Rabia cumple 13 años, pero sigue teniendo nuevas vidas. Reeditada ahora por Libros del Laurel, la celebrada novela del escritor argentino Sergio Bizzio continúa sorprendiendo a sus lectores.

  • 24 mayo, 2018

Por: Sofía García-Huidobro

El libro, que en su momento fue muy alabado por escritores como César Aira y Rodolfo Fogwill, cuenta la historia de amor entre un maestro de la construcción y la empleada doméstica de una gran mansión. El romance parte ardoroso, como suele ser, pero luego una serie de episodios violentos termina por distanciar a sus protagonistas, aunque estos nunca logren separarse del todo. La prosa rápida y directa del escritor transforma las páginas en imágenes. De hecho, Rabia se convirtió en película bajo la dirección de Sebastián Cordero y la producción de Guillermo del Toro (Rabia, 2009).

Bizzio (62), que además de novelista, es dramaturgo, poeta, guionista, director de cine y músico, cuenta que sus distintas ocupaciones funcionan como ciclos paralelos que se suceden unos a otros, principalmente por invitaciones sucesivas de amigos. “Alguna vez un amigo, productor de cine, me propuso dirigir una película y acepté. Un pintor, un poeta, un director de cine y un editor, todos amigos, me invitaron a tocar con ellos, y así nació la banda de no-músicos llamada Súper Siempre. El colectivo de artistas Mondongo me invitó a dibujar con ellos, y fui. Recordaba el otro día la frase de Picasso: ‘Yo no busco, encuentro’. Bueno, yo encontré a mis amigos”, dice el escritor para explicar la fuente de cada uno de sus proyectos.

-¿Qué te pasa cuando vuelves a hablar de Rabia? ¿La sientes lejana?

-Escribí Rabia y no volví a leerla más que una sola vez, el año pasado, cuando se hizo una edición conmemorativa en tapa dura y el editor me preguntó si quería corregir algo. No corregí nada y me gustó volver a leerla. ¿Si la siento lejana? Sí, cada vez más lejana y cada vez más fresca también.

-Has dicho que trabajas y vives bastante encerrado. ¿Hay algo de ti en el personaje de María?

-(Risas) No, no creo. A veces las ganas de matar a alguien, pero no mucho más que eso.

-Tus historias, como Rabia, tienen mucho de disparatadas pero también son concretas, ¿piensas en la verosimilitud al momento de escribir?

-Todos los días empiezo y abandono algo. Escribo fragmentos, comienzos, párrafos descolgados, escenas y diálogos que no llevan a ninguna parte y que abandono a veces enseguida y a veces unas horas de trabajo después. ¡Soy un gran abandonador! Y de pronto, un día, algo cuaja, algo me atrapa. Todas mis novelas salieron de esa práctica del abandono, sin más propósito que el gusto de escribir. Excepto Rabia, de la que tuve un pantallazo general bastante claro una noche que pasaba frente a una de esas enormes mansiones todavía usadas como residencias particulares. Había una única ventana iluminada entre decenas de ventanas oscuras o cerradas, en el segundo o tercer piso, y pregunté quién vivía allí. Me dijeron que una anciana y su mucama. Yo pensé que ahí adentro podía vivir una familia entera sin que la anciana y la mucama se enteraran nunca.

El resto es novela.