Lecciones de vida: Jaime Fillol, ex tenista - Revista Capital

Vida & estilo

Lecciones de vida: Jaime Fillol, ex tenista

-

Por: María José López
Foto: Verónica Ortíz

“Mi papá y mi mamá no hicieron nunca deporte. Como nosotros somos ocho hermanos, cinco hombres y tres mujeres, seguramente pensaron: ‘Hay que mandarlos a que hagan deporte. Ocho chiquillos dando vuelta, nos van a destruir la casa’. Y así nos inculcaron el fútbol, el box, atletismo y tenis. Jugábamos en el Club Internacional, en el Parque Forestal. A los 12 años partí en eso y al poco tiempo me destaqué dentro del grupo.

Ganar un campeonato de tenis es lo más grande que hay. Tuve la suerte de ganar algunos. El que más me emocionó fue la primera vez que triunfé a nivel internacional, en Indianápolis, Estados Unidos, en 1968, contra el norteamericano Cliff Richey. Era un triunfo importante ganarle a él la final. La derrota que más sufrí fue la Copa Davis en 1976. No solo porque me dolió a mí, sino porque afectó a todo el aficionado en Chile. Y me lo recuerdan a cada rato.

Estamos en un momento bajo del tenis en Chile. Y me preocupa que se esté esperando que surja una estrella. Eso no pasa, hay que estar trabajando permanentemente. Esto no es por un tema de plata. Mientras trabajé en el Club Deportivo de la UC desarrollamos un programa que se llamaba “Campeones para Chile”, y me di cuenta de que es imposible tener la cantidad de recursos que quisiéramos. Tiene que haber esfuerzo familiar, personal y oportunidades que otras organizaciones planteen al niño. Esa debiera ser la ecuación. ¿Por qué piensan que hay que tener apoyo del país? Si yo quiero ser actor, abogado, músico, no le exijo al Estado que me cubra, sino que lo busco y veo cómo avanzo. No hay suficiente dinero para cubrir con justicia a futuros campeones, y no veo a los pintores quejándose por falta de recursos del Estado.

Para mí la vida del tenista era lo máximo. Tuve la suerte de encontrar una compañera (Mindy Haggstrom) con la que me casé, tuvimos nuestra familia y me acompañó a todas partes. Casados, con un hijo y hasta con tres, viajábamos a Roland Garros, Wimbledon, donde fuera. Era un sacrificio bastante grande estar criando en los viajes. Pero gracias a eso, yo llevaba una vida normal y no estaba echando de menos mientras competía. Postergar una parte importante de mi desarrollo como persona, por rendir más en el tenis, no me hubiera hecho sentido. Cuando trabajé en Estados Unidos me ofrecieron la oportunidad de ser entrenador, como los que vemos en la tele en los palcos. Pero dije no. ¿Cómo voy a estar lejos de mi familia? No era mi preferencia.

Mi último campeonato ATP fue cuando tenía 37 años, pero mi relación con el tenis sigue siendo muy cercana. No solamente porque lo practico, sino porque he estado transmitiendo este gusto a través de mis hermanos, y mis nietos (Nicolás Jarry) también se están incorporando. Y hace 16 años soy director de la carrera de Educación Física en la Universidad Andrés Bello. Trabajar toda mi vida en el deporte y ahora en esto, es un cambio grande. Y tal vez más importante que ganar una copa. Ha sido un aprendizaje muy bueno y una oportunidad de aportar como formador. Lo que ocurre en el deporte, ocurre en la educación también: el que se proyecta para ganar una medalla, o para sacarse un 7, lo más probable es que no lo logre. De esto les hablo a mis alumnos en la cancha. Me sale natural enseñarlo. El tenis es mi pasión. Y pretendo jugar por siempre”.

Comparte este artículo:
  • Cargando