Vida & estilo

Los países pobres son los más fumadores

Un estudio alerta que el consumo de tabaco en los países en desarrollo está aumentando y que en este siglo morirán mil millones de personas por ello.

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El estudio Global Adult Tobacco Survey (GATS), dado a conocer por The Atlantic no tiene cifras alentadoras: en los países del tercer mundo el consumo de tabaco está aumentando, mientras el número de personas que intenta dejar de fumar disminuye.

Realizado a más de tres mil millones de personas mayores de 15 años, el estudio representa a 853 millones de fumadores de países en desarrollo como Bangladesh, Brazil, China, Egipto, India, México, Las Filipinas, Polonia, Rusia, Tailandia, Turquía, Ucrania, Uuguay y Vietnam. Luego de recolectar la información, se la comparó con las cifras de Estados Unidos e Inglaterra, países donde el consumo de tabaco es menor.

El estudio revela que el cigarrillo manufacturado es la forma en que el tabaco es más consumido en esos países y está fuertemente asociado con el aumento del consumo en mujeres, quienes cada vez fuman su primer cigarrillo a una edad más temprana. Sin embargo, en términos de género, los hombres lideran por lejos el consumo, ya que casi la mitad de ellos es fumador (48,6%).

A este problema se suma que los países de mediano y bajo ingreso no invierten en medidas para controlar el consumo de tabaco. Por ejemplo, dice el estudio, de cada US $9.100 que recibe el gobierno por impuestos al tabaco, solo un dólar se usa para controlar su consumo.

Está demostrado que los países que invierten en programas para desalentar el consumo de tabaco y reducen su publicidad, tienen cifras de abandono del cigarro mucho más altas que sus pares.

Un caso notable es Uuguay. Este país ha implementado políticas anti-tabaco muy estrictas como, por ejemplo, que las etiquetas obligatorias usen hasta el 80% de la cajetilla, un aumento de impuestos y prohibiciones tanto en la publicidad como en espacios públicos cerrados. ¿Los resultados? En los últimos tres años el consumo de tabaco ha disminuido en un 25%. A su vez, los ingresos a hospitales por infartos bajó en un 22%.

Revise el artículo completo en The Atlantic.

 

 

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