Vida & estilo

El reality de la felicidad

Desde 1938, la Universidad de Harvard ha estudiado la vida de 724 hombres para determinar qué los hace feliz. Una investigación de largo aliento, en la que actualmente participan 80 personas que siguen vivas y que se ha extendido a la segunda generación para obtener más respuestas. “Logramos tomar fotos de vidas completas, las opciones que tomaron y qué resultado tuvieron, para mostrar qué factores mantienen a la gente saludable y feliz”, asegura Robert Waldinger, el psiquiatra que dirige el estudio.

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Fue nominada a prácticamente todos los premios de cine el 2015. Y finalmente, Boyhood ganó varios; entre ellos un Oscar y un Globo de Oro al mejor director. La crítica la alabó precisamente por ser un hito en la historia del cine: durante 12 años, Richard Linklater rodó este drama que registra el paso de la niñez a la adultez del niño Mason Evans y las desilusiones, mudanzas y cambios que enfrenta su familia estadounidense de clase media en la década del 2000.

Algo similar a Boyhood es lo que la Universidad de Harvard está haciendo con la felicidad. Pero se trata de algo a mayor escala y alejado de la ficción. Hace 79 años, la prestigiosa casa de estudios realiza una investigación para determinar qué nos hace felices.

El “Estudio sobre desarrollo adulto” comenzó en 1938 con un grupo de 286 alumnos de Harvard. El objetivo era determinar las razones que llevaban a algunos al éxito (y a otros al fracaso). Sin saber de este trabajo, la Facultad de Derecho de la misma universidad comenzó a llevar a cabo otra investigación en los suburbios más pobres de Boston. El llamado “Glueck Study” –encabezado por los profesores Sheldon y Eleanor Glueck– se enfocó en determinar por qué algunos niños de los barrios más pobres y desfavorecidos se convertían en delincuentes. Para eso analizaron la vida de 456 hombres entre 11 y 16 años. Los entrevistaron a ellos y a sus familias, conocieron sus casas, escanearon sus cerebros, examinaron su sangre y midieron sus capacidades físicas y psíquicas. Una y otra vez, cada dos años. Así, pudieron presenciar cómo algunos se convirtieron en albañiles, otros en abogados, médicos, operarios de fábricas. Uno de ellos, incluso se convirtió en presidente de Estados Unidos: John F. Kennedy fue parte de este selecto grupo en sus años de estudiante universitario (1936-1940) hasta que fue electo senador en 1953. Ese año decidió salirse de la investigación por miedo a que se revelaran datos de su vida privada. Cosa que nunca ocurrió, ni ocurriría, dice el Dr. Robert Waldinger, director de la investigación, porque “la información que se recaba es estrictamente confidencial”.

El psiquiatra Robert Waldinger asumió en 2003 la jefatura del Harvard Study of Adult Development. Es el cuarto que ocupa ese cargo y parte de un equipo donde han participado más de cien investigadores en casi 80 años. Desde su oficina, en el Departamento de Psiquiatría del Hospital General de Massachusetts, asegura que “Harvard no pone ni un centavo” en la investigación que cuesta 800 mil dólares al año. Mientras afuera suenan las sirenas, cuenta que el financiamiento viene del gobierno estadounidense, mayoritariamente, y una parte menor de manos privadas. Los resultados se utilizan en el diseño de políticas públicas que van desde la creación de programas de asistencia social, hasta la arquitectura de los lugares de trabajo.

Waldinger cuenta que ha estado dos veces en Chile invitado por un grupo de psiquiatras de la Universidad del Desarrollo, quienes querían realizar un estudio similar en Chile. Pero por falta de recursos, el proyecto no se concretó.

“Gran parte de las cosas que sabemos en la vida lo hacemos pidiendo a gente que recuerde el pasado. Sin embargo, olvidamos grandes fragmentos de la vida y otras veces la memoria es bastante creativa”, dice Waldinger en su charla TED. Y se pregunta: “¿Qué pasaría si pudiéramos estudiar a las personas desde que son adolescentes hasta la adultez, para ver qué es lo que los hace felices?”.

 

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