Revista Capital

Lecciones de vida: Sergio Nakasone

Por: Carla Sánchez
Foto: Verónica Ortíz

“Es importante valorar el origen. Soy nieto de japoneses, nací en el campo y me crié en Lanús, un barrio argentino obrero, de clase media. Fui a una escuela pública y mis papás tenían una tintorería, en la cual trabajé desde chico. Partí limpiando ropa, luego doblando sábanas, y a los 14 años ya estaba planchando y a cargo de la caja los fines de semana. Eso me ayudó a entender lo importante de la cultura del trabajo y de entregar un buen servicio.

A veces, el error de los políticos y empresarios es que empiezan a vivir en una cápsula y no entienden lo que es la masa. Hoy, las redes sociales también son un distorsionador. Y en las bases, en la mayoría, es donde está la esencia de lo que se puede construir. Eso es lo que ha caracterizado mi trabajo en los medios.

Estudié comunicaciones sociales mientras trabajaba de junior en una agencia de publicidad. Recibí mi primer sueldo el año 87, en una época en que Argentina estaba llena de avatares económicos: la leche salía a un precio en la mañana y en la tarde tenía otro.

En 2001 me agarró otra crisis económica y quedé sin trabajo. Un país como Argentina te obliga a tomar riesgos: me fui a hacer televisión a Miami. Luego surgió la posibilidad de hacer un reality en Venezuela, ¡el primer Protagonistas de la fama se hizo allá! Era una época en que la televisión en Caracas estaba en su época dorada.

En 2002 decidí venirme a trabajar a Chile. Tenía un buen puesto en Miami e incluso me vine ganando menos, pero quería estar más cerca de Argentina. Ahora, mirando con perspectiva, lo que logré en Chile a nivel profesional no lo hubiera logrado nunca en Estados Unidos, al punto de que el formato del reality Mundos opuestos lo terminó comprando el mercado anglosajón. Hay una historia de hacer tele antes y después de estos programas.

Salir de Canal 13 después de 13 años claramente provoca cierto dolor. La decisión de desarmar el equipo de reality la tomó gente que no nos conoce, que vino con una visión de televisión que obviamente no comparto. Como diría Charly García, ‘es parte de la religión’ y hoy, con perspectiva, creo que las oportunidades son gigantes. Me había malacostumbrado a la zona de confort. Antes, me sentía como un marinero y hoy, a los 49 años, vuelvo a sentir la adrenalina de los 30. No creo que vuelva a hacer realities, pero hay un gran desafío en lo digital, en cómo abordar lo comercial desde el área audiovisual. Y siempre estaré agradecido del grupo de personas que creyó en mis ideas y en hacer locuras”.