Revista Capital

Lecciones de vida: Sylvia Eyzaguirre

Por: María José Gutiérrez
Foto: Verónica Ortíz

“Estudié en el Grange, hice teatro y era fanática del deporte. La exigencia que teníamos las mujeres y los hombres en el colegio era igual. Me llamó mucho la atención cuando en la universidad se nos trataba en forma distinta.

Entré a Bachillerato en la Chile, en el segundo año estudié arqueología y en tercero me decidí por filosofía. Un mes después de dar mi examen de grado me fui a Friburgo, Alemania. En esos siete años estudié primero alemán, luego literatura y lingüística en las lenguas romance e hice un doctorado en filosofía.

De vuelta en Chile me casé después de 11 años de estar en pareja. Entré a la U. Andrés Bello como directora de la carrera de filosofía. Era una carga burocrática tremenda, además de hacer clases e investigar. Aguanté tres años. A comienzos de 2009 me vino una crisis existencial: me di cuenta de que el trabajo profesional me estaba alejando de las preguntas que me llevaron a estudiar filosofía. Me fui a viajar seis meses a Asia. Lo pasé bien, pero no encontré una respuesta. No soy creyente. Tengo una relación con Dios súper conflictiva porque aunque no creo, igual le hablo.

Al regreso me separé, rompí con la filosofía de forma profesional –porque como inquietud existencial uno siempre lo tiene– y entré al CEP al área de educación. Arturo Fontaine me pasó una lista de libros de pensamiento liberal, economía y econometría. Contraté un profesor particular que me enseñara esos temas, mientras leía sobre educación y los discutía con Harald Beyer. Si vas a hablar de educación, tienes que conocer la realidad y hacer clases en un colegio vulnerable, me dijeron, así que opté por Renca.

En 2011 me fui con Harald al Ministerio de Educación. Ahí me di cuenta de que todo lo que estás diseñando que en papel suena súper bonito, tiene una segunda pregunta: ¿es políticamente viable? Pude ver la generosidad infinita de algunos y la miseria máxima en otros. La acusación constitucional contra Harald fue una cuestión miserable. Pero a pesar de todas las desilusiones, estaría dispuesta a volver al gobierno. Si te lo ofrecen, lo tienes que aceptar.

Ya de vuelta en el CEP, conocí a Fulvio Rossi. Estos tres años juntos han sido súper difíciles porque primero explota todo lo de SQM, donde la clase política ha sido totalmente hipócrita. Después le viene cáncer, el tema del desafuero, el ataque afuera de su comando. Encuentro increíble es que el fiscal salga a las dos o tres horas del atentado contra Fulvio a poner en tela de juicio si es verdad o no sin ningún antecedente.

Ser mamá a los 40 ha sido súper difícil. Tu cuerpo ya no es el mismo. Yo creía que era una mujer zen, pero claro, viviendo sola, haciendo lo que quiero. Y de repente llega una niña chica, que te rompe todo, te saca de quicio a veces. Tienes una vida armada, tienes que desarmarla completamente y ver cómo calzan las piezas del puzle de nuevo. Y siento que todavía no calzan. No sé si algún día lo voy a lograr”.