Vida & estilo

Lecciones de vida: Atilio Andreoli

Diseñador.

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“Después del gran temblor en mi vida, que fue el cierre de la tienda, me siento liberado. Veo la ropa con distancia.

Mi taller, mi equipo de trabajo con el que tantos años pude satisfacer a un grupo de chilenos, se fue jibarizando: varios de mis colaboradores cumplieron 70 años, no podían seguir. En un momento fueron 14 personas las que trabajaban conmigo, pero en los últimos años, eran 4 o 5. Intenté, pero fue imposible reemplazarlos. Y me vi en la ingrata y dura decisión de cerrar porque no podía seguir sosteniendo la producción y ya no daba para cubrir los gastos. Fueron dos años de reflexión, puse todas mis fichas para continuar con 37 años de oficio ininterrumpidos. Pero no se puede torcer la mano al destino. Mientras tanto, los clientes hacían fila…

Augusto Leguía cerró sus puertas el 16 de enero de 2016, fecha del nacimiento de mi abuelo, Atilio Andreoli. Me acompañaron amigos durante el día en la tienda y a mi casa durante la tarde. Destapamos la champaña y comimos el chocolate correspondiente. Soy de velorio, neoitaliano, apasionado… el dolor era enorme y había que vivirlo. Esa noche hubo lágrimas, de todo.

Se van a cumplir dos años del cierre. Pero los clientes siguen hueveando. Lo digo con cariño. Es que ya no van quedando sastres. No hay alternativa para vestirse.
Veo lo que hace este joven que viste a (Martín) Cárcamo y a casi toda la televisión (Sergio Arias). Hay que tener muy buena facha para usar sus trajes, son más bien entallados. El chileno tiene cuerpo, es más gordito, y hay que pensar en eso para diseñar.

El oficio lo veo muy olvidado en Santiago de Chile. Conversé de eso con Luciano Brancoli antes de que muriera: en Chile no hay escuela y ya no habrá grandes maestros. No me refiero solo a la sastrería. También a personas que hacen objetos en metal, muebles, manualidad educada.

Vivo en este departamento (frente al Parque Forestal) hace 25 años, mi taller está a dos cuadras. Está convertido en un proyecto de coworking. La idea es permitir que jóvenes tengan la posibilidad de usar mis cosas: las máquinas, mesas, materiales. No gano un peso, pero no quiero cerrarlo. Vestí a don Ricardo Lagos, que sigue usando mis trajes, a su hijo, a José de Gregorio, a Andrés Velasco, a los Matte, y a tantos otros…Tengo lindos recuerdos, y un orgullo enorme… me hubiera gustado recibir llamados de algunas personas cuando cerré.

Durante este tiempo me he dedicado a leer, a escribir, a recomponer mi alma. Los egos igual se resienten. Pero me enorgullezco de haber tenido la tienda más linda de Chile. Me la compró una familia del sur y hoy ahí está la tienda de helados Moritz. Nunca he podido entrar.

Estoy trabajando con los alcaldes de Santiago y Recoleta, Felipe Alessandri y Daniel Jadue. El Felipito y el Danielito. No pido audiencia para hablar con ellos. Estoy organizando un festival de jazz en el matadero de Franklin y otro en el zócalo de la Municipalidad de Recoleta. Soy el relacionador público, porque soy amigo de toda la gente. Fui a hablar con Herman Chadwick, a quien vestí por años, y ahora Enel es auspiciador del evento. Llevaremos música de primer nivel a personas que no tienen acceso a algo así comúnmente. Eso me pone feliz. Mucho más que la ropa”.

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