57studio, una dupla explosiva - Revista Capital

Vida & estilo

57studio, una dupla explosiva

Ganadora de la primera versión en Chile de Casa FOA con “Escritorio sin fin” y premiada en la X Bienal Iberoamericana de Arquitectura y Urbanismo de Sao Paulo, la oficina de arquitectura compuesta por Maurizio Angelini y Benjamín Oportot es uno de los estudios con mayor proyección en el país y el extranjero.

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Por: Vivian Berdicheski
Fotos: Álvaro de la Fuente

57studio

2016 es el año de los arquitectos chilenos. Su buen juicio a la hora de abordar situaciones complejas ha tenido una alta valoración en el concierto nacional como internacional: Alejandro Aravena fue elegido ganador del Pritzker y curador de la Bienal de Venecia, y Gonzalo Mardones fue nombrado Honorary Fellow del AIA American Institute of Architects y recibió el premio a la mejor obra del año de la Architectural Review.

Es el caso de 57studio, compuesto por los arquitectos Maurizio Angelini y Bejamín Oportot, quienes con su propuesta “Escritorio sin fin” resultaron ganadores de la primera versión de Casa FOA que se realiza en Santiago. También hay reconocimientos internacionales: fueron la única oficina chilena presente y premiada por su proyecto “Establo” durante la X Bienal Iberoamericana de Arquitectura y Urbanismo (BIAU), que se realizó entre el 12 y el 15 de octubre en Sao Paulo, Brasil, evento considerado como uno de los más significativos para la arquitectura de la región y la península ibérica.

Ambos reconocimientos le dan proyección a 57studio y hablan del buen momento profesional que vive esta dupla, que se conoció en su primer año de carrera en la Universidad de Chile (1996) y que formó la oficina al término de sus estudios. La bautizaron 57studio, simplemente por ser el número del primer departamento que los acogió.

A la hora de clasificar su trabajo, no dudan en hacer un símil con un restaurante: “Nosotros somos los chefs, metemos mano en todo: diseñamos, mapeamos, construimos, hacemos nuestra comida”, señala con humor Benjamín, quien además tiene una interesante faceta como caricaturista. A principio de año expuso en la Universidad San Sebastián Homo-Chilensis, selección de personajes del ámbito nacional, donde se mezclan la música, la política, el deporte y el espectáculo.

Maurizio Angelini, segundo hijo del empresario y actual presidente de Copec, Roberto Angelini, y la arquitecta Ana María Armadori, vio en Casa FOA la posibilidad de plasmar la arquitectura y el diseño en su conjunto en un espacio acotado que podía resumir la visión de 57studio en cuanto a interiorismo y diseño. Los muros de “Escritorio sin fin” se transforman en cielo de forma imperceptible y la luz se desliza suavemente por los distintos planos. La idea del infinito la acentuaron con la incorporación de un tajo horizontal (un nicho) que da la vuelta por todo el espacio y que, al tener espejo en su fondo, produce un efecto de repetición que aporta a la sensación de profundidad. “Somos muy precisos en los detalles y contención. Contención como contenerte, frenarte, porque a veces uno quiere poner todo y la clave es generar dentro de tus ideas lo justo”, señala satisfecho del resultado.

“La sustentabilidad tiene que ver con los materiales, pero también con cosas que no son tan físicas ni palpables, como puede ser la orientación de un edificio, la distinción de cómo se inserta en un tejido social y los procesos”, dice Angelini.

Algo similar ocurrió con “El establo”, obra realizada en 2014 que tuvo por objetivo reemplazar una vieja edificación, en un fundo de la Región del Bío Bío, que funcionaba como guardería de animales para reconstruir una versión de mayor capacidad. Debido a la distancia y a la escasez de mano de obra, la dupla propuso un sistema de construcción mecanizado y desmontable, para ser armado in situ por dos carpinteros y en un tiempo acotado. “La energía creativa estuvo en los detalles del armado, en el diseño de piezas y de montaje. Todas las piezas son en serie. Se reutilizaron las tejas, se incorporó madera (pino radiata), lo que le da una mirada de rescate de lo antiguo, mientras que el fierro y la estructura liviana vienen a ser lo moderno”, señala Oportot.

Escala urbana

Dentro de su obra, la escala es un factor clave. Se desenvuelven cómodamente en la construcción de mobiliario, pasando por iglesia, peluquería, transformaciones, casas, etc., pero lo que hoy les interesa es la ciudad. “La diferencia que existe entre las escalas es que a medida que sea más grande debe ser más colectivo, y ahí radica su buen resultado. Un objeto es más personal y se acerca más al arte. En los diferentes foros internacionales, hoy se habla de que el futuro está en la ciudad y construir dentro de su contexto social. En ese sentido, no sólo aprovechar los materiales, sino también las energías creativas de las personas. No sólo apuntar a las capacidades de los organismos, sino también a la que uno tiene de integrarse socialmente”, comenta Maurizio, quien también forma parte del directorio de Elemental, la oficina de arquitectura de Alejandro Aravena. Un nuevo escenario ligado al urbanismo hoy los tiene motivados. De hecho, ya participan en algunos proyectos a gran escala que por el momento prefieren mantener en reserva.

-¿Concuerdan con la afirmación que han realizado algunos urbanistas de que Santiago está colapsada?

Benjamín Oportot (B.O.): Me declaro un fanático de Santiago, pero da la sensación de ser invivible, intransitable, con demasiados autos, gente, bicis, pero a su vez, esa sensación provoca una demanda y eso es positivo. Lo bueno de Santiago es que, en general, todavía hay mucho por hacer, por proponer y espacios públicos entretenidos por desarrollarse.

Maurizio Angelini (M.A.): La oportunidad de que el río Mapocho sea espacio público tiene más de 40 años, pero hoy esa demanda hace que las personas con más energía la impulsen y lleven a la práctica. Eso es lo valioso que tienen las generaciones jóvenes de arquitectos.

-El tema del futuro y el desplazamiento se vio en la Bienal de Venecia como en la X Bienal Iberoamericana en la que representan a Chile, ¿cómo visualizan esta dinámica?

M.A.: El tema del desplazamiento es mundial y significa oportunidades. La energía creativa de las personas es cierta, mientras más diferencias existan es mejor el resultado, sobre todo para nosotros, porque Chile siempre ha sido cerrado a la inmigración, y ella entrega otra mirada de las cosas.

B.O.: No es cosa de ir muy lejos, en la plaza donde vivo se encuentran muchos españoles y argentinos. El barrio poniente, que era donde nosotros teníamos nuestra oficina hasta hace un par de años, está convertido en un barrio latino. Creo que se debe trabajar en la integración de los espacios públicos y generar condiciones igualitarias para todos en la ciudad.

-Se ha hablado mucho últimamente acerca de la sustentabilidad. ¿Se cuadran con estos planteamientos?

M.A.: La sustentabilidad tiene que ver con los materiales, pero también con cosas que no son tan físicas ni palpables, como puede ser la orientación de un edificio, la distinción de cómo se inserta en un tejido social y los procesos. Hoy, para certificar algo, tienen que evaluar los procesos y tomar decisiones sustentables. Puedes poner termopanel triple vidrio, pero si lo ubicas hacia el sol, lo que provoca es el efecto contrario.

B.O.: Hay pocos clientes, sobre todo en edificios grandes, que se den el lujo de pagar un valor extra por un edificio sustentable con todas las de la ley. Hay que hacerlos entender que la recuperación de esta inversión es medible y justificable. La gente piensa que es poner pieles a los edificios, pero no, en muchas ocasiones es al revés.

“Lo bueno de Santiago es que, en general, todavía hay mucho por hacer, por proponer y espacios públicos entretenidos
por desarrollarse”, señala Oportot.

M.A.: Cuando modelamos un proyecto es muy importante ser precisos en la realidad que estamos insertos y adaptar la arquitectura al lugar, por ejemplo, no hacer algo muy elevado o muy bajo que signifique hacer fundaciones (movimientos de tierra) y que la estructura no se adapte bien al terreno. Preocupaciones que a primera vista pueden parecer estéticas, pero que en el fondo son cosas sustentables.

Referentes y futuros arquitectos

Tanto Maurizio como Benjamín pertenecen a una generación de arquitectos de la Universidad de Chile que estudiaban cuando apareció la monografía de Mathias Klotz editada por Gustavo Gil en España, hito que marca el renacer de la arquitectura chilena. Se nutrieron de obras y charlas de los arquitectos de la Universidad Católica, como Alejandro Aravena y Smiljan Radic. Una generación que parte siendo análoga y en la mitad de la carrera irrumpe hacia la digitalización y los modelos 3D; que ve más difusos los límites entre universidades privadas y públicas; que tiene entre sus pares a Pablo Talhouk, Cristián Winckler, Pablo Riquelme, Nicolás del Río y Max Núñez de diferentes casas de estudios.

Para Maurizio, la diferencia entre la “Chile” y la “Católica”, “se expresa en un mayor o menor compromiso con el arte y el sello personal versus la técnica y el sello colectivo o responsabilidad pública. La Católica estaría un poco más cargada a lo primero, y la Chile a lo segundo. Sin embargo, esto tiene cada vez menos relevancia, porque hay muchas otras escuelas de arquitectura con excelentes arquitectos que se han formado en ellas. Hoy está mucho más mezclado y, además, la convergencia de arquitectos de ambas escuelas haciendo clases en una misma universidad es cada vez mayor”.

-Ambos son profesores de taller. ¿Cómo ven a las nuevas generaciones?

B.O.: Son virtuales, por ende no saben dibujar bien, son buenos para el copy paste y ésa es una realidad en todas las universidades. Creo que se debe tratar de llevar a los alumnos a la impronta del oficio y la técnica, es distinto que hagan photoshop, a que vayan dibujando a mano los 50 cm de volado y la losa de 15 cm, e ir incorporando datos.

M.A.: Los alumnos tienen mucha habilidad para el dato y el reporteo. Uno les pide analizar un edificio y en vez de traerlo dibujado, hablan con la vecina que les cuenta, por ejemplo, que no está contenta con el edificio porque le da sombra, etc. Información que puede ser muy valiosa, pero sin valor arquitectónico. A ellos les piden investigar y sus herramientas son preguntar, y cuentan con las herramientas digitales para apoyarse. •••

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Santiago en pocas palabras

Benjamín Oportot
• Mejor edificio: Consorcio.
• Peor edificio: Apumanque.
• Lo mejor de vivir en Santiago: el clima.
• Lo peor de vivir en Santiago: el smog y manejar en la ciudad.
• Espacio que te gustaría intervenir: transformar las canchas de golf en parques.

Maurizio Angelini
• Mejor edificio: la Escuela de Derecho de la U. de Chile.
• Peor edificio: las torres del centro que rompieron la manzana y sólo ofrecieron hacinamiento.
• Lo mejor de vivir en Santiago: la cordillera.
• Lo peor de vivir en Santiago: el smog.
• Espacio que te gustaría intervenir: las Torres de Tajamar.

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