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Artículo correspondiente al número 262 (2 al 15 de octubre de 2009)
A no engañarse: Chile no tiene la exclusividad sobre el carménère. Aunque es el país con mayor superficie plantada de la variedad, productores de EEUU, Argentina e Italia están empezando tímidamente a embotellarla. Por Marcelo Soto.
El mundo del vino suele ser tierra fértil para mitos, desde aquel que asegura que los vinos chilenos son los mejores del mundo al que insinúa que a las mujeres les gustan los vinos suaves y a los hombres, los corpulentos. O cuando se dice que no pueden beberse tintos junto a pescados o que un cabernet sauvignon debe ponerse cerca del fuego para que tenga temperatura ambiente.
Lo que une a estas creencias es la arrogancia con la que se suelen repetir y la fragilidad o nula verdad de sus fundamentos. El último mito es el que afirma que el carménère es una cepa única de Chile. Digamos las cosas como son: el carménère no es exclusivo del país y ya hay productores que están elaborando vinos de esta variedad en Italia, Argentina y Estados Unidos. Incluso se anuncia que China estaría interesada en producirla.
Como habrán escuchado, el carménère es una cepa originaria de Burdeos, donde alguna vez fue muy popular, pero fue perdiendo terreno a fines del siglo XIX debido –por un lado– a las dificultades propias de la variedad (que empezó a reemplazarse por merlot) y sobre todo por la filoxera, una plaga que prácticamente la hizo desaparecer. En 1986, en Italia, empezaron las primeras dudas sobre la identidad del llamado cabernet franco italiano y en 1991 el francés Claude Valat, de visita en Chile, hizo lo propio sobre el merlot nacional. En 1994, estudios apuntan a que buena parte del cabernet franco italiano es en realidad carménère y ese mismo año, otro experto galo, Jean Michel Boursiquot, confirma que parras de Alto Jahuel que se creían merlot son carménère. Recién en 1996, Viña Carmen lanza un Grande Vidure (como se conoce también a la mañosa cepa) y al año siguiente Santa Inés embotella un vino carménère como tal, aunque recibe una multa del SAG por no tener registrada la variedad.
Hoy, Chile tiene unas 6.500 hectáreas de carménère. No obstante, la cifra podría ser mayor, porque aún hay plantaciones erradamente identificadas como merlot. Sin duda, y por lejos, el país lleva la delantera con la variedad en el mundo, pero otros países están empezando a mostrar interés en producirla, como demostró una cata que realizó Andes Wines con ejemplares de Italia, Estados Unidos y Argentina, que destacaron por su tipicidad, estilo especiado y fineza de taninos.
¿Debe Chile preocuparse por este interés, aunque tímido, de nuevos actores por producir la variedad? René Merino, presidente de Wines of Chile, dice que hay dos maneras de analizarlo: “por un lado, no es malo que haya competencia. Si lo que uno hace tiene éxito y otros te imitan, es algo positivo. Que aparezcan productores de carménère en otros países de alguna forma valida nuestro trabajo al rescatar una cepa que durante mucho tiempo fue discutida”.
Sin embargo, el empresario reconoce que el hecho tiene sus riesgos. “Si lo ves desde una perspectiva más crítica, la pregunta que surge es si hemos hecho todo lo que teníamos que hacer por el carménère. Ahí tengo mis dudas. El temor es que aparezcan carménère de otras partes del mundo y nos empiecen a quitar la bandera de la variedad. Por eso tenemos que redoblar esfuerzos y de frentón hacer de esta cepa algo que se identifique con Chile”.
Eduardo Brethauer, director de la revista Vitis, no cree que sea una amenaza para las viñas locales: “mientras más países haya que producen carménère, mejor. Nadie conoce al carménère afuera, salvo la prensa especializada. Si otros países comienzan a producirlo podrá instalarse como una cepa reconocida. En ese sentido es positivo. Sería muy difícil que otro país llegara a tener una superficie parecida a la que tiene Chile. Fuimos los primeros en reconocerla, la reinventamos y la hicimos nuestra, y eso está fuera de duda”.