Bienvenido, te encuentras en Inicio arrow Panoramasarrow El baile de los que sobran

Herramientas

Imprimir este artículo

Comentar esta nota

Enviar a un amigo

Suscribir Sección vía RSS

Compartir Link Facebook Link Twitter

Califica este artículo


0 Votaciones

Otros artículos de la sección:

Panoramas
El baile de los que sobran

Artículo correspondiente al número 263 (16 al 29 de octubre de 2009)

 

El próximo gran éxito de la televisión está destinado a ser un musical. Por Federico Willoughby Olivos.


Nip/Tuck fue una obra brillante en su momento. Dos doctores a cargo de una clínica de cirugía estética servían como excusa para revisar el lado plástico de la cultura americana. Christian Troy y Sean McNamara pasaban capítulo a capítulo rearmando a sus pacientes mientras que ellos apenas entendían dónde estaban parados. La silicona a la larga era una excusa para darle una revisión al Estados Unidos post 9/11, un país atontado por los ataques y quizás demasiado obsesionado por borrar sus cicatrices.

Sin equivocarnos podemos decir que en sus primeras 3 temporadas la serie rozó la perfección pero después, y quizás por el esfuerzo de entregar capítulos tan perfectos, poco a poco se fue transformando en una serie improbable y aburrida. Por eso, poca fe generó el anunció que hizo su creador Ryan Murphy de que en vez de dar a los televidentes un respiro se lanzaba de lleno en pos de una nueva serie, que no sólo sería de tinte juvenil sino que también sería ¡un musical por capítulos! Tal cual. No pocos recordaron el fallido intento que hizo Hugh Jackman por revivir el género en la pantalla chica: el actor estrenó en 2008 Viva Laughlin, una producción de misterio que a la vez era musical y que apenas duró 3 capítulos.

Pese a ese antecedente, Murphy se tenía fe con su nueva apuesta, llamada Glee, que básicamente trata de los esfuerzos del profesor Will Schuester (un buen tipo, casado con una bruja) por recuperar la única cosa que lo hizo realizarse como persona: el coro del colegio. El problema es que el material humano del que dispone es un tanto limitado.

Will, sin embargo, parece ser el único al que no le importa (o no se da cuenta) y pone a sus alumnos a cantar canciones que van desde Journey hasta Beyonce pasando por Queen y Kanye West. Y si bien cada capítulo está cargado de música, lo cierto es que más que cerrar la historia a un género específico (en este caso, el musical) logran potenciar el carácter de comedia del guión. Mención aparte merece Jane Lynch como la profesora de gimnasia de colegio, el único estamento que ha logrado que el colegio destaque en algo, razón por la cual tiene capturados los fondos del colegio y odia con el alma al coro. No sólo eso, sino que gasta gran parte de sus energías en intentar destruirlo (vía conspiración, chantaje, robo… etc.), un esfuerzo que es casi tan atractivo como los musicales que trae cada capítulo.

Glee fue la serie que arrancó más fuerte esta temporada y está cosechando premios y espectadores a manos llenas. Ya se habla de películas, videojuegos y hasta spin off. Habrá que ver. Mientras tanto, disfrute: el show está por empezar.

Canal Fox, jueves 22:00. Desde el 5 de noviembre.

 

 

La música es todo

Tres musicales que hay que ver si o si.


West Side Story. Algo así como la piedra Rosetta de los musicales. Natalie Wood se luce como la mujer que desata el drama inter bandas en el Nueva York de la década de los cincuenta (que no es otra cosa que una relectura en clave pop de Romeo y Julieta).

Annie. La pelirroja huerfanita que marcó nuestra infancia siempre es un buen lugar donde volver. Ingenua y honesta, esta película todavía es capaz de emocionar hasta a los más duros.

Calles de fuego.
La vendían como “la primera fábula del rock”. En realidad trataba de un ex militar que volvía a su pueblo para descansar y terminaba en un viaje bastante violento buscando a su ex, secuestrada desde el escenario. Camp, pero honesta.

Comenta este artículo

Nombre
:
Email
:
URL
:
  (Opcional)
Código Verificación Capital.cl

Comentarios

0 Comentarios

 
IAB ChileCertifica.com