Lobos marinos - Revista Capital

Vida & estilo

Lobos marinos

De norte a sur, el litoral chileno alimenta y da trabajo a un sinnúmero de personas que viven por y para el mar. Son los mismos personajes que hoy miran perplejos el fenómeno de la marea roja que amenaza su tesoro más preciado. La exposición “Chile, herederos del mar”, en el Centro Cultural Palacio de La Moneda, es el resultado del trabajo de Oceana que documentó a través de imágenes, las personas, tradiciones, oficios y formas de vida que se desarrollan a lo largo de las costas de Chile.

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La idea partió en 2014. Ese año, Oceana decidió dar forma al proyecto “Rescate cultural de las Costas de Chile”, enfocado en investigar y documentar a través de la fotografía, a las personas, tradiciones, oficios, formas de vida y otros aspectos culturales que se desarrollan a lo largo del extenso litoral chileno. El responsable de explorar y captar la riqueza cultural de los pueblos asociados al mar fue el fotógrafo y documentalista Claudio Almarza, quien por muchos años trabajó como corresponsal de National Geographic.
Luego de dos años de expediciones a lo largo de las costas chilenas, el resultado de su trabajo puede ser apreciado hoy en el Centro Cultural Palacio La Moneda a través de la exposición fotográfica “Chile, Herederos del Mar”, que estará abierta a todo público hasta el 12 de junio de 2016.

El proyecto abarcó de norte a sur el litoral continental e insular de Chile, específicamente desde la Región de Antofagasta hasta la Región de Magallanes, incluyendo territorio insular como el archipiélago de Juan Fernández, Isla de Pascua e isla Mocha.

El baile de las macheras
Doña Elena es una de las 50 mujeres macheras de San Pedro, en la Región de Coquimbo. Ahí, recoge moluscos sumergida hasta la cintura con traje de buzo para el frío y encima, falda, chomba y gorro.

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Crisis pesquera
Mauricio, acompañado de sus hijas Francisca y Abigail, cuenta que en Paposo, caleta del litoral atacameño, aún sacan congrios, lenguados, corvinas, entre otras especies. Sin embargo, dice que la acción de las termoeléctricas amenaza su recurso.

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Recolector mochano
En isla Mocha, acompañado de su perro Oso y provisto únicamente de una yegua, una carreta y un kuiñe (malla para transportar el alga), Rolando recoge la luga que las olas del mar arrastran a la orilla.

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Un oficio de jornada completa
La pesca artesanal y la extracción de mariscos son oficios duros que requieren de gran esfuerzo físico y largas horas a la intemperie. De ello vive gran parte de la población de Calbuco.

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Tomar lo justo del mar
La señora Teo, habitante de la localidad de Chaihuín, en la comuna de Corral, Región de Los Ríos, es recolectora de orilla. Desde su patio trasero, el mar, extrae lapas, mañihue, luche y cochayuyo.

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Artesanos de la sal
Las salinas de Cáhuil concentran gran parte de la producción nacional de sal de mar. Su obtención implica un proceso de seis meses utilizando el método llamado “marisemas de mar a la vista”, que se lleva a cabo en grandes piscinas de barro.

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Las tradicionales fiestas de la isla
La señora Magaly Schiller no se ha perdido ningún rodeo de Villagra, fiesta tradicional del archipiélago de Juan Fernández.

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El clamor por un mar limpio
Mama Piru, orgullosa mujer de Rapa Nui, se dedica hace 15 años a recoger de manera voluntaria los desechos que llegan a las costas traídos por las corrientes.

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Amores de mercado
Pilar trabaja junto a su esposo Juan en la feria fluvial de caleta Huemul, en Mehuín. Ella heredó ese oficio de su padre, quien transportaba jaibas desde el bote a la feria en grandes canastos de mimbre.

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Coleccionista de mar
Guido Bolbarán, más conocido como el “Tío Dogui”, es un personaje que ya forma parte de la cultura de Punta de Choros. Descendiente de changos, Guido es un gran coleccionista de piezas históricas y naturales.

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Prendas del pescador
En el frío clima del sur de Chile, las tejedoras de Chaihuín escarmean la gruesa lana para confeccionar diversas prendas que los pescadores usarán para resistir las gélidas madrugadas en el mar.

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Última esperanza
Ubicado en la Patagonia chilena, el seno Última Esperanza, cuna de los kawéskar, es un gran fiordo rodeado de montañas y glaciares que recibe tanto a embarcaciones dedicadas a la recolección del erizo, el ostión y la centolla, como a lujosos trasatlánticos.

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Para Liesbeth van der Meer, directora ejecutiva interina de Oceana, el proyecto nació por el interés de la organización de ir más allá del medioambiente, la biología y la ciencia en su quehacer. “La conservación marina también tiene un impacto social y económico directo en las personas, ya sea como fuente laboral, recreacional o como un elemento fundamental en su calidad de vida”, explica.

En su trabajo con las comunidades costeras, explica Van der Meers, la ONG es testigo de “la riqueza cultural que se desarrolla en la cercanía al mar y sus recursos, que determina desde la dinámica familiar, la rutina, los recuerdos y costumbres casi olvidadas, pese a que algunas se resisten a su extinción”. También, a través de las fotos, se documenta el grado de aislamiento de algunas localidades, como sucede, por ejemplo, con isla Mocha.

“Allá la gente se abastece de alimentos desde el continente con una periodicidad no muy frecuente, sólo cuentan con una posta y dos paramédicos para toda la población, lo que constituye un gran riesgo cuando hay urgencias o mujeres embarazadas, quienes deben emigrar al continente a los ocho meses para parir a sus bebés en condiciones seguras”, cuenta la directora de Oceana.

Todas esas historias, quedarán recogidas, luego de la exposición, en un libro que profundizará el retrato logrado de las expediciones. •••

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