Revista Capital

Hoy se cumplen 150 años del nacimiento de Marie Curie

Maria Salomea Skłodowska-Curie marcó un antes y un después en la ciencia y la sociedad en general, tanto así que sus logros aún resunenan en la historia, ya que de un modo u otro, dio un vuelco a la sociedad en la que vivía. El siete de noviembre de 1867, Marie Curie nacía en Varsovia. Hoy, 150 años después, la recordamos por todo el mundo.

Estudió clandestinamente en Varsovia y comenzó su formación científica en la Uniwersytet Latający, o universidad flotante de Varsovia, que fue creada en la clandestinidad para poder formar a las juventudes polacas para tener una oportunidad en un mundo ahogado por la estricta política rusa. La idea era buena, progresista y, además, sin prejuicios como el sexismo. Gracias a su existencia, Marie, que fue rechazada en las instituciones de formación superior de Varsovia, pudo completar sus estudios.

En 1891, a los 24 años, siguió a su hermana mayor a París, para continuar sus estudios en la Universidad de París, de la cual fue una de las veintisiete mujeres en la Facultad de Ciencias, de casi mil hombres. Allí fue donde llevó a cabo su trabajo científico más sobresaliente.

En la primavera de 1894, Marie hizo saber su necesidad de encontrar un laboratorio a un físico polaco con el que tenía amistad. A este se le ocurrió que su colega, nada menos que Pierre Curie, podría echarle una mano. Pierre, quien había realizado varias investigaciones pioneras sobre magnetismo, era el jefe de laboratorio en la Escuela Municipal de Física y Química Industrial en París. Así, el profesor sugirió que tal vez podría encontrar espacio allí para que Marie trabajara. La reunión entre Curie y Sklodowska cambiaría no solo sus vidas, sino también el curso de la ciencia. Aunque el laboratorio no era, precisamente, un lugar adecuado para la posición de Marie, se hizo un hueco. Y la relación con Pierre fue creciendo.

Del respeto mutuo creció una relación emocional y sentimental, fructífera y feliz. Fue el trabajo a conjunto lo que los unió aún más, convirtiéndolos en el ejemplo utópico (para los demás) del matrimonio científico perfecto.

Marie Curie fue la primera mujer en recibir el afamado Premio Nobel. Pero no solo eso, sino que fue la primera y única mujer en recibir dos de ellos, en física y en química. Sin embargo, Marie no estaba nominada al premio, realmente. La Real Academia de las Ciencias de Suecia, a pesar de saber fehacientemente que los descubrimientos sobre el radio se debían por igual a Pierre y a Marie (y a Becquerel), se negaban a reconocerlo en público.

Fue la persistencia de Pierre y su negativa a recibir el premio si su mujer no era reconocida lo que puso entre la espada y la pared al comité. El papel de Magnus Goesta Mittag-Leffler, miembro del comité y uno de los primeros feministas en el mundo de la ciencia, fue esencial en el reconocimiento de la química.

De esta manera, Marie Curie, y Pierre, se convirtieron en un símbolo de lucha por el reconocimiento de la mujer en el subjetivo mundo de la ciencia. Una lucha que seguimos manteniendo hoy día. Y la cosa no terminó ahí. Los prejuicios sexistas hacia Marie la acompañaron en casi cada paso que dio en su vida.

Sus logros incluyen el desarrollo de la teoría de la radiactividad (un término que ella misma acuñó), técnicas para el aislamiento de isótopos radiactivos y el descubrimiento de dos elementos: el polonio y el radio. Bajo su dirección, se llevaron a cabo los primeros estudios en el tratamiento de neoplasias con isótopos radiactivos.

Fundó el Instituto Curie en París y en Varsovia, que se mantienen entre los principales centros de investigación médica en la actualidad. Durante la Primera Guerra Mundial creó los primeros centros radiológicos para uso militar.

Murió en 1934 por una anemia aplásica causada por la exposición a la radiación por guardar tubos de ensayo con radio en los bolsillos durante la investigación y construcción de las unidades móviles de rayos X de la Primera Guerra Mundial.