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El problema del alcohol

Artículo correspondiente al número 260 (4 al 16 de septiembre de 2009)

 

¿Qué tiene que ver el calentamiento global con el alcohol excesivo en nuestros vinos? Conversamos con el enólogo Marcelo Retamal para encontrar la respuesta. Por Marcelo Soto.


Hace unos días, un amigo que venía llegando de Inglaterra me comentaba las críticas que había escuchado a nivel de consumidores sobre el vino chileno y su alto nivel de alcohol. No es novedad decirlo –sin ir más lejos, el año pasado el brasileño Jorge Lucki me contó en una entrevista que “el público de hoy está aburrido del alcohol excesivo. Eso no da para más”-, pero cuando el reclamo lo escuchas no ya de uno de los principales críticos de vinos de América latina, sino de consumidores corrientes, sucede que el tema dejó de ser una amenaza para convertirse en una realidad.

De hecho, esa misma tarde probamos tres vinos: un rico y suave Leione Dominio Dostares, de Castilla y León, que estaba para chuparse los dedos; un syrah argentino de San Juan, que era una mermelada, y un tinto chileno del Maipo cuyo dulzor y sensación quemante nos hicieron dejar la botella a la mitad. El primero tenía 13 grados de alcohol y era del año 2005, mientras los dos siguientes superaban los 14 grados -14,5 en el caso del chileno- y provenían de la cosecha 2008. Quizá sea injusto compararlos, pero el resultado fue bastante revelador. Partimos felices con el vino español y terminamos con una sensación empalagosa al llegar el turno del nacional.

Sucede que el alcohol en los vinos chilenos se puede convertir en un estigma-espanta- consumidores. Hoy es normal encontrar botellas en todos los segmentos que se acercan a los 14, 5 grados, incluso a los 15. Para conversar sobre este problema, almuerzo una tarde con Marcelo Retamal, enólogo de De Martino, a quien llevo años escuchando sobre el calentamiento global y cómo este fenómeno aumenta la temperatura en los viñedos y en consecuencia los niveles de alcohol en los vinos.

Retamal dice las cosas sin anestesia y por eso es un buen interlocutor. Mientras engullimos unos calamares en su tinta, me cuenta por qué el aspecto ambiental es importante para los vinos, más allá del discurso ecológico: “tres personas trabajando 8 horas gastan la misma energía que un litro de combustible. Y si contaminas más, colaboras con el calentamiento global. De esa forma cada día vamos a tener zonas más cálidas, y nuestros vinos van a ser más alcohólicos”.

El enólogo agrega que “la tendencia mundial es tomar vinos con menos alcohol, porque son menos dañinos para la salud. Para empezar, te curan menos. Un vino de 12,5 te lo terminas y hasta puedes pedir otra botella sin problema; en cambio, con una de 15 sales tambaleante. Y lo otro es que el alcohol tiene una sensación dulce y el dulce no va bien con las comidas, entonces también te complica. Por último, cuando tienes vinos con mucho alcohol y los pones en la mesa a una temperatura alta, te queman en la boca”.

Lo cierto es que Chile como país vitivinícola es más bien cálido y seco, y en este tema hay que ser realistas. Como dice Retamal, “entre el 15 de octubre y el 15 de abril casi todos los días son despejados, no hay nubes y a la vez hay sol. Entonces, hay azúcar en las uvas y si hay azúcar, hay alcohol; por lo tanto, tener vinos con baja graduación alcohólica me parece difícil, pero no imposible. Por lo menos en De Martino yo tengo una sicosis con el alcohol. Si antes nuestros vinos se acercaban al 15 hoy día se acercan al 14. Todos los vinos. Y ojala a los trece”.

Lo anterior no quiere decir que todos los vinos de 14,5 grados sean descartables, porque entran en juego otras cualidades. Explica Retamal: “yo tengo un vino que se llama Las Cruces, una mezcla de malbec y carménère, de Peumo. ¿Cómo lo hago para tener 12 ó 13 grados? No puedo. Logras 14,5. Pero el vino tiene un equilibro insólito. Cada vez que tienes alcohol el secreto es tener acidez, porque el alcohol es dulce y tienes que neutralizarlo con acidez”.

He visto a gente que agrega un poco de hielo o agua a la copa para bajar la sensación quemante –o unas gotas de limón en los blancos, para subir la acidez-, pero no he llegado a tanto. Eso sí, evito los vinos alcohólicos y los tintos los bebo algo más frescos de lo habitual. El problema, en todo caso, es real.

 

 

Ecológicos hasta la médula

La viña De Martino acaba de lanzar una línea llamada Nuevo Mundo, la primera en obtener una certificación de Carbono Neutral, es decir, que en todo su proceso, desde el nacimiento en el viñedo hasta el transporte del producto final hacia los clientes, los gases efecto invernadero han sido reducidos a cero.

Reserva Cabernet Sauvignon-Malbec 2008, Isla de Maipo. Destaca por su fruta madura, roja y especiada, y un componente floral, en un conjunto algo dulce que se deja beber.

Reserva Sauvignon Blanc 2009, Isla de Maipo. Posee aromas cítricos principalmente y algo de durazno blanco, conformando un blanco muy grato, fresco sin ser chispeante.

 

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