El Mundial no sacó lo peor de nuestra televisión, sino que lo multiplicó. Por Federico Willoughby Olivos 
Hace un buen tiempo -y en la que fue mi primera crítica de televisión para un diario-, escribí una columna sobre lo que era entonces la nueva apuesta de TVN , Ciudad Gótica, un estelar a cargo de Felipe Camiroaga junto a Coco Legrand y que, curiosamente, tenía como una de sus novedades a un imitador poco conocido de apellido Kramer. Su dinámica era un invitado internacional (preferentemente, cantante o modelo); más una nota divertida a cargo de Carla Ballero (era la época en la que, gracias a un recién estrenado Caiga quien caiga chileno, los noteros estaban en una particular alza) y un segmento de humor en el que Legrand hacía un monólogo (sacado de alguna antigua rutina), a lo que se sumaba una imitación de un Kramer menos pulido que hoy, pero que ya demostraba que estaba para cosas grandes.
El programa pasó sin mucho ruido; creo que no alcanzó ni siquiera para una segunda temporada. Pero recuerdo que escribí amargamente sobre lo poco original de las propuestas de nuestra televisión. Me explico: si revisamos el timeline televisivo de los últimos 20 años, encontramos que la TV local tiene enquistado un tumor que se llama estelares. Son algo que todos los canales han hecho (hasta UCV se ha atrevido con uno que otro) y es un formato que descansa en la idea de que el televidente es un personaje unineuronal que reacciona, cual perro de Pablov, a estímulos tan básicos como mujeres, escotes, ruido, canciones, cantantes y concursos tontos. Todo lo cual suma rating. Fórmula que va desde Motín a bordo hasta La barra del mundial. Todos ellos parecen ser diseñados por un productor que está seguro de que mientras más piel femenina, más rostros faranduleros clase b, más audiencia va alcanzar. Y lo digo con cierto conocimiento. Tengo un amigo que lleva años como guionista en un canal y es bastante bueno en lo que hace, pero siempre despotrica cuando comienza la temporada de estelares: sucede que los arman, les dan luz verde, los sacan al aire y a la semana, cuando los ejecutivos se dan cuenta del bodrio que están trasmitiendo, lo llaman a él para que trate de solucionar el pastel. Y generalmente lo dejan solo y con muy poco presupuesto. Así, es poco lo que se puede hacer.
Mención aparte merece el último engendro de TVN : La barra del mundial. Fue una involución incluso para el género de los estelares. Era de frentón chabacano y de mal gusto. Fue como si hubieran seleccionado todo lo malo que ha sacado la televisión en los últimos 10 años y lo tiraran a la parrilla. Tanto así, que una amiga, muy seria, estuvo a punto de ir al Sename a denunciar el programa por denigrar a la mujer. Y tal vez le hubiera ido bien. No puede ser que TVN , el canal de todos, tenga una idea tan errada de lo que “todos” quieren.
A modo de conclusión, sólo una imagen: cuando Daily show (un estelar en el que los gringos se ríen de la actualidad) obutvo el Grammy, no subió al escenario solamente el conductor a recibirlo, sino que más de 20 personas que nunca habíamos visto en pantalla. Eran los guionistas. Aquellos tipos que sin silicona ni escote lograron que más de 20 millones de personas vieran el show diariamente. Entonces, ¿se imaginan si en vez de tanta modelo pusieran uno que otro guionista? ¿Ah?