BBC One tomó a Sherlock Holmes, lo situó en el 2010 y lo llevó a niveles insospechados. ¿Por qué no tomar nota y hacer algo parecido con nuestros personajes e historias? Por Federico Willoughby Olivos.
Hace un par de semanas tuve la oportunidad de ver el primer capítulo del remake sobre el personaje de Sherlock Holmes que hizo el canal inglés BBC One. Decir brillante sería poco y su mayor mérito (no el único) está en que la serie sitúa al particular detective en el Londres de hoy. Así, el primer capítulo parte con Watson, un doctor militar que acaba de terminar su tour por Afganistán, que apenas puede caminar y que está a un tris de volverse loco por las pesadillas que sufre, producto de lo que vio en combate. No tiene trabajo y su escuálida pensión no le permite vivir en un lugar decente, por lo que un ex camarada de la milicia le presenta a un “asesor de la policía” de nombre Sherlock Holmes para que, juntos, arrienden un lugar. Odio inmediato. Sucede que Holmes modelo 2010 es un sociópata compulsivo (definido por él mismo), egocéntrico, brillante y que humilla a quien se le cruza con su capacidad de “deducir” la hoja de vida de alguien con sólo mirarlo un par de segundos. Sin ir mucho más allá en la trama (siempre está la posibilidad de que algún canal se apiade y la traiga por estos lares), Holmes y Watson terminan arrendando juntos un conveniente departamento en el 221B de Baker Street (dirección del personaje en la obra narrativa) y entonces empiezan sus aventuras.
Ahora, el punto no es tanto la habilidad de los ingleses para hacer televisión de calidad, sino la forma en que se plantean el desafío de agarrar uno de sus mitos literarios más potentes y sacar adelante un producto digno, inteligente, provocador, que más que dañar la materia prima agrega materiales que enriquecen el original. Al respecto, en el año del bicentenario tenemos dos ejemplos cercanos de adaptaciones televisivas de personajes icónicos: Manuel Rodríguez y Martín Rivas. Y si bien ambas producciones han estado a la altura en cuanto a los actores, vestuarios, producción, etc., lo cierto es que ninguna de las dos va a ser un producto que se vaya a recordar.
¿La razón? Terminaron convertidas en excelentes maquetas de una época o de un libro pero no demuestran grandes dosis de creatividad ni audacia (que es lo que finalmente premia el espectador). ¿Se imaginan un Martín Rivas en el Santiago de hoy? Un tipo del sur que viene a estudiar a un colegio privado, se hace amigo de algún compañero de clase acomodada y termina liderando la revolución pingüina o un Manuel Rodríguez que, en vez de pelear contra españoles, se infiltra en el under de Santiago para descubrir quién está detrás de los grupos anarquistas…. En fin, las posibilidades son infinitas: los Pincheira como un grupo de modernos eco terroristas que le hace la guerra a las represas; un joven Diego Portales que lucha por modernizar un Estado poco eficiente; Papelucho como un joven emo que deambula por Providencia y Bellavista, hay que solo pensar y apuntar alto: seguro que sale algo bueno.
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Alguien te mira
El verano en el hemisferio norte no sólo trajo a Sherlock. También, y dentro de lo más destacado del año, está Rubicon, de la cadena AMC (la misma que se luce cada temporada con Mad men) y es básicamente una serie sobre conspiraciones, gobiernos corruptos y la posibilidad de encontrar mensajes escritos hasta en las servilletas. Con sólo dos capítulos transmitidos en EE UU, ha sido capaz de presentarse como una historia sólida en la que nada es lo que parece y en la cual los guionistas se toman tiempo para crear un ambiente en que siempre está algo por pasar…. pero no sucede…. o no parece suceder, como en una buena conspiración. Lo mejor hasta ahora. |
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