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La incursión chilena al otro lado de la Cordillera

Artículo correspondiente al número 261 (17 de septiembre al 1 de octubre 2009)

 

Aunque el riesgo país es enorme y hace casi inviables nuevos proyectos, las viñas locales que en la ultima década invirtieron en Argentina sacan cuentas alegres. No sólo les ha permitido diversificar su portafolio, sino aprovechar el auge y la buena imagen del vino trasandino en el mundo. Por María Victoria Massardo.


Si bien Argentina es vista como uno de los principales competidores de Chile en materia de exportaciones vitivinícolas, no son pocos los capitales nacionales que desde hace algunos años están presentes al otro lado de la cordillera. Concha y Toro, Santa Rita, San Pedro-Tarapacá, Montes y Viu Manent son algunas de las viñas que han apostado por el suelo argentino para posicionarse en el mundo. ¿La razón? los trasandinos tienen una marca país potente y bien definida en el exterior.

Se trata de una nación que, para empezar, tiene personajes reconocidos mundialmente como Maradona, Eva Perón y Gardel; sin mencionar una capital turística como Buenos Aires, cuna del tango y famosa por su fútbol, entre otros atractivos que han ayudado a que su industria vitivinícola llegue acompañada de una carga poderosa.

Por lo demás se trata de una sociedad que ostenta un consumo per cápita mucho más alto que el nuestro: según un estudio de 2008, en la patria de Borges se bebe un promedio de 31 litros por persona al año, doblando la estadística nacional. Apoyada en su mayor población, la demanda interna de vino en Argentina es de casi 1.200 millones de litros, en contraste con los 250 millones de litros en Chile.

A la hora de evaluar los resultados de su apuesta, los viñateros chiñenos sacan cuentas alegres, pese a la crisis y sostienen que instalarse en el país vecino, específicamente en el distrito de Mendoza, fue una decisión acertada. Gracias a esta estrategia han abierto nuevos mercados y ampliado sus portafolios, todo lo cual hace que hoy sean observados por sus pares con mucha atención.

 

 


Destino Mendoza

 

Concha y Toro fue la primera viña en establecerse al otro lado de los Andes en 1996. “Muchos factores determinaron esta inversión, pero principalmente se evaluó que Argentina –al poseer zonas con condiciones climáticas y de suelo diferentes a las de Chile– hacía posible el cultivo excepcional de diversas variedades de uva”, cuenta Alfonso Larraín, presidente de la compañía. Estas características, sumadas a la necesidad de elaborar en el exterior un rango innovador de vinos, incorporando además su know-how, tecnología y capacidad exportadora, fueron los elementos que determinaron que Concha y Toro creara Bodegas y Viñedos Trivento, en Mendoza.

En 1997, Santa Rita tomó la misma ruta y compró su primer campo, donde instaló Viña Doña Paula. En ese tiempo se visualizó a Argentina como una zona capaz de producir vinos de un potencial exportador considerable y como un mercado que entregaba la ventaja de salir al mundo con un producto de características distintas a lo que Chile tradicionalmente producía. Así lo sostiene Aníbal Ariztía, gerente general de la empresa: “se trataba de un país que estaba bien posicionado a nivel mundial; y la apuesta trajo muy buenos resultados”.

Viña San Pedro tampoco quiso estar ajena a este boom vitivinícola. Por ello, en plena etapa de crecimiento del grupo, cinco años después de que CCU entrara a la propiedad de la compañía, ésta decidió internacionalizarse en 1999 y adquirir su primera filial en Mendoza, Finca la Celia. “Hoy también estamos presentes con bodega Tamarí, que se acaba de sumar al grupo a través de la fusión con Viña Tarapacá”, explica Javier Bitar, gerente general de la empresa.

A esta oleada de capitales nacionales también se agregó Viña Montes en 2002, con el proyecto Kaikén. “Veíamos un tremendo potencial de calidad en sus vinos, especialmente el malbec, que ya estaba empezando a ser apreciado por la prensa y el consumidor mundial”, sostiene Andrés Turner, gerente general de la firma. Y en una apuesta de estilo más bien boutique, este año Viu Manent hizo lo propio, al producir en Mendoza un malbec de alta gama llamado Vibo.

 

 


Ampliando la paleta

 

El mayor valor de la jugada argentina ha sido para sus impulsores el hecho de que les ha permitido diversificarse a nivel internacional. “La creación de Trivento es un proyecto que a mí personalmente, me llena de orgullo, porque ha significado un emprendimiento en una zona que ha probado ser cuna de grandes vinos y que permite poder exportar desde Argentina productos de extraordinaria calidad y muy distintivos de ese origen. Nuestro compromiso se ha materializado con una inversión de 1.289 hectáreas en Mendoza y el foco es incrementar la rentabilidad de la operación impulsando vinos de mayor precio”, afirma Larraín. En 2008 la firma registró exportaciones equivalentes a casi 1,7 millón de cajas, lo que representa el 8,5% de los envíos trasandinos.

En poco tiempo el país vecino se ha posicionado como un productor que vende en promedio vinos más caros que Chile. Este escenario les ha permitido a las inversiones chilenas obtener números atractivos, destaca Ariztía. “En el caso de Doña Paula hoy estamos exportando cerca de 300 mil cajas a 42 dólares promedio, y estamos quintos en exportaciones de más de 30 dólares/caja. Y creciendo fuerte”, subraya. Sin ir más lejos, la compañía está trabajando en nuevos proyectos en Argentina: “Ssrra Andina y Nativa. La idea es producirlas en ambos lados de la cordillera”, adelanta.

Bitar asegura que los resultados de San Pedro-Tarapacá han sido bastantes favorables, y recalca que el país vecino ha sido, sobre todo, una buena plataforma de negocios. Y aunque por el momento no tienen contemplado ampliar sus operaciones, asegura que “estamos abiertos a buscar nuevos y mejores orígenes para nuestros productos”.

Viña Montes comenzó en 2004 con una venta de 20 mil cajas y actualmente produce más de 100 mil cajas anuales, con una facturación de 5 millonesde dólares, cuenta Turner. “Tenemos buenas tasas de crecimiento y, lo que es más importante, muy buena crítica”, afirma.

“La imagen de Argentina en vinos de calidad cada vez se consolida más y es un perfecto complemento para nuestra oferta de Chile”, agrega. Por ello, están enfocados en realizar inversiones en capital de trabajo, con el fin de seguir creciendo en ventas y consolidándose en ese país.

 

 


Riesgo país

 

Pese a que Argentina posee una industria vitivinícola exitosa, que está creciendo sobre el 10% aun en época de crisis, Ariztía afirma que es difícil que más viñas chilenas crucen la cordillera en el corto y mediano plazo. “Poner plata en este mercado hoy sería una locura. El riesgo país está un poco menos de 2.000 puntos y Chile tiene 70 puntos. Esto significa que cualquier proyecto en el que acá se descuenta al 6%, en Argentina hay que descontar al 18%. Es decir, imposible”, plantea.

Con todo, no sería extraño que en seis meses la situación cambie y se valoricen los activos exportables. “Pero al menos por ahora no resulta viable”, acota el ejecutivo. Lo importante, enfatiza, es que las empresas nacionales que actualmente están presentes en Argentina sean capaces de fortalecer la imagen de Chile en el exterior como país innovador y diversificado en la producción de vinos.

Opinión que comparte René Merino, presidente de Vinos de Chile, quien comenta que el trabajo que han realizado las viñas chilenas en el extranjero ha sido sumamente beneficioso, ya que ha logrado llegar al consumidor internacional y poner, finalmente, el vino sudamericano en el mapa, sin importar tanto si viene de este lado o del otro de la cordillera. “Para aumentar el consumo de este producto en el mundo tenemos que trabajar todos colaborativamente y, después, pelear para ver quién gana”, concluye.

 

 

Argentinos con toque chileno

Doña Paula Seleccion de Bodega Malbec 2007. Nacido en la región de Ugarteche, en los viñedos más altos de Luján de Cuyo, de parras de 40 años de antigüedad. Pasó 24 meses en barrica francesa y es un tinto elegante, moderno y sabroso, con frutas negras y especias, suave y distinguido.

Trivento Amado Sur 2007. Mezcla de 72% malbec, 16% bonarda y 12% syrah, proviene de viñedos en Agrelo, Maipú y Tupungato. Es un vino suave y placentero, de aromas a frutos rojos combinados con clavo de olor y humo, más vainilla y pan tostado. Pasó 8 meses en barrica de roble francés.

La Celia Reserva Malbec 2006. Equilibrado y de buena concentración. Elaborado a partir de uvas cosechadas y seleccionadas a mano, de viñedos propios de bajos rendimientos en Mendoza. Un 80 % del vino tuvo una crianza de 12 meses en barricas de roble francés y americano.

Vibo 2007. Producido por la familia Viu Bottini, mezcla dos viñedos del valle de Uco, con parras de entre 20 y 35 años. Pasó 18 meses en barrica francesa. Destacan las notas a frambuesa y cerezas rojas, arándanos y café. De textura sedosa y grata persistencia. Edición limitada de 16 mil botellas.

Kaiken Malbec Ultra 2006. 100% malbec de Mendoza, un 80 % del vino pasó 12 meses en barricas francesas. Obtuvo 91 puntos en la revista The Wine Advocate, dirigida por Robert Parker. Se recomienda decantar 30 minutos antes de servir y tiene un potencial de guarda de 10 años.

 

 

Terroir de calidad

La riqueza del suelo y el clima, bajos precios de los terrenos y la alta popularidad internacional del malbec son parte de las razones que impulsan la inversión vitivinícola nacional en la zona. La mayoría de las viñas chilenas se han concentrado al sur de la provincia de Mendoza, entre las zonas de San Martín y Junín. En estos lugares se encuentran los valles de Uco, Altamira y Maipú. Se estima que sólo Mendoza produce el 40% de todo lo que elabora Chile. De hecho, el 70% de la producción vinícola argentina proviene de Mendoza. Una de sus gracias es que posee muchos viñedos viejos, de 50 a 60 años, lo que según los expertos puede otorgar madurez y equilibrio a sus vinos.

 

 

Chile vs Argentina

De acuerdo a Wines of Argentina, las exportaciones de vino embotellado del país vecino durante el primer semestre de 2009 anotaron un crecimiento de 14,4% en comparación con el mismo período del ejercicio anterior, logrando colocar en el mercado internacional más de 250 millones de dólares.
Y según las cifras entregadas por Vinos de Chile, entre enero y junio de este año el valor de los envíos chilenos (vino embotellado) cayó 4,4%, alcanzado 506 millones de dólares. El principal mercado para ambos países continúa siendo Estados Unidos. En lo que va del año, las exportaciones chilenas y argentinas a este mercado se encuentran casi al mismo nivel: 99 y 98 millones de dólares, respectivamente.

 

 

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