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No sólo para los niños

Artículo correspondiente al número 260 (4 al 16 de septiembre de 2009)


Y se repite la historia. La mejor televisión de producción local se encuentra hoy en el segmento infantil. Gentileza de Experimento Wayápolis. Por Federico Willoughby Olivos.


Dentro de la enorme lista de méritos de 31 minutos, uno de los que menos se destaca es el hecho de que la serie de Pedro Peirano y Alvaro Díaz fue la primera en insinuar que la mejor (y quizás la única) plataforma para experimentar, crear y desarrollar televisión chilena de calidad estaba los fines de semana en la mañana, en lo que se denomina el horario infantil. Fueron ellos, ya hace casi 6 años, los que aprovecharon todas las licencias inherentes a la franja horaria (poca atención de los ejecutivos de los canales, abundancia de fondos públicos para financiar los programas que la habitan y una natural orientación al humor) para desarrollar su más exitoso producto.

No faltaron quienes intentaron colgarse del boom y producir éxitos instantáneos pensando que los niños son idiotas y que, por lo mismo, se bancan cualquier cosa (¿se acuerda alguien de unos chimpancés vestidos con ternos negros que dieron en el 13?). Pero, justamente, los niños no son tontos, y si hay una razón por la cual 31 minutos tuvo éxito fue que, ante todo, trato a los chicos como a un público exigente, asertivo y capaz de apreciar el humor inteligente cuando se le ofrece.

Eso fue hace ya un buen tiempo, y desde entonces la oferta programática infantil no había tenido nada destacable. O al menos nada como el Experimento Wayápolis, la nueva oferta programática de Tronia (la franja infantil de TVN). Realizado por la productora Sólo por las Niñas que ya había incursionada en este segmento con Block, una errática serie, llena de buenas intenciones pero de desarrollo tibio. Algo que esta vez no sucedió, quizás porque están Rodrigo Salinas y Matías Iglesis (artistas gráficos, cerebros de 31 minutos) o quizás porque la experiencia igual termina rindiendo frutos.

EW es un embutido en que bajo la excusa de un extraño proyecto, liderado por la Corporación Waypex, se envía un televisor a una isla donde sólo habitan animales. ¿La idea? Educar y humanizarlos. ¿El problema? Mandaron con el televisor el control remoto, lo que permite a los animales cambiar el canal y hacer zapping cuando quieren. Así, el Experimento… no es otra cosa que un enjambre catódico en el cual con una velocidad histérica vemos: a los encargados del proyecto idear, planificar y llevar a los más improbables planes con el fin único de rescatar el control remoto (cosa que nunca logran, por cierto); a Jun-hi una serie con moral de animación japonesa sobre una niña que pelea contra enemigos con nombres como Digeder, Junji, Confusam; a Potti, il astronauta inamorato (animación en plasticina que es una delicia); Las aventuras de Urban Bicho (que me atrevería decir tuvo una precuela en El Club de la Comedia, donde Salinas también trabajó) y otras tantas que no duran más de 3 ó 4 minutos en pantalla. ¿El resultado? Una serie inteligente, divertida y bastante adictiva. Y se nota que no subestiman a los niños, lo que no es poco.
Sábado, 11 AM, en TVN.

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