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Artículo correspondiente al número 266 (27 de noviembre al 10 de diciembre 2009)


En noviembre de 1994, hace exactos 15 años, el carménère fue redescubierto en los terrenos de Viña Carmen en Alto Jahuel. Nada ha vuelto a ser igual desde entonces. Hoy, la antes despreciada variedad celebra su paso a la madurez. Eulogio Pérez-Cotapos y Stefano Gandolini, gerente general y enólogo de la viña, respectivamente, hablan aquí de los principales hitos de este proceso. Por Marcelo Soto.


La historia del carménère en Chile es tan inesperada, tan atractiva, que parece creada por un publicista brillante. Tiene una buena dosis de suspenso, otra de drama y comedia, más varios capítulos de caídas y pequeños triunfos, y un final aparentemente feliz. O al menos, auspicioso.

Si en un principio el carménère fue recibido con escepticismo, cuando no con franco rechazo o desdén, hoy por fin está recibiendo aplausos. A costa de golpes y porrazos, ha ido encontrando su voz. De niña problemática está pasando a ser una muchacha encantadora, toda una mujer, con un futuro promisorio por delante. Por tales razones Viña Carmen, pionera en embotellar carménère en el país, quiere celebrar con todo los 15 años desde el descubrimiento de la variedad en sus viñedos de Alto Jahuel.

 

 


El auge y caída del “merlot” chileno

 

En los 90 Chile era imbatible en la gama de merlot buenos, bonitos y baratos. Los periodistas caían rendidos a sus pies. Pero algo no cuajaba. Las primeras sospechas las tuvo, en 1991, el ampelógrafo francés Claude Valat, quien visitó el país y percibió que la denominada merlot probablemente se trataría de cabernet franco.

Valat no hizo mayores comentarios sobre esta teoría. Mantuvo su apreciación en secreto, y aparentemente se la traspasó a muy pocas personas. Sin embargo, era un rumor cada vez más repetido entre los expertos que había una gran confusión en Chile en la identificación de algunas variedades. Muchos viñedos que se creían una cosa estaban mezclados con otra o derechamente no eran lo que se pensaba.

Para despejar las dudas, se invitó al ampelógrafo francés Jean Michel Boursiquot al VI Congreso Latinoamericano de Viticultura y Enología, presidido por el profesor Philippo Pszczólkowski, se desarrolló en Santiago entre el 20 y el 25 de noviembre de 1994.
La historia fue más o menos así: el 24 de noviembre de ese año, en una visita a los viñedos de Carmen en Alto Jahuel, el experto francés identificó como carménère –una cepa que había desaparecido de Burdeos en el siglo XIX, debido a la filoxera– parras que hasta entonces se comercializaban como merlot.

Así recuerda el profesor Pszczólkowski aquella cita histórica: “habíamos llegado a visitar una plantación reciente de merlot. Pero cuando Boursiquot la vio, expresó en francés algo que me sorprendió: Esto no es cabernet franco, esto es carménère. No comprendía nada: habíamos bajado a ver una plantación de merlot y Boursiquot, el especialista francés, señalaba que esa no era la variedad anunciada sino una absolutamente desconocida”.

Pszczólkowski estaba junto al entonces enólogo de Carmen, Alvaro Espinoza. Los dos no podían salir de su asombro. “Le solicité me deletreara el nombre de la variedad”, sigue el relato del académico. “Al mismo tiempo se me venía a la mente el trato que le daban los franceses a los vinos chilenos etiquetados como sauvignon blanc, que en realidad no se cansaban de indicar que se trataba de la variedad sauvignon vert, una variedad considerada por ellos como muy inferior... Ahora, al problema del sauvignon blanc se sumaría el del merlot.

Eulogio Pérez-Cotapos, gerente general de Carmen, vivió de cerca todo el proceso: “el equipo enológico y agrícola tenía ya una inquietud, porque las parras maduraban después, y no se comportaban como merlot. Trajeron al ampelógrafo francés, que les dijo: esto no es merlot. Quedaron de una piedra”.

Gracias al impulso de Espinoza y su equipo, Carmen lanzaría dos años después una etiqueta con el nombre de Grande Vidure, acepción también usada para referirse al carménère, mezclada con cabernet sauvignon. Pérez-Cotapos recuerda que “hubo mucho rechazo de la industria, incluso amenazas. ¿Cómo íbamos a salir con que el merlot, que era un boom, en realidad no era merlot sino una variedad que nadie conocía? Los productores no estaban muy contentos, porque el merlot estaba siendo muy exitoso. Pero nosotros nos atrevimos a embotellarlo, y tuvimos la suerte de contar con el apoyo del directorio, de Ricardo Claro, que nos validó. Nos autorizó, y dijo hagámoslo. Se creyó el cuento y se comprometió, porque pensaba que era una cepa que le hacía bien a Chile”.

El ejecutivo agrega que la variedad “ni siquiera estaba registrada como cepa. Le pusimos Grande Vidure, que es como también se conocía al carménère, porque en ese momento nos complicaba que el sonido fonético Carmen y carménère, para promocionarlo afuera, resultara tan muy parecido. El mismo 94 ese vino se fue a crianza en barrica y se lanzó el 96. En esos dos años se pudo registrar el viñedo para que el SAG lo reconociera. Y en 1997 en Montreal, se hizo un concurso internacional. Tres vinos ganaron medalla de oro. Entre ellos, Grande Vidure. Fue un notición”.



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Comentarios

1 Comentarios

Luis Escobar Espinoza :

Publicado Viernes 27 de Noviembre, 2009 - 23:15 hrs

creo hemos sido afortunados en ,si se puede dicir ,en el redescubrimiento de este varietal , sin dejar de mencionar la labor del enologo Sr. Alvaro Espinoza y su equipo ,como asi el respaldo del directorio de don Ricardo Claro , lo que nos lleva a enorgullecernos en materia vitivinicola y por supuesto de poder disfrutar por estar al alcance de todos .

 
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