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Artículo correspondiente al número 281 (29 de julio al 15 de agosto de 2010)
¿Qué pasó en la pantalla desde Ross Geller, de Friends a Don Draper, de Mad men? El hombre televisivo de hoy no es un macho recio ni un metrosexual. Por suerte. Por Federico Willoughby Olivos.

Pocas cosas tienen más contentos a los adictos al cable que el hecho de que Mad men está a sólo unos días de estrenarse en Estados Unidos. Y cuando digo adictos me refiero a hombres. Amigos, conocidos y muchos miembros de la “twittósfera” están que se cortan las venas por ver la nueva temporada de la serie.
Claro, lo que más fascina de la premiada producción de HBO es la fi gura de Don Draper: un tipo de hombre casi extinto en nuestra sociedad, que vive su existencia sobre la base de un código moral fl exible que le permite hacer prácticamente lo que quiere. Exitoso en su carrera y sin medias tintas, en el fondo es una figura mítica para una época como la actual, en la que el género masculino parece estar compuesto más de dudas que de certezas.
La próxima temporada de Mad men sirve como excusa para revisar la manera en que los hombres están siendo retratados en el universo catódico. Si hasta hace un par de años la masculinidad en la televisión se había convertido en una sustancia poco clara, en la que personajes como Dawson (Dawson´s creek) o Ross y Chandler (Friends) apenas se podían poner los pantalones solos, hoy el panorama es bastante más alentador.
El hombre que se ve en la tele por estos días no sólo se pone muy bien los pantalones, sino que -y aquí, la gracia- con la misma soltura puede usar un delantal o disertar sobre la guerra sin necesidad de ir a pelearla. Es cosa de ver series como Man vs food, en la que el gordito protagonista no sale a luchar contra tipos de su peso sino que se acomoda en anchos ropajes para enfrentarse a lo que más le gusta: la comida.
O el propio Jamie Oliver, quien cocina, limpia, cuida la guagua y –cuando le dan permiso– se va de paseo por Italia a conocer su gastronomía. No son los clásicos machos: no tienen amantes, probablemente durarían segundos en una pelea callejera pero son felices y bien hombres para sus cosas. Por último, lo que no es poca cosa, ganan millones de dólares al año, lo que deja en claro que también son buenos proveedores.
Es la nueva masculinidad. Los hombres de hoy versus los niños del pasado. Estirando un poco la cuerda, se puede observar esta dualidad –entre el modelo antiguo y el actual- en la promisoria serie de TVN Algo habrán hecho. Los narradores son dos: uno, Pancho Melo; el otro, un tipo de anteojos, bastante piola, que es nada menos que Manuel Vicuña, decano de la facultad de Historia de la UDP. Contrario a lo que podría espararse, es el último quien se roba la película. Sucede, cómo no, que Vicuña está en su salsa: aporta datos, habla de lo que sabe y conmueve presentando momentos claves de la historia nacional.
Melo, en cambio, a quien TVN intenta poner sin éxito a la altura de Draper en 40 y tantos, simplemente mira, extraviado en este nuevo mundo que simplemente no le pertenece.
| Modelos irresolutos | ||
| Flaco favor le hizo la tv a los hombres en los noventa. Aquí algunos de sus exponentes, siempre tan llenos de dudas… pobrecitos. | ||
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| Dawson Leery (Dawson´s Creek): era el protagonista de la serie pero se pasó 5 temporadas sin tomar el toro por las astas, viendo películas y totalmente incapacitado para jugársela por su vecina. Al final, su mejor amigo le ganó el quién vive. Y se lo merecía. | Ross (Friends): intelectual, experto en dinosaurios y amante de los niños, su mujer lo cambió por otra mujer y dejó a este tipo con un mar de preguntas sin respuestas. Y pese a que logró el amor de Rachel, tomó varias temporadas para que se diera cuenta de que ella era la elegida. | Xander (Buffy): otro sometido. Era parte del elenco principal de la serie de la caza vampiros y, pese a no tener ningún poder y arreglárselas perfecto con las más diversas criaturas del mal, el tipo sólo inspiraba pena en las mujeres. Lamentable. |