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Artículo correspondiente al número 274 (23 de abril a 7 de mayo de 2010)
Renovando el viejo temor a la invasión alienígena, V se permite preguntas complejas y hace una velada crítica al clientelismo estatal. Por Federico Willoughby Olivos
La popular 24 se acaba este año y no es coincidencia. Cuando el octavo día en la vida de Jack Bauer llegue a su fin, aquel vengador sicótico -interpretado por Kiefer Sutherland- cerrará sus apariciones catódicas para siempre. Se especula que podría aterrizar en la pantalla grande, pero da lo mismo: con su partida, se cierra una época. Una época en que el enemigo se podía combatir con mucha fuerza y un par de balazos. Cuando Estados Unidos se defendía invadiendo y en la que el fin siempre justificaba los medios.
Y está bien que se termine. A diferencia de 2002 (cuando partió la serie), el enemigo hoy no es tan claro, ha evolucionado, y está en todas partes. Y si el 9/11 le puso nombre, apellido y dirección al miedo, hoy por hoy, en el mundo de Obama, la guerra se ha convertido en un trámite que poco involucra a la población y se reduce casi a un problema del ejército y de los soldados apostados en Irak o en Afganistán.
Los gringos en estos días renuevan sus pesadillas con la idea de un virus que pueda borrarlos del mapa o con la posibilidad de que la naturaleza les devuelva la mano con algún terremoto o huracán tipo Katrina. Y en ese ambiente, donde la fragilidad asoma, es que V aparece (o reaparece, para ser justos).
La serie no es otra cosa que una relectura de Invasión, una popular producción de los años 80 (en la Chile trasmitió TVN), que trataba de un grupo de alienígenas que llegaba a nuestro planeta con, al parecer, nobles intenciones; pero que, en el fondo, buscaban apoderarse de todos los recursos naturales de la Tierra.
Invasión tuvo un tremendo éxito en su momento, porque -a diferencia de la ciencia ficción televisiva de la época- no le decía al espectador, desde el principio, que estos hombres venidos del espacio eran necesariamente malos. Por el contrario, aparecían como salvadores de una humanidad carente de rumbo y de valores. Es más, la mayor arma de los “visitantes” era una precisa campaña de publicidad destinada a ganarse la confianza de los humanos.
Y así, en un mundo donde un resfrío puede ser mortal, aterriza el remake de esta producción ochentera, ahora llamada más sintéticamente V. La premisa es similar: en un día cualquiera, 51 naves se posan sobre las ciudades más importantes del mundo y trasmiten un saludo de alegría. La nueva era ha llegado a los humanos. Ellos -dicen- vienen a ayudarnos a llegar al siguiente nivel de la evolución: tienen las ganas y la tecnología para hacerlo.
Al igual que en su predecesora, en V los protagonistas serán el grupo que llevará a cabo la resistencia a las naves espaciales. Lo interesante del asunto es que en esta pasada la serie se permite preguntas un tanto más complejas: un cura ve su fe puesta en duda por la llegada de los visitantes (¿son ellos también hijos de Dios?), mientras un periodista segundón se deja manipular por los invasores a cambio de exclusivas que lo llevarán a ganarse el Pulitzer (¿cuál es el precio del éxito?).
En otra vuelta de tuerca interesante, la dramatización da a entender que una de las maneras más efectivas para que los invasores se ganen la confianza y el aprecio de la gente es entregando salud y educación gratis a todos. Que no es otra cosa que una velada crítica al Estado. Mucho menos lineal que lo que parece, V es una serie que resulta porque apela al miedo y a la sobrevivencia. Además, es un digno homenaje a la historia que vimos hace 20 años en nuestras pantallas.
| Encuentros cercanos |
![]() 3rd rock from the sun (1996-2001). Un grupo de extraterrestres se hace pasar por una familia americana suburbana. Invasion (1983). Una raza del espacio exterior intenta dominar el mundo, con una fachada pacifista. ![]() Los archivos secretos X (1993-2002). Dos investigadores luchan contra la conspiración alienígena. Los invasores (1967- 1968). Un testigo solitario descubre a los agresores del más allá: no pueden doblar el dedo meñique. |