Ya sea en Apalta, Mendoza o Napa, Montes busca llegar a las alturas. Y a veces lo logra. Por Marcelo Soto.
¿Qué lleva a alguien como Aurelio Montes a hacer vinos en Napa, Estados Unidos? Estamos en Mendoza, donde también el enólogo y empresario chileno produce tintos, especialmente malbec, además de un rosado y un espumante de próximo estreno. Hemos probado una magnífica serie de cuatro malbec de la región, cada uno diferente al otro, cada uno un mundo.
Como bien dice Eduardo Alemparte, el asertivo enólogo jefe de Kaikén, la marca de Montes en tierras transandinas, “se habla mucho de que Argentina es sólo Malbec; puede que sea cierto, pero el Malbec de Mendoza es un universo en sí mismo”. Lo que quiere decir es que no hay un solo Malbec al otro lado de la cordillera, sino muchos. Infinitos.
Y su apreciación, que puede sonar a eslogan, resulta absolutamente refrendada por la cata que hacemos de ejemplares de la cosecha 2009 provenientes de Agrelo, Vistalba, La Consulta y Vistaflores, cuatro zonas de Mendoza, cuatro miradas al planeta Malbec, una de las cepas de mayor auge en la escena vitivinícola internacional.

Cuando se habla de Malbec, desde luego, se habla de Argentina, por mucho que en Chile haya dignos representantes de la variedad, cuyo origen –era que no- es francés, donde se conoce como cot. Pero los trasandinos han hecho suya esta uva que da vida a vinos placenteros, suaves y jugosos. Algunos dicen que son vinos sexies, pero ese es otro cuento.
El caso es que estamos en Mendoza, rodeados de una impresionante cordillera de los Andes, que se ve desde todos lados, imponente y cristalina, sin un asomo de smog que enturbie la vista, y ya desde esa primera impronta con los picos andinos detrás, los vinos tienen la partida casi ganada. Imposible que no te gusten con ese fondo nevado que los santiaguinos apenas vislumbramos un par de veces al año, después de una lluvia, pero que allá disfrutan todo el tiempo.
De los cuatro vinos que probamos el más elegante es el de Agrelo, con esa notas florales exquisitas de la variedad y una jugosidad que llena la boca, pero el más redondo, el más completo es el de Vistalba, una torre de sabor e intensidad. Si La Consulta aporta una confitura extrema, casi dura de roer, lo que hace Vistaflores es elevar todo al próximo grado, multiplicando el efecto, como una montaña rusa que te deja exhausto.
Con algunos de estos elementos, Aurelio Montes está experimentando, mezclando, buscando nuevas perspectivas. Cada día que pasa aprende algo más. Y seguramente en el camino ha cometido errores. Por ahora, la mejor expresión de esa trayectoria se encuentra en Kaikén Icono 2007, que probamos como primicia, un Malbec que pretende llegar a las mismas alturas de otros súper Premium del grupo como Montes M o Montes Folly, que se producen en Chile.
Comparado con otros Kaikén, este Icono 2007 entrega más carácter; muy elegante y con tonos minerales y balsámicos que le dan una complejidad única, especial. En boca, la suavidad marca el estilo que ha hecho célebre a Montes, con una barrica muy fina y presente, pero que en este tipo de vinos, con taninos firmes pero sedosos, se amalgama bien.

Claro, uno quisiera menos madera, menos alcohol, pero el vino igual funciona y es sin duda lo mejor que ha hecho Montes en Argentina.
Si hacer vinos en Mendoza es una aventura –porque las condiciones, el clima, la cultura, los suelos, la gente, son sumamente distintos a los de Chile- imagínense que pasa cuando Aurelio decide ir más allá. Ya no al otro lado de los Andes, sino al otro lado del planeta: en California, Estados Unidos.
Y así es que estamos en Mendoza, rodeados de un cielo azul prístino que deja ver hasta las cimas andinas chilenas pasando la frontera, cuando probamos los vinos que Montes está elaborando en Napa, tierra de grandes cabernet sauvignon famosos en el mundo. Mucho más famosos que los cabernet chilenos del Maipo Alto, para empezar.
¿Qué hace Aurelio en Napa? La pregunta cae por su propio peso. Los desconfiados de siempre dirán que hay un componente de vanidad y ambición en el asunto (y lo hay, como en todo orden de cosas cuando se trata de creaciones humanas que aspiran a ir más allá de los propios límites), pero los vinos hablan por sí solos, sobre todo el notable Napa Angel Aurelio’s Selection Cabernet Sauvignon 2006. Un vino impecable, de rica jugosidad; suave y a la vez de impresionante estructura. Quienes piensen ingenuamente que los cabernet nacionales son los mejores del planeta, aquí tendrán un atisbo de su equivocación.
Volviendo a la pregunta inicial, Montes quizá da en el clavo cuando dice: “queríamos probar que éramos capaces de ir a Estados Unidos a hacerlo. Poner una bandera”. Se parece, salvando las distancias, a lo que dijo la primera persona que subió una montaña. Luego agrega: “es para el alma. Desde que hago vinos en Napa y en Mendoza, soy más feliz”.
| Curicó también existe |
En el ambiente a veces pretencioso de los periodistas de vinos, hasta hace un tiempo se solía mirar en menos lo que se elaboraba en el valle de Curicó, conocido por producir etiquetas masivas y sin el aura de moda que poseen otras zonas menos tradicionales y más ascendentes, como Leyda o Limarí. Pero esa región tiene algo que decir. Y mucho.
Lo comprobó una reciente cata realizada en el restaurante que Miguel Torres posee junto a sus viñedos, una fría noche otoñal. No había muchos periodistas (el viaje desde Santiago es largo), pero los que asistieron se llevaron una buena impresión. Sobre todo porque hubo vinos distintos, con personalidad, que se salen un poco de la norma. No todo es estandarizado, no todos los vinos huelen igual.
El héroe de la jornada fue Manso de Velasco Cabernet Sauvignon 2007, de los anfitriones Miguel Torres, un vino de gran carácter, con una elegante nariz que mezcla aromas frutales y terrosos, humo y grafito, cuero y un ligero toque animal. Un vino que hace tiempo viene despuntando, y así el año pasado fue elegido en su cosecha 2006 el mejor de todos por la guía Descorchados.
Vinos como Millaman Limited Reserve Cabernet Sauvignon 2008, de parras de hasta 40 años; Altacima 6330 Ensamblaje 2008 o incluso Echeverría 2006 Family Reserva Cabernet Sauvignon, con unas inocultables notas animales que algunos podrían objetar, destacan por su personalidad, su falta de timidez. Algo que se agradece.
Miguel Torres Maczassek resumió la sensación del ambiente con un sentido discurso: “acá hay un patrimonio vitivinícola importante. Hay espacio para experimentar. Encuentras parras de 100 años. Cuando les cuento esto a mis amigos enólogos europeos, no lo creen. El enclave es increíble. Vale la pena estar aquí. Y finalmente lo más relevante es la gente y en ese aspecto somos aventajados. Es el gran valor de esta tierra”. |
| El irlandés desfachatado |
Sin esos aromas ahumados del whisky escocés ni a madera del bourbon norteamericano, el whiskey irlandés Jameson tiene su propio estilo, su propia tradición. Un poco más irreverente, por así decirlo. Y destaca por su suavidad, que lo hace perfecto para beberlo así, sin más, sin hielo ni nada, en un vaso ancho en pequeñas dosis. Al final de un día de trabajo resulta el mejor compañero. Y si quieren algo más divertido, prueben una especie de Old Fashioned (el trago favorito del gran Don Draper de Mad Men), en una versión más ligera si se hace con whiskey Jameson. Pongan unas generosas gotas de bitter en un vaso, con una cucharadita de azúcar, disuelvan todo y agreguen un poco de agua mineral con gas y hielo. Finalmente llenen con whiskey y pongan una buena cáscara de limón. Exquisito. El whiskey irlandés, aunque poco difundido en Chile, es ampliamente popular en el mundo. Y Jameson es un excelente representante. |