Revista Capital

¿Por qué (casi) nunca cumplimos los propósitos de año nuevo?

Este año sí que sí, dejo de fumar. Cuántas veces no has oído decir eso a alguno de tus amigos o a ti mismo. Comer sano, hacer ejercicio, levantarte temprano... tenemos muchos buenos deseos para el año que comienza, pero es muy difícil que el 31 de diciembre miremos atrás para decir "logré cumplir mis propósitos".

El secreto para realizar tus propósitos es la fuerza de voluntad traducida en hábitos. Como todo proceso neurológico originado en nuestro cerebro, la fuerza de voluntad tiene una base científica sólida que por desgracia entendemos sólo en parte.

Según varios estudios, la fuerza de voluntad se origina en la corteza prefrontal del cerebro. De hecho, uno de los más relevantes en esta materia, elaborado por Antonio Rangel colaboradores en 2009 y publicado en Science. Allí analizan la importancia que tiene la fuerza de voluntad y el autocontrol en la toma de decisiones.

A tal respecto, las regiones concretas son el córtex prefrontal ventromedial y el córtex prefrontal dorsolateral. La primera se activa en todas las tomas de decisiones, hasta las más simples, mientras que la segunda en cambio actúa sobre la primera y modula el autocontrol. Simplificándolo bastante podemos decir que es la parte racional, la lógica, imponiéndose sobre la más primitiva, la más impulsiva.

Esa es la parte de ciencia dentro del hecho: cumplir los propósitos de año nuevo, o cualquer propósito, es una tarea compleja porque el estado “natural” de la voluntad humana, simplificándolo mucho, no es estar controlado. Hace falta un esfuerzo activo y un hábito, palabra clave como vamos a ver, para que un lado de la corteza se imponga de manera habitual y voluntaria sobre el otro.

La corteza prefrontal se ocupa de muchas más tareas como la regulación de las emociones y condicionantes como el estrés, el hambre o la falta de descanso la condicionan severamente. Cuanto más ocupada está la corteza, más difícil es para el lado dorsolateral modular y controlar el ventromedial, y viceversa. Todo el proceso depende, en parte, de la cantidad de atención que puede llegar a dirigirse sobre el hábito en sí.

Para crear un hábito se necesitan, según otro estudio, 66 días de prestar atención y esfuerzo repetido, y cuando lo creamos, podemos dedicar la atención a otra cosa, porque ya está integrado.

Pero, ¿cómo crear un hábito?

Primero, en lugar de hacer una larga lista, elige dos o tres propósitos para cumplir. Luego, sé específico en ellos. En lugar de decir "voy a bajar de peso" pon "Bajaré X kilos" y ve cómo hacerlo y en cuánto tiempo, pero claro, con metas realistas.

Debes concentrarte en la meta en lugar del esfuerzo que debes hacer en el camino. Así, continuando con el ejemplo de bajar de peso, puedes pensar que te sentirás más saludable y te podrás volver a poner los pantalones que no usas hace cuatro años y que te encantan en lugar de tener en mente que te vas a cansar por el ejercicio o que te tendrás que despedir de la comida chatarra.

Por último, pero no menos importante, crear propósitos de manera conjunta con otra persona es altamente beneficioso a la hora de conseguir un objetivo, ya que entre ambas se apoyarán.

Como tip, en lugar de decir "Haré ejercicio los martes a las 8 de la noche", piensa en "Si es martes y son las 8, entonces iré a hacer ejercicio". Cuando tienes un objetivo del tipo “Quiero conseguir un resultado”, el “quiero” es la parte que interpone entre uno y otro. La persona es la que lo regula. La mecánica de “Si > entonces” relega el control no a la persona, sino a un estímulo externo. Enlaza la situación a la respuesta, al estímulo y no a tí, que controla la acción.

Y tú, ¿hiciste una lista para este 2018?