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Artículo correspondiente al número 266 (27 de noviembre al 10 de diciembre 2009)
El propio Pszczólkowski fue jurado de ese concurso llamado Selection Mondiales, que se realiza en Canadá. Como cuenta en el ensayo La invención del carménère: “en la ceremonia de clausura, un grupo de periodistas de Toronto, sabiendo que venía de Chile, me entrevistó a propósito de la distinción que había recibido el Grande Vidure. Estimé que me encontraba ante una oportunidad única, por la cual debía jugarme para transformar al Carménère en la variedad emblemática de Chile. Olvidando los comentarios que me habían hecho algunos empresarios chilenos, señalé a los periodistas de Toronto que Grande Vidure era una sinonimia de carménère; continué relatándoles las bondades de la variedad, en particular las características de sus vinos. Nada dije de la confusión que existía en Chile con el merlot y más bien indiqué que los chilenos estábamos trabajando para devolver al mundo una variedad perdida”.
El recelo de la industria fue dando paso lentamente a la curiosidad y al entusiasmo. Así fue como ese mismo año, la enóloga de la Viña Santa Inés, Adriana Cerda, embotelló el primer vino chileno con la denominación carménère. Sin embargo, el SAG cursó una infracción a la firma, pues no tenía registrada superficie para la variedad en el Catastro Vitivinícola Nacional. Desde entonces, toda empresa que deseara envasar carménère debía certificar sus viñedos y a la vez declarar el cambio de la variedad, de merlot a carménère.
Descubriendo el potencial
Stefano Gandolini, actual enólogo de Carmen, sostiene que, a partir de entonces, “la industria empezó a levantar la antena, porque había mucha oposición al principio. El merlot chileno era muy exitoso, en vinos baratos competía con todos los merlot del mundo y le iba muy bien, ganaba medallas, Chile era muy reconocido. Entonces, cuando se descubrió que era otra cosa, el susto fue grande”.
El enólogo explica que “Philippo fue de los primeros en certificar cuarteles, y, se dio cuenta de que había viñedos que eran 100% carménère en Chile, y no tenían nada de merlot. En otros viñedos estaban mezclados. Hoy en día tenemos de merlot unas 8 mil hectáreas, y el carménère anda por las 6 mil 500 hectáreas”.
![]() Eulogio Pérez-Cotapos, gerente general de Carmen y Stefano Gandolini, enólogo de la viña.
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“Al principio hubo mucho rechazo de la industria, incluso amenazas. ¿Cómo íbamos a salir con que el merlot, que era un boom, en realidad no era merlot sino una variedad que nadie conocía? Pero nosotros nos atrevimos a embotellarlo, y tuvimos la suerte de contar con el apoyo del directorio, de Ricardo Claro, que nos validó. Nos autorizó, y dijo hagámoslo. Se creyó el cuento y se comprometió, porque pensaba que era una cepa que le hacía bien a Chile”. Eulogio Pérez-Cotapos, gerente general de Viña Carmen
“Si ves EEUU, el zinfandel no es la variedad mayoritaria en absoluto, pero es la que identifica a ese país. Lo mismo pasa en Sudáfrica con el pinotage. Y no quiero ser despreciativo, pero el carménère es una variedad de mucho mayor potencial que el zinfandel o el pinotage. Hemos descubierto una variedad de primera, como la que tienen los argentinos con el malbec. El carménère puede estar en el olimpo de las variedades”. Stefano Gandolini, enólogo de Viña Carmen
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