación. Hemos estado en reparaciones de estanques e instalaciones de refrigeración y estamos en plena vendimia, sin dificultades, desde la segunda semana de marzo. Por otra parte muy contentos, porque la calidad viene sobresaliente”.
¿Tiene este Carignan Edición Limitada un significado especial, sobre todo ahora que el Maule vive momentos tan difíciles? Pablo responde: “representa una historia de mi familia maulina; por ello llena mi alma de sentimientos de alegría , cierta nostalgia, recuerdos de vinos pasados. Hace muchos años que me propuse hacer un vino y sentirlo con la misma fuerza con que mis abuelos lo sentían. Vino de cuerpo macizo, tórax prominente, brazos gruesos y manos curtidas. Su físico de granito le permite ser labriego y viñador, de lomas de sol abrasador y tierra yerma. El carignan le regala al Maule su fuerza, frescor y perfume fundido en la flora silvestre de boldos, melosas, avellanas y ácidas guindas. Se torna único, especial, diferente y exclusivo de la zona del secano”
Morandé cree que “la industria no está debilitada, porque en su dispersión por diferentes valles el efecto del terremoto se diluye”. Sin embargo, acepta que el escenario va a cambiar. “Tal vez se precipiten algunas fusiones o nazcan nuevas empresas de bodegas prestadoras de servicios. Para el terremoto de Chillán, el año 39, que devastó Maule y Ñuble, nacieron las cooperativas vitivinícolas; tal vez hoy nazcan asociaciones, fusiones o nuevas empresas. Como industria estamos preparando una suerte de manual de prácticas, materiales y formas de trabajo, para manejar los vinos en sus diferentes estados, en prevención de otros temblores”.
Y agrega: “la pérdida del 10% de existencias del total de vino chileno se suple adelantando un mes el enlace con la nueva cosecha, por lo que no hay problema de quiebres de stocks, hablando siempre en forma global. También habrá un traspaso de vinos que se venden a granel hacia los vinos envasados, lo que prácticamente anula el efecto de quiebre de stocks y la posibilidad de que ciertos mercados reemplacen a Chile por otros proveedores”. Pese a que se movió la tierra, Morandé mantiene el optimismo. Enhorabuena